Poblar el campo
Menudo problema enfrentaron los traductores al castellano con el título de una de las primeras novelas de Cesare Pavese, «Paesi tuoi». Largamente cuestionado el inicial y poético «Allá en tu aldea», al paso de los años quedó «De tu tierra». Fue una decisión feliz. En tiempos de Pavese, muchas gentes habitaban el campo y vivían de él. Había pobreza, pero también dignidad y oportunidades. Algo parecido a lo que ocurrió entre nosotros en un pasado no tan lejano. A casi sesenta años de la muerte del escritor piamontés, un estudio de la ONU ha revelado que la pobreza aumenta con el despoblamiento de las zonas rurales y el crecimiento urbano, porque las ciudades la concentran y multiplican. Uruguay tiene el dudoso privilegio de ser el segundo país más urbano de América Latina: 92% de su población vive en ciudades.
Así estamos. El estudio aludido sostiene la tesis de que el fenómeno es mundial e irreversible, «ya que los pobres expulsados de la tierra constituirán gran parte del futuro crecimiento urbano». Pues entonces, por enésima vez, diré que los uruguayos no tenemos destino de ventura y prosperidad si no repoblamos el campo. Digo repoblar, ciertamente, en el sentido de asentar en tanta tierra hoy vacía a familias que, al poder vivir de su trabajo allí, hagan otro éxodo pero al revés, abandonando los patéticos cinturones de miseria de los centros urbanos. Es probable que para semejante epopeya se requiera de medidas políticas y económicas de gran porte. Pero no es tarea imposible. Y habría que empezar por reservar a esos fines suficiente tierra como exige tamaño objetivo: cosa sencilla de enunciar se ha hecho y difícil de cumplir. Ahí tenemos a la forestación y a la ganadería extensiva devorándose miles de hectáreas del campo disponible. ¿Y los tambos? ¿Y las granjas? ¿Y las otras decenas de actividades rurales inclusivas? Hay que apurarse. Está claro que algún día, más cercano de lo que a muchos parece, será tarde.
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