La ciudad y el molino: una historia compartida
Instalado en las afueras de la localidad de Santa Rosa, en una zona rural del departamento de Canelones, a 53 kilómetros de Montevideo, el Molino Santa Rosa fue fundado en 1925 y llegó a ser, hacia fines de la década del 50, una de las principales plantas productoras de harina de Uruguay. Pero, con el transcurso de los años, ese privilegio se fue perdiendo a causa de la tecnificación de la competencia. El decaimiento de la empresa se acentuó hasta que el 31 de mayo de 1987 cerró la empresa propietaria, Molino y Fideerías del Este. Casi un año y medio después se hizo cargo de la planta la Corporación Nacional para el Desarrollo, un ente estatal que subsidiaba a emprendimientos en problemas. Sesenta empleados fueron reabsorbidos, aunque debieron sacrificar su antigüedad, entre otros derechos laborales. El Estado gestionó la fábrica durante cinco años, hasta que finalmente la remató. La compró Saltram SA, cuya administración de acuerdo a lo expresado por los trabajadores fue la peor de la historia; acabó con un endeudamiento de cinco millones de dólares que la llevó a la quiebra en 1988.
Santa Rosa es una pequeña ciudad de casi 3 mil habitantes. Históricamente su actividad económica giró en torno al molino. Sin embargo, la planta nunca había abierto sus puertas para los vecinos. Como parte de la campaña, hoy la cooperativa cambió la estrategia y hasta los escolares visitan sus instalaciones. *
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