Escrito por: Antonio Pippo
Se saca enseñanzas aun de donde uno menos lo espera. Y después, claro, uno las aplica a lo que se le ocurra.
Vea, lector, por ejemplo, esa torpeza infinita del entrenador de los juveniles uruguayos en Canadá –de cuyo nombre quiero olvidarme–, que les obligó a echar cola contra su propio arco y así les fue.
¿Qué aprendí hasta yo, que no soy muy listo, de tamaña tontería? Que no conviene echar cola, mucho menos si se la pone apuntando hacia la propia casa. ¿Para qué sirve saberlo? Pues para compartir el conocimiento con la Cancillería, a ver si suma al ajuste de la estrategia en el Mercosur.
No echar cola, en mi libre interpretación de la actualidad del bloque, implica no sentarse a mirar demasiado tiempo lo que está pasando. Brasil va al frente en la pelea por el liderazgo regional, alejándose más y más de Venezuela y Argentina. Lula, que ya zurció una relación con Estados Unidos, China e India, ahora cerrará un acuerdo histórico con la Unión Europea. Kirchner demasiado tiene con su poquedad política y moral y con las ambiciones de su mujer; Chávez está cruzado con su antiguo amigo metalúrgico y, traicionado por su verbosidad, anda sacando pecho con que retirará su pedido de ingreso al Mercosur.
El regionalismo abierto que predica Uruguay es un hermoso enunciado: debe comerciar con el resto del mundo, sea desde el bloque –del que todos dicen no podemos salir–, sea autorizado a hacerlo por sí mismo. En cualquier caso, necesita, para cada paso, el apoyo más sólido. No echar cola. Avanzar, recostándose a quien hoy le pueda desmalezar esos caminos. ¿Una alianza estratégica? Sí, de ésas que se cosen y tal vez se descosen al rato porque el mundo, las relaciones de poder y las conveniencias cambian.
Pero en este momento ese apoyo, ese aliado, es Brasil. Hay que hacer lo necesario para que quede claro. Luego se verá.
Conjeturo que otra cosa sería igual a echar cola al estilo de… ¿cómo era que este tipo se llamaba? Ah, sí… Ferrín. *
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