¿Puede repetirme la respuesta?
«La víscera más sensible del ser humano es el bolsillo». (Perón)
El miércoles quedó demostrada la temeraria valentía del tronante senador don Luis Alberto Heber. ¡Felicitaciones! Todos esperábamos, en primer lugar él, la paliza que iba recibir.
Pero en aras del perfil que requiere, Heber está dispuesto a cualquier cosa. En ese sentido, aunque aporreado, ganó en la interna herrerista y en la blanca. Muy brava la va a tener Larrañaga en 2009 ante tanta guapeza.
Esa fue, realmente, la cosecha que buscó y obtuvo gracias a la gauchada de Astori.
Pegáme pidió.
No te hagas problema.
Al decir de Dardo Ortiz, esa fue su engañifa.
Mereció, al final de su primer discurso, aparatosos e histriónicos saludos para la televisión de los otros diez senadores blancos. Telecataplum.
Pero Heber siempre olvida cosas. Dijo que en noviembre de 1999 lo que más discutió el país fue el impuesto a la renta…
¡No!: lo más discutido fue a quién iban a votar los blancos. Y lo más recordado, por sus nefastas consecuencias para el país (y para los blancos) es que votaron, terminando el siglo XX, a un Batlle. Y luego cogobernaron disciplinadamente al servicio de Bensión. Histórica engañifa.
El resto del discurso de Heber estaba adivinado; pero cuando los blancos se equivocan no conviene interrumpirlos.
Dio la impresión de que la oposición lo que no quiere es pagar. Que los movía y motivaba la «víscera sensible» pero no es así: Heber paga el IRPF sin ningún problema. Es joven y generoso. El problema son sus malas juntas: Ignacio de Posadas y Javier de Haedo le atormentan la cabeza. Le hacen más daño que el que le haría la pasta base. No los debería fumar. Si sigue inhalándolos se nos echa a perder una promesa.
Pero el miércoles pasará a la historia del mundo por un fenómeno fantástico acaecido en el Senado de Uruguay: la repentina desaparición de la derecha.
Todos, léase bien: todos, hasta Isaac Alfie y Gustavo Penadés, se pasaron de sopetón, con armas y bagajes, a la izquierda radical en maravillosa, alucinante, y espectacular metamorfosis. Tercera engañifa.
Incluso no están en el Frente Amplio: andan por la Federación Anarquista, los aledaños del Partido de los Trabajadores, los suburbios del Movimiento Revolucionario Oriental, merodean con las caras tapadas los andurriales de Barrikada.
Ahora queman cubiertas y rompen vidrios…
Como en el conocido mural del 1º de Mayo avanzan decididos, codo a codo entre banderas rojas, con Juan Castillo, Antonio Elías, la Red de Economistas de Izquierda, el PIT-CNT, Fucvam, Brecha… Así lo confesaron el miércoles en forma estentórea y sostenida. Se plegaron desenfrenadamente a la campaña electoral contra la candidatura de Astori. Van a ir al Congreso como Delegados de Base.
Esa maravilla de la naturaleza solo había podido verse, hasta ahora, en las elecciones presidenciales de Brasil: todos los candidatos eran de izquierda.
Larrañaga, como siempre, un poema: lo principal de su crítica es que Astori no embocó (con las metas, con la inflación…).
Jorge ofrece pronunciadas deformaciones turfísticas y confunde Economía con Maroñas.
Y claro, allí el que no emboca no sabe. Y además pierde. Es la pura verdad. Astori trató de explicárselo sin éxito. Toda una vida entre matungos, Master y Philosophal Doctor en potros y potrancas, ¿le van a venir con un «Power Point»? ¡Por favor! Tiene razón Larrañaga.
Pero lo sublime fue cuando anticipando nefastos resultados de la Reforma Fiscal (la relojeó en los aprontes), se jugó todos los boletos por adelantado (compró a futuro), dejando constancia de ello en la versión taquigráfica, a que Astori, por eso, no será ministro en julio del año que viene.
Esa fue la cuarta engañifa; grande como el Palacio Legislativo, sus boletos devolverán la plata. Todo el mundo sabe, hasta Manuelita, que Astori será candidato y que a la altura de ese mes, más o menos, dejará el Ministerio para dedicarse a ese otro menester público y notorio que Larrañaga descubrió no sin encomiable esfuerzo. Cree inocentemente que es el único en saberlo.
