Novedosos convenios permiten a los reclusos trabajar en entes estatales
El primer convenio entre el CNR y la Administración Nacional de Correos se firmó el 3 de noviembre de 2005, a iniciativa del propio Directorio del Correo y el centro de reclusión. La asesora del Directorio de la empresa estatal, doctora Estela Justo, explicó que el acuerdo otorga pasantías a los reclusos del CNR para que realicen distintas tareas administrativas, con la finalidad de que tengan una posibilidad real de reinserción laboral.
«En su momento fue una innovación, y estábamos a la expectativa de cómo iba a ser la experiencia. Siempre tuvimos el apoyo de todos los funcionarios, del sindicato postal y de los gerentes, por lo que el programa ha sido, sin dudas, un éxito total. Nos parece una idea formidable, porque los reclusos salen con una experiencia que les servirá para su reinserción social y laboral», aseguró.
Acerca de las actividades que realizan los internos del CNR, Justo comentó que algunos de ellos trabajan en la administración y otros como peones. Cuando culminan su pasantía se les entrega un certificado laboral que incluye una evaluación de su desempeño. La entrevistada narró que uno de los pasantes se presentó al concurso que realizó el Correo y quedó como efectivo en el área informática. La pasantía dura aproximadamente un año y los reclusos trabajaban seