Tiene la palabra
Una crítica a ciertos empleados del Correo
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Una vez más solicito a usted dé cabida a otro «comentario-denuncia», sumándose a los muchos que nuestro diario tan generosamente ha acogido. Gracias por ello.
«Cuando se inauguró el Shopping Center Montevideo, el Correo inauguró una sucursal en un lugar estratégico: junto a la entrada de acceso al mismo.
Fue clara la gran afluencia de clientes que concurríamos a depositar la correspondencia y a abonar diversos recibos de empresas públicas y privadas.
Años después nos sorprendimos al ver que permitieron que aquel lugar privilegiado fuera trasladado a muchos metros de dicha entrada, siendo ocupado ese lugar por una empresa privada que cobra tarifas públicas, lucrando con ello y despojando al fisco de un dinero que debería ser ganado para el Estado.
Me cuesta creer que hubo un coimero que vendió «el rico patrimonio de los orientales» (no sería el primero… pero…)
Luego, y durante muchos meses, al Correo lo trasladaron a una jaula, en el lugar más alejado y menos visible de todo el Shopping, en el estacionamiento que da a la calle Galarza. Está claro que no sería precisamente para beneficiarlo… porque ¡oh, casualidad!, otros comercios (ferretería, etcétera) fueron ubicados en la amplia zona de estacionamiento de autos. ¡Qué casualidad! no había un pequeño lugar para nuestro Correo…
Ultimamente han vuelto a poner el Correo cerca de donde estuvo, pero en un localito que apenas se sabe para qué está, pues ni han puesto todavía un cartel que lo anuncie.
Hay en esa oficina empleados solícitos y responsables, de «los que llevan puesta la camiseta». Pero otros…
«-Lo siento, pero no tengo cambio; ¿por qué no va a pagar el recibo en…» (aquí el nombre de la competencia).
«-Ah! ¿estaba esperando?; está cerrado porque hoy estoy sola y tuve que ir a merendar…»
Afortunadamente, la mayoría de los empleados son honestos y responsables.
ADRIANO – C.I. 560.304-3
No más maltrato a los animales
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* De mi consideración:
Como tantos otros lectores de LA REPUBLICA, solicito a usted quiera disponer la publicación, no ya de esta carta sino de su parte esencial, pues comprendo cuán valioso es el espacio de un periódico.
Quiero referirme a una información que ustedes publicaron a fines de mayo último, que produjo gran alegría, no sólo a mí, sino a mis familiares, amigos y muchos conocidos.
Se trata de una iniciativa del edil señor Mario Calandra, quien propuso que no se permitiera actuar aquí a circos que trajesen animales entre sus números.
El proponente, demostrando que conoce muy bien el tema, explicitó la gravedad y la crueldad del maltrato a que no son sometidos los animales, para aprender las «gracias» y «habilidades» que luego se les hará mostrar al público.
Habla de lo inaceptable de los «entrenamientos», con duros castigos físicos, habla de «picana»… Y, agrego yo, también castigos emocionales, ya que viven en un estado de terror, temiendo la aplicación de la «picana» y de otros medios igualmente tremendos.
La propuesta se refiere también a las pésimas condiciones en que viven los animales en los circos (higiene, cuidados, etcétera).
El señor Calandra considera inaceptable -yo agrego: «vergonzoso, humillante y perverso»- que los niños luego se diviertan con esas «gracias» que los animales alcanzan a fuerza de golpes y torturas.
Creo, como él, que eso no debe fomentarse. Hasta hoy -y tengo más de 80 años- nunca se había alzado una voz contra éste y otros casos de crueldad para con los animales. Aunque quizás resulte más increíble que no tengamos, como todo país civilizado, una ley que ponga fin a situaciones de esta índole y similares, y sanciones a quienes inflijan destratos, castigos, tormentos y abusos a cualquier animal.
Con un grupo numeroso de personas que comparten esta manera de pensar y sentir, hemos procurado acceder a algunos jerarcas que, por el área y nivel en que se desempeñan, podrían contribuir a impulsar la sanción de una ley en tal sentido. Lamentablemente no hemos logrado, en ningún caso, ni siquiera una entrevista.
Creo que todos los que comportan el sentir y las consideraciones que impulsaron al señor Calandra a formular esta iniciativa, que lo enaltece, deberán hacerse oír, sea a través de la siempre hospitalaria LA REPUBLICA o por otros medios. Creo que cuando alguien hace oír algo tan valioso, es importante hacer saber que se está de acuerdo y que se le apoya sinceramente. «Que una gota, con ser poco, con otras se hace aguacero».
Muchas gracias señor Calandra!
¡Muchas gracias señor Director!
Cordialmente
RAQUEL FERREIRA RAMOS – C.I. 452.573-7
PS. Me permito recomendar a usted y a todos en general la lectura de una novela de Jack London (autor muy leído justificadamente creo, en la primera mitad del siglo XX y principios de la segunda): «Miguel hermano de Jerry». Lo leí siendo todavía una niña y jamás pude olvidarlo. Creo que en aquellos tiempos aún no existía la «picana eléctrica» pero sí el látigo, los hierros calientes y/o puntiagudos y los alfileres para pinchar repetidamente las almohadillas de las patas delanteras de los perros, obligándolos a caminar sobre sus patas traseras, ya que el dolor les impedía apoyar las de adelante.
PS. 2 – Espero que alguien proponga algo para que nuestro Zoológico Municipal no siga siendo una vergüenza, con esas pequeñas jaulas que encierran a las ex fieras, con sus pisos de material y la «vida» que se puede tener allí sin aire, sin sol, sin cielo, sin ríos, sin árboles…
Ese es otro tipo de crueldad hacia los animales. E innecesaria, puesto que ese modo de que los niños conozcan la fauna de su país y de otros ya no tiene sentido.
Los videos y películas muestran con admirable realidad a los animales en su hábitab, libres, desarrollando su vida normal en la naturaleza, llenos de movimiento y relacionándose con sus congéneres u otros habitantes del área. No es lo mismo que ver a los pobres prisioneros del zoo, tumbados en el portland de sus reducidas jaulas, agobiados por el aburrimiento y la tristeza. No agrego «nostalgia» porque creo que ya ni la sienten.
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