Las operaciones que provocaron el "milagro"
Entre quienes llegaron al Aeropuerto Internacional de Carrasco a la medianoche del pasado lunes, se encontraban 42 personas oriundas del departamento de Artigas. El resto vive en otros puntos de Uruguay, fundamentalmente Montevideo, Colonia y Canelones. La mayoría de los viajantes fue intervenida de cataratas, aunque también hubo varios casos de tosis (caída del párpado) y pterigio (carnosidad sobre la conjuntiva que impide la visión).
A partir de octubre el Centro Oftalmológico que funcionará en el Hospital Saint Bois gracias a un convenio de cooperación mutua entre Uruguay y Cuba, atenderá este tipo de casos.
Allí se atenderán todas las patologías de la visión y se abordarán casos que van desde una simple receta de lentes hasta intervenciones de alta complejidad. En el centro participarán técnicos del MSP, los que contarán con la ayuda de profesionales cubanos.
Volvió a ver y le enseñó candombe a los cubanos
Sin lugar a dudas el caso más emblemático de este grupo fue el de Luis Santos, de 75 años, oriundo de Cerro Largo y actualmente residente en la zona rural canaria, cerca de Las Piedras. Don Luis, como le dicen sus compañeros de viaje, es el mayor de los pacientes de este grupo. Era un «caso perdido», ya que debido a la gravedad de sus cataratas y a la falta de tratamientos había dejado de ver hace varios años. Pero ahora, gracias a la intervención que se le realizó en Cuba, se transformó en el «abuelito más alegre del mundo», según él mismo se presentó a LA REPUBLICA.
«Veo casi como cuando era joven, y con tratamiento podré ver como cuando tenía 15 años. Además podré volver a hacer algunas cositas, ya que la pensión no me alcanza para mucho. También me buscaré alguna vecina para que me acompañe, porque quedé viudo hace poco», contó don Luis. Otro aspecto anecdótico de este arachán es que le enseñó a varias enfermeras cubanas a bailar candombe. Incluso aseguró entre risas que algunas de ellas querían venirse a Uruguay con él.
Casi tres meses en la isla, pero valió la pena
Uno de los casos más emotivos es el de Mariana Viazzo, una pequeña habitante del departamento de Canelones, próximo a la localidad de Toledo. La pequeña, de tan sólo 22 meses de vida, fue una de los pacientes que más tiempo estuvo en la isla debido a algunas complicaciones de salud que sufrió ante el cambio de clima. Su madre, Delia Fernández, narró a LA REPUBLICA esos momentos difíciles, que se saldaron con la recuperación total de la visión de la niña. «Viajamos el 30 de mayo y recién pudimos regresar hoy (lunes 20 de agosto), pero valió la pena. Las cataratas congénitas laterales que tenía se solucionaron y ahora es sólo seguir el tratamiento para que quede totalmente bien», destacó la joven, que agregó que la atención «fue excelente». «No tengo palabras para agradecerle a todos lo que hicieron por mi hija», dijo emocionada.
También regresaron junto a los 77 compatriotas cuatro de los cuales eran niños dos de las funcionarias del Mides que coordinaron el grupo en Cuba. Ivonne Sellanes y Alix Deluca contaron a LA REPUBLICA parte de lo que vivieron en la tierra de Fidel. Ambas coincidieron en que la experiencia de trabajo fue «muy buena, muy fuerte, muy gratificante», y expresaron que había sido «un privilegio» haber participado de ella». Además, destacaron la organización que existe entre los cubanos que participan del «acto de solidaridad» con América Latina que es la Operación Milagro. *
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