Escrito por: RAFAEL MICHELINI (*)

En el año 1992, poco después de la caída del régimen soviético, en Madrid, Ludolfo Paramio, un hombre histórico del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y presidente de la Fundación Pablo Iglesias, ante una pregunta mía de “cómo estaban las cosas en España y en el PSOE”, me contestó: “Mira Rafael, qué quieres que te diga, acá medio partido está en una discusión acerca de, si a principios de siglo, en Rusia, tenían razón los Mencheviques o los Bolcheviques y la otra mitad del PSOE, la que está en el gobierno, sólo discute sobre si tiene que haber medio punto más o medio punto menos de inflación”. Y, con la mirada perdida, agregó: “eso no motiva a nadie, menos aún a los más jóvenes”. La frase me quedó grabada a fuego y muchos compañeros me han escuchado, más de un vez, repetir la anécdota y, por qué no, la enseñanza que me dejó Ludolfo sobre ese momento especial que vivía el PSOE en España. Unos discutiendo el pasado remoto y otros sólo discutiendo el detalle técnico, pero en ambos casos, apartados de la gente y sobre todo de los jóvenes. Poco tiempo después perdía el PSOE la elección y Aznar gobernaría por más de una década en España.
Discusiones absurdas hay muchas en el mundo, también en el Uruguay. Las hay en la derecha y también, en nuestra querida izquierda. Amigo lector no lo dude. Preferiría que eso no nos ocurriera, pero lamentablemente, los uruguayos nos pusimos dentro del bolillero, compramos varios números y hay muchos compatriotas que hacen fuerza por salir sorteados. Claro que sería muy bueno, y sobre todo en la izquierda, no incurrir en esos absurdos. Un debate sobre cada tema, preciso y bien encauzado, siempre ayuda a avanzar, a tomar las mejores decisiones, las necesarias para construir más y mejor igualdad en el Uruguay. Veamos algunos casos.
Absurdo Uno. Es matemática pura. Blancos y colorados afirman una y otra vez que el país está en el desastre. Y cuando uno pone la matemática arriba de la mesa, o sea los números o indicadores de todos los ítems; suba de exportaciones; niveles de empleo; suba de la inversión; caída de la indigencia y también de la pobreza, no los quieren aceptar. A lo sumo, los más francos; nos dicen que está bien, pero que se debe a que tuvimos suerte. Lo cierto es, porque nadie lo puede ocultar, que todos los indicadores muestran una recuperación de la economía uruguaya como hacía tiempo que no ocurría. Para muestra basta un botón: la compra de 500 millones de dólares en UI (Unidades Indexadas) de bonos uruguayos a treinta años, por parte de norteamericanos, europeos y algunos latinoamericanos. Sí señor, usted leyó bien, son títulos uruguayos, a treinta años, en pesos uruguayos indexados. ¿Es que son tontos los que ponen aquí la plata? ¿Si Uruguay fuera un desastre alguien aconsejaría invertir en “papeles” uruguayos? La verdad es que no. Pero además, si hoy el país es un desastre, qué comentario cabe para describir lo que fue 2002. Meses después de que Bensión se había marchado, aún aparecían blancos que lo seguían revindicando, ni qué decir los colorados. Es un absurdo sostener que todo es un desastre, que todo esta mal, por parte de la oposición, cuando la realidad, y por qué no, la matemática, muestran lo contrario.
Absurdo Dos. También es matemática pura. El presupuesto de la enseñanza en el año 2009 se habrá más que duplicado. Año a año, rendiciones de cuentas mediante, se le pone un toco de guita impresionante a la educación y eso está muy bien, y así se seguirá haciendo. Si el producto crece mucho, la inmensa cantidad de dinero que volcamos no alcanzará para llegar al 4,5% del mismo, pero si el producto no crece, se estanca, lo que sería muy malo para el conjunto de los uruguayos, superaríamos rápidamente ese 4,5% autoimpuesto. Lo paradójico es que hablamos del 4,5% y no de los millones y millones que todos los años le volcamos a la enseñanza. Yo quiero mucha más plata para la educación, no el 4,5%. ¿Por qué no el 6%? Y otros dirán el 10%. Pero me parece que esa no es la discusión o que en todo caso es una discusión absurda. Todos queremos más recursos para la educación, pero hay que ver, en cada instancia, cuánto más se está en condiciones de poder otorgar. Queremos cada vez más recursos para la educación, porque significa invertir en generar cada vez más igualdad. Ese es nuestro rumbo. Por eso, la gran apuesta es que el país siga creciendo. Generar más plata para invertir más recursos en educación. La discusión verdadera es cómo hacemos un país, con educación bilingüe, informática, de tiempo completo, desde primaria, brindando oportunidades educativas para todos, pero fundamentalmente para los de abajo, para los que no tienen nada y que, de lo contrario, los estamos condenando a permanecer en la pobreza. La discusión simplista de 4,5% SI o SI, de cualquier manera, no importa cuánto cueste, es realmente absurda.
Absurdo Tres. Obvio, matemática pura también. Mucha gente se alegra porque no tiene que pagar el impuesto a la renta, aunque eso significa directamente no estar entre los ciudadanos que tienen los ingresos más altos en nuestra sociedad. Pocos hacen la cuenta de que, si les correspondiera pagar el impuesto a la renta, sería porque sus ingresos se duplicaron o triplicaron, y que, en definitiva, los aportes que deberían hacer a la sociedad, sólo representarían una pequeña parte del aumento de su propia calidad de vida. Ya que, si todos ganáramos más de 30.000 pesos, todos pagaríamos impuesto a la renta, pero en ese caso, en el Uruguay no habría pobreza y las condiciones de la sociedad serían muy otras. Con la reforma tributaria en curso, el 65% de la población, o sea los que menos ganan, pagarán menos o a lo sumo no van a pagar más impuestos del que hoy tributan. El 90% de los jubilados, obviamente, por lo baja que son las jubilaciones, tampoco pagarán el impuesto a la renta. Blancos y colorados hoy insisten en que este impuesto, por injusto, no lo debe pagar nadie, pero lo que no dicen es que actualmente, y desde hace mucho tiempo, lo venimos pagando todos. Eso es lo verdaderamente injusto: hoy en día lo estamos pagando todos. Se trata de otra discusión absurda, los que están contra del impuesto por su “supuesta injusticia” nos proponen dejar todo como está, tal cual ellos hicieron en el pasado. Mantener todo como está, hasta ahora, sin cambios y seguir recargando en los hombros de los más pobres, que son los que tienen menos oportunidades, el peso del presupuesto, no es buena idea y por sobre todo injusto. Una receta poco novedosa, que el Uruguay ya ha probado durante décadas, de la mano de blancos y colorados. La verdadera discusión se basa, en que todos paguemos según nuestra capacidad contributiva. Eso es lo justo.
Los uruguayos crecimos con aquellas frases absurdas, de que en nuestro país había “Un cerro Chato”; “Un arroyo Seco”; y “Una cárcel de Libertad”. Pero los absurdos son muchos más y tal parece, entre ellos podríamos agregar las siguientes frases; “Que paguen más los que tienen menos”; “Mejor digo que todo va mal, si no no gano en la que viene”; y frente al presupuesto más grande de toda la historia para la educación, agregar: “Este gobierno no quiere a la educación”. Absurdos que hay que escuchar, paradojas de las paradojas. *
(*) Senador de la República.
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