De la parada del ómnibus a la bicicleta
Ocho largos meses pasaron entre aquellas cálidas mañanas en los ómnibus y las últimas auroras invernales en bicicleta, de espesa niebla y llovizna helada; madrugadas frías trayendo gente de la «garufa», espiando parejas de enamorados en las esquinas solitarias o escuchando el rechinar de los fierros en el armado de la feria.
De mi paso por LA REPUBLICA como vendedor independiente, surgieron muchas historias y anécdotas que quedaron esperando turno en pacientes borradores; «ya llovió», como bien dicen los españoles. El espacio lo han ganado otros más recientes momentos, encontrados y capturados en calles y caminos que hoy me llevan directo a la casa, al comercio o al lugar de trabajo de más de una veintena de suscriptores del diario.
Por estos lugares, algunos ya conocidos y otros nunca recorridos, anda la misma gente todos los días, y los mismos perros que me corretean protagonizando situaciones que bien valen la tinta y el papel que las define y las contiene, dentro de este nuevo rumbo llamado Zona 11 que me convoca y me invita diariamente al encuentro de las musas. *
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