La columna amarilla

El silencio

Escrito por: Antonio Pippo

Sábado 21 de julio de 2007 | 2:58
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Se ha escrito mucho sobre el silencio. Que es oro, virtud e inteligencia y que ilumina el camino recto.

Hasta los borrachos ­algunos, al menos­ lo valoran. Como aquel que estaba con la cabeza apoyada en los brazos, sobre el mostrador, mientras su compañero, bendecido también por un pedo celeste, hablaba sin parar: “No es posible que le hagan eso al Cacho. Un hombre íntegro, el Cacho. No se lo merece, el Cacho. ¡Cómo van a tratar así al Cacho!”. Hasta que el otro, que amaba el silencio, sí, pero tenía las gónadas ardidas, le dice: “¡Me tenés podrido con el Cacho! ¿Por qué no te dejás de joder con el Cacho? ¿Quién mierda es el Cacho?”. El parlanchín, sorprendido, contesta: “¿Cómo quién? ¡Vos sos el Cacho!”. Y el que quería silencio hace, desde su exquisita ebriedad, un cierre sublime: “¡Es que hablás tanto que me confundís!”.

Es viejo, ya lo he contado, pero es bueno.

Viene al caso, respetuosa y metafóricamente, porque hay un hombre singular del gobierno a quien el silencio le está importando poco, aun cuando las circunstancias lo aconsejen como un acto virtuoso, prudente, pragmático.

Se trata del ministro Astori, cuya para mí inesperada propensión a la verborragia ante los micrófonos parece haber aumentado tanto como los riesgos que esa conducta supone en un secretario de Estado. Ahora ha causado, absolutamente al cohete, un entredicho con Venezuela, luego de calificar de “confrontativo” ­barbarismo mediante, además, pues debió decir “confrontador”­ al estilo de gobierno del presidente Chávez.

Está claro. No pasará nada dramático. Pero ¿qué aporte al mejoramiento de la relación entre ambos países, que existe y es estrecha, hizo Astori?

Tengo la duda de si a este hombre, que está conduciendo con mano firme, por ahora, la economía nacional, se le corrieron unos caramelos en el frasco y habló casi como un candidato.

Se sabe que quiere serlo, pero qué bueno si no deja que se entreveren los papeles en medio del primer acto de la obra. *

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