Escrito por: Antonio Pippo
Isaac Asimov, el mayor divulgador científico del siglo XX, dejó escrito esto: “En algún lugar del infinito mar de la Nada que recuerda en cierto modo el infinito mar del Caos que los griegos imaginaban como punto de partida puede que exista un infinito número de Universos de todos los tamaños, comenzando y terminando”. Y agrego algo que Huxley les dijo a unos universitarios norteamericanos en 1959: “Creo que si limpiásemos las puertas de la percepción, todo se vería como es: infinito”.
En realidad, y contrariamente a lo que se suele pensar, la ciencia y la tecnología recién están iniciando el extraordinario y largo camino hacia los descubrimientos; basta relacionarlas a un tiempo cósmico, no de historia humana. Sin embargo, no hay que demorar en darles la mano e ir con ellas, si se quiere compartir una aventura que, ocurriendo siempre hoy, puede prefigurar un futuro que también será, alguna vez, presente.
¿Quiénes deben ser los primeros? Los niños, que han sido bendecidos por el orden natural con la mayor de las capacidades perceptivas.
Uruguay ha decidido que la enseñanza escolar vaya en esa dirección y, entre varias ideas que se están amasando, me interesa resaltar el proyecto del Museo de Ciencia y Tecnología. Como bien ha dicho el diputado Pablo Alvarez desde su inteligente juventud será algo innovador que exhibirá lo que se viene, estará en permanente transformación y buscará que su aporte llegue a todos.
Desafortunadamente, ya se ha dicho que falta un sitio para su construcción y fondos para su funcionamiento. Una canción que ya hemos oído.
¡Vamos! Sin apelar a falsas oposiciones, ni introducir perversamente los espasmos y las turbiedades del equilibrio fiscal, es necesario saber dónde están las prioridades.
Parafraseando a Russell, yo diría que, a diferencia de los economistas, la gente como Alvarez, analista empírico, es capaz de resolver problemas de a uno, sin inventar una teoría global del universo para decir “no”. *
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