Escrito por: Luis Grene
Perteneció a la más pura estirpe de los artistas callejeros. Esos que día a día laburan para morfar a duras penas. El abolengo de Roberto Bianco, nombre real del popular Fosforito, llega hasta el más antiguo Montevideo. Fue un digno descendiente de aquellos cantores de la calle y boliches que por el año 1930 les decían “los gardelitos”.
Muchachos que se vestían como su admirado Carlos Gardel y cantaban la mayoría de las veces “a capela” los tangos mas conocidos. En un platito juntaban los vintenes gracias a los cuales vivían. De ellos desciende Fosforito como también de aquel recitador que de gastado traje oscuro y con una corbata de moñita andaba por la calle Ituzaingó.
Entre las mesas de El Brasilero al mediodía o en los bares de camareras de Juan Carlos Gómez de noche, por esos ambientes recitaba sus versos y luego pasaba un platito. Poemas de Amado Nervo y Bécquer por toda la Ciudad Vieja a cargo de ese hombre al que se conocía únicamente como “el recitador”. Gardelitos y recitadores, de ellos viene el linaje del gran Fosforito, luchadores, bohemios y proletarios.
Le metían pechera a la vida y el mango para comer nunca faltaba. Roberto Bianco tuvo su patria natal en el querido barrio Sur. Vivió en la calle Isla de Flores, tan mentada por los letristas callejeros.
Por esos empedrados, los vecinos lo veían salir vestido como su admirado Chaplín, hacia el centro de la ciudad a pelearle cara a cara a la vida. Los morenos de motas muy blancas, aun lo llamaban “el langosta”, ese era su seudónimo de pibe porque según esos vecinos de muy purrete, Roberto Bianco bailaba dando elásticos saltos.
Comenzó haciendo fonomímica o imitaciones musicales mientas sonaba la radio de los boliches de la calle Ejido. Después empezó a ir al biógrafo Atenas y ahí descubrió a Chaplín que lo deslumbró.
Se mandó hacer un traje y sombrero de bombín como su cómico favorito. Con un bastón que le regalaron laburó de “hombre sandwich”, un cartel adelante y otro atrás haciendo propaganda de una firma comercial.
Con grandes zapatones y bamboléandose como Chaplín caminaba por “18″ y se paraba largo tiempo frente a las vidrieras del London-París.
También por la Semana Santa recorría las domas del Dalton y la Rural donde subido a un burrito recibía el cariño de un público que lo amaba. Su pasión por tocar las castañuelas de hueso fue otra de sus virtudes.
Una vez había llegado a laburar como “hombre sandwich” a Punta del Este y caminando por la Plaza de la OSE tocaba sus castañuelas. Lo vio el baterista de Fito Páez que esa noche se presentaba en la península. Y Fosforito, al rato, acompañaba con sus rítmicos huesitos al talentoso Fito que tocaba en un boliche del puerto de Punta del Este.
También un grupo de rock inglés lo invitó a que los acompañara en su actuación. Ya muy veterano, se lo veía por la calle Paysandú esquina Mercedes pues le hacía propaganda a un cambio de lotería de la zona. Mientras pudo nunca faltó de su querida Feria de los Domingos y los esquineros boliches de Mercedes y Tristán Narvaja donde tenía legiones de amigos.
Los sábados del Mercado del Puerto lo tuvieron entre sus personajes más emblemáticos.
Ahora, Fosforito vive en la memoria popular de Montevideo. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
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