Condones
Dos buenas noticias en una misma información son un milagro a celebrar.
Los portadores de HIV y la cooperativa de producción PROA presentarán un proyecto para fabricar en Uruguay 50.000 preservativos y 10.000 guantes quirúrgicos diarios y de buena calidad. Será un genuino emprendimiento nacional, sometido a las más rigurosas normas vigentes, que dará trabajo también a unos treinta portadores de HIV. La idea está inscripta en el Plan de Equidad del Mides y espera el empuje final del Estado para hacerse realidad.
Uruguay importa preservativos de la India: hasta 1.5000.000 dólares anuales por un producto de calidad discutible. Invirtiendo sólo el diez por ciento de esa cifra esta fábrica ya estaría funcionando, con posibilidades de abastecer al mercado interno y hasta de exportar.
Es una idea plausible. No hay que dejarla pasar, ni abandonarla a su suerte. Tiene que ver con esos enunciados tan frecuentes de darle trabajo digno a la gente, de impulsar pequeñas empresas y de mejorar el circuito económico interno. En este caso, además, hay un plus: la mejora de la calidad de los preservativos, algo esencial para la Red de Portadores de HIV y, por tanto, para la salud pública.
Ahora es cosa de que las ministras competentes la enérgica María Julia y la más modosita Marina se pongan de acuerdo y no pierdan tiempo.
Mientras tanto, aun cuando muchos han advertido que yo no soy un tipo normal, me he puesto a imaginar otros aportes de esa proyectada fábrica. Como trabajará con látex, pensé en las cantidades que los ciudadanos uruguayos requerirán de ese producto, a partir de ahora, para no verse de algún modo afectados iba a decir perforados, pero me pareció de mal gusto por algunos agentes patógenos que sobrevuelan: la reforma tributaria, la candidatura presidencial de Gustavo Salle, las sospechas de que Jorge Batlle tiene dos vidas, las misiones del FMI que siguen llegando a «dirigir el tránsito» y la ciclotimia del Chino Recoba. *
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