Ya lo había dicho José Mujica: «La economía es una protociencia». Isaac Alfie, munido de un temible «Power Point» que trajo en ristre al igual que Astori, demostró que la economía es una superstición. Como ciencia quedó destartalada. Alfie, sin darse cuenta, la derogó. Derrumbando gran parte de la Universidad (¡diez mil estudiantes de Ciencias Económicas!), sus docentes (entre los que revista Alfie), investigadores, estudiantes y egresados, fueron travestidos de profesionales universitarios a hechiceros. No deberán pagar IRPF.
Confirmó que «un contador puede demostrar que dos más dos son cinco si así lo pide el cliente». Esa fue la quinta engañifa.
Pero ahora con el «Power Point» la cosa agrava: trabaja a máquina. Industrializa pócimas a la velocidad de la luz. Tiene pantalla gigante. Deriva inconteniblemente hacia Hollywood. Cine de ciencia ficción que puede ser de terror.
Como en las matinés del Plus Ultra, el miércoles tuvimos «continuado» (y no es la primera vez): dieron seis de Tarzán. Anduvimos buscando el caramelero…Volvimos a la infancia.
La próxima vez hay que cobrar entrada y tener ujier acomodador con linterna y todo. Genera puestos de trabajo.
Es más, durante tan larga sesión pudimos observar que cuando van al baño dejan el «notebook» sobre sus pupitres y pensamos que ello podría facilitar el trabajo y hasta evitar la necesidad de concurrir al Parlamento: cada legislador o legisladora (en su caso ministro o ministra) tendría el suyo en el pupitre. Eternamente. Conectados a Internet. En Sala no habría nada ni nadie. Fantasmagórica, tenebrosa, iluminada apenas por el lívido resplandor movedizo de las pantallas.
Esta idea luctuosa y funeral generaría muchísima desocupación.
De algún modo ya se aplica: el quórum de la sesión del miércoles fue sostenido por la bancada del Frente Amplio. Varias veces, si nos hubiéramos ido, terminaba la interpelación solicitada por los blancos y apoyada por los colorados que, vaya coherencia, se fueron. Alfie se tomó los vientos después de la película. Incluso se llevó el Power Point dejándonos totalmente desamparados.
¿La razón?: había terminado el horario para salir en los informativos. Principal causa real de la jornada.
Trabajan para la televisión. Como Tinelli. En horario preferente. Esa fue la sexta engañifa.
No será de extrañar que en poco tiempo los senadores de la oposición luzcan nutridos y variados logos publicitarios de Bujías Champion, Marlboro, Gitanes, Petrobrás, Renault… Y ahora, con el IRPF, más.
Porque la respuesta de Astori, su discurso contestando al inicial de Heber, fue tan aplastante, ilevantable y riguroso, que no había margen para seguir hablando. La interpelación terminó en ese momento. Lo demás fue hacer tiempo para llegar a los informativos de la noche. Como dice Kesman: lambada. Franeleo que no concreta nada.
Además, ¿qué sentido tenía interpelar al ministro por ese tema a sesenta días de iniciado y a treinta de su primera facturación?
Astori repitió la respuesta dada muchas veces en el Parlamento. Incluso en la interpelación con paliza que sufriera Iván Posada en la otra Cámara cuando ni tan siquiera había sido votada la Reforma.
«¿Me puede repetir la respuesta?» fue lo que Heber preguntó realmente.
Se trató de precoces interpelaciones. De ayer. Sin datos en la mano salvo brujerías y adivinanzas. Un circo.
Anotarse para hablar apoyando a Astori era inmisericorde. Violaba los Derechos Humanos. Negaba la clemencia que pedían a gritos retirándose de Sala. Nos invitaban a dejar sin quórum la sesión. Tiraron la toalla para salvar del CTI al valiente pugilista descalabrado que, en estado de coma, seguía de pie.
Recomiendo a la militancia y a la ciudadanía la lectura (está dispon
ible en la página Web del Poder Legislativo) del primer discurso del senador Heber y de la respuesta del ministro Astori. Es muy fuerte. Alevoso. ¡Y hay que ver lo que «informó» la «prensa»! Que nadie alegue no tener información. Esa es la última engañifa. Que nadie se llame a engaño ni permita que lo engañen. *
(*) Senador de la República. Escritor.
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