Escrito por: RAFAEL MICHELINI (*)
UNO. Caras es una revista internacional editada en muchos países. Una de las de mayor éxito entre aquellas que se dedican a difundir la “vida social” de los “ricos y famosos”. Ese es el contenido que propone en sus páginas, con exhaustivos detalles de los aspectos más glamorosos de la vida de la farándula. No es posible encontrar allí notas ilustrativas de otros aspectos de la vida en sociedad, carentes de sofisticación y finezas, tales como la pobreza, la indigencia o la marginación, salvo en aquellos casos en que, con glamour, algunos de los protagonistas de más frecuente aparición, realizan donaciones o financian proyectos de asistencia a damnificados por distintas desgracias.
Muy lejos de aquellos, nuestra sensibilidad es otra. Hemos dedicado nuestro esfuerzo y buena parte de nuestras vidas, a reivindicar los derechos de los más débiles, de los excluidos. Y a defender especialmente los derechos de los que no pueden alzar su voz, los que no protestan, no se manifiestan ni hacen huelga, aquellos que además no votan, no pueden hacerlo, porque son niños. Esa es nuestra lucha: a favor de los niños. A más de uno, de los que me conocen, no les va sorprender que hable de las nuevas generaciones, de los más jóvenes o que afirme como objetivo de nuestros propósitos o como cierre final de una frase: “es por los gurises”.
DOS. Una noche, a mediados de 2002, en plena hecatombe económica del país, salía de un seminario, junto al economista Fernando “Ñato” Lorenzo. Mientras caminábamos, nos pusimos a hablar del futuro. Imagínense que, en ese momento, al ex ministro Bensión lo habían destituido, apenas unas semanas atrás, había dejado un caos, y hablar del futuro era casi una osadía, un ejercicio de ciencia ficción. Construir un país política y económicamente distinto era nuestro desafío y exigía acciones políticas audaces para poder alcanzarlos. La unidad de toda la izquierda primero, para luego ganar la elección, eran pasos imprescindibles para ello. Pero el caos económico generado por el gobierno colorado era tal, que le expresé a Fernando mis angustias y la dificultad que veía, para una recuperación económica en plazos políticamente aceptables.
El Ñato Lorenzo, para mi sorpresa en medio de semejante tembladeral económico, se mostró seguro y optimista. Recuerdo que me dijo: “Si ordenamos un poco las cuentas, le cambiamos el perfil a la deuda y crecemos a un 4% al año, salimos. No tengas dudas y en 10 años, el país es otro”. Luego agregó: “Pero para crecer económicamente, la izquierda tiene que ganar la elección en primera vuelta y tener mayoría parlamentaria. Es condición necesaria, para generar una ola de confianza inmensa como nunca el país tuvo hasta ahora”. Hizo una pausa y sentenció: “Los poquitos pesos que sobren de superávit, hay que invertirlos en los gurises que están en pobreza extrema, lo demás es lo de menos”.
Treinta meses después, en enero de 2005, El Frente ya había ganado las elecciones en primera vuelta y aunque todavía no había asumido el Ejecutivo, lo haría el 1° de marzo de ese año, me llamó para comentarme que había estado, como representante del futuro gobierno, con los integrantes de los organismos internacionales de crédito. Obvio, estos ya planteaban condiciones con respecto al programa económico del gobierno de izquierda. Mas obvio aún, querían medirnos el aceite, para averiguar cuál era nuestro grado de convicción y de competencia, en el manejo de la cosa pública. Desde el comienzo de la reunión, Fernando les comunicó: “Nuestro plan de emergencia no forma parte de esta negociación, es una decisión tomada por el gobierno de izquierda, solo resta saber, si se hará con financiación externa o interna”. Nadie, a ciencia cierta, sabía qué plata había en caja, nadie sabía con qué nos íbamos a encontrar. Pero recordé aquella noche de 2002, la charla que tuvimos y el compromiso que asumimos “por los niños más pobres”.
TRES. Los dirigentes del MLN no tenían razón cuando en los años 70 nos decían que la lucha armada era el único camino para superar la pobreza, revertir las desigualdades y mejorar la situación de nuestros niños. Es más, creo que la historia ha demostrado con nitidez que la vía armada no sólo no era el único camino, simplemente no era un camino.
