Ahora sí
Intuyo cercana la solución del conflicto con Argentina por Botnia. Me baso en cuatro hechos y la más pura lógica.
Primer hecho: Kirchner vociferó en Tucumán que «la lucha contra Botnia es una causa nacional». Fue durante las celebraciones del 9 de julio y entre los asistentes había un centenar de piqueteros entrerrianos. Es que no le queda otra que el arrebato cuchillero si quiere frenar el descenso de su popularidad, aunque a las elecciones haya empujado a su mujer, capaz de dar falta envido con veintidós.
Segundo hecho: la ministra de Economía, Felicia Miceli, fue denunciada por «presunto delito de destrucción de documento público y falsedad en la declaración jurada de bienes». Se supo entre otras cosas que en un baño de su despacho se hallaron decenas de miles de dólares en una bolsita.
Tercer hecho: la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti, fue denunciada por «supuestos contratos irregulares y gastos injustificados». Entre los funcionarios que nombró hay numerosos familiares, al margen de méritos y de la mismísima línea de consanguinidad.
Cuarto hecho: el diario más interesado en exponer estas denuncias ha sido el que representa a la corporación económica más importante de Argentina.
Lógica pura: Kirchner está jugando contra el tiempo. Su tinglado se está resquebrajando a pasos agigantados. Los episodios de Miceli y Picolotti astillaron la pregonada transparencia de una administración que ha sabido obtener silencios. ¿Y quién ha decidido quitarle el bastón cuando está a punto de cruzar una calle peligrosa? Justo esa corporación que lo había sostenido por intereses propios en el negocio de la madera y el papel, instándolo a todos los desbordes que generaron el absurdo conflicto con Uruguay.
Hay temblores en Argentina. Lo que ocurra en octubre poco importa. Está claro que a Uruguay que ha mantenido una diplomacia impecable le resta muy poco tiempo de sufrimiento.
Caramba, che. Al final, ¿Morales Solá tenía razón?
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