Los hechos pusieron de manifiesto, que por esa vía no se solucionaba ninguna desigualdad y que, en todo caso, los pobres seguían igual o peor que antes. Nadie discute la profundidad del compromiso, la entrega y el altruismo, de quienes pelearon por un mundo mejor para los más humildes. Ni disminuye, en grado alguno, nuestro reconocimiento a la justicia de los objetivos. Solo decimos, que el camino elegido fue, a la postre, claramente equivocado.
Sí tenía razón Seregni, que encabezó el camino democrático de la izquierda. Tenían razón Arismendi, Terra, Cardoso y otros que apostaron decididamente por el camino institucional y electoral, aunque existían importantes diferencias entre ellos. Y por supuesto, tenía razón Zelmar, que fue el primero y el más entusiasta en impulsar la unidad política de la izquierda. Primero, ideó el Frente del Pueblo con Terra y luego, ambos con Arismendi, acordaron y crearon el Frente Amplio. Seregni fue la frutilla de la torta, un lujo para la izquierda y el Uruguay. Todos ellos, sumaron fuerzas con las mismas finalidades: superar la pobreza, combatir las desigualdades, atender nuestros gurises y construir un país más libre. Y acertaron. La vía democrática y electoral era y es el camino posible.
La desigualdad sólo se revierte cuando los ciudadanos son sujetos de derecho. El primero de todos ellos es el derecho a la vida. Por eso cuando a los “tupas” los militares los estaban masacrando sin piedad, Zelmar fue el que más se jugó por ellos. No hay igualdad sin derechos, sin derechos humanos, sin respeto a la vida. Y los derechos solo se construyen y preservan por el camino democrático y electoral. No hay atajos, ni saltos, ni asaltos, todo se construye, con visión de proceso, de acumulación, de avance gradual y sistemático, teniendo como objetivos la igualdad y la libertad. Solo así, los niños y especialmente los niños en situación de pobreza, nuestra obsesión, mejorarán su condición.
CUATRO. Los jubilados tendrán que entender, y también mi amigo Elías Yafalián, uno de sus máximos defensores, que el Estado tiene que apostar mucho más recursos para la niñez. Son ellos nuestra prioridad y lo digo a viva voz. Los niños son nuestro tesoro como en cualquier familia. La sociedad tiene la obligación de velar por ellos. No hay nada más importante en la vida que construir un futuro próspero para las nuevas generaciones, con igualdad de oportunidades para todos. Esa es nuestra lucha, la más importante de todas. Lamentablemente los niveles de pobreza, y de pobreza extrema en nuestro país, aunque en retroceso, se manifiestan con mayor crudeza en la franja etaria que comprende a los más jóvenes. Es allí donde debemos aplicar nuestros recursos y donde estamos ubicando nuestra prioridad social. No puede sorprender, entonces, el compromiso de nuestro gobierno con el plan de atención bucal para niños y adolescentes en situación de pobreza, así como nuestro proyecto de adjudicar una computadora a cada escolar, en el denominado plan Ceibal. Por eso, hemos impulsado con gran esfuerzo, el plan de emergencia que asiste directamente a las familias más carenciadas y por ende, a los niños que más lo necesitan. El desarrollo de la tarjeta magnética de nuestro plan alimentario, que permite subsidiar el acceso de las familias más pobres a los productos alimenticios más necesarios. Por eso, la infancia y la adolescencia han sido el centro de nuestra asignación presupuestal en esta nueva Rendición de Cuentas. Es más, los recursos para la educación, los montos adjudicados al plan Ceibal, los millones de pesos para cubrir la cobertura mutual de más de 300 mil niños y los dineros que reforzarán
las asignaciones familiares, dineros que van directamente a cada niño, son la prioridad de los nuevos recursos presupuestales.
Hace casi dos años y medio que estamos gobernando; yo creo que lo estamos haciendo muy bien. Legítimamente otros podrán sostener lo contrario, pero nadie puede discutir que los recursos para la infancia, para la niñez, para la minoridad en situación de pobreza, se han multiplicado y seguirán aumentando, como hace mucho tiempo que no ocurría en el país. Por eso pienso que estamos en el camino cierto y frente al esfuerzo, con mucho orgullo digo: “Es por los gurises”. *
(*) Senador de la República.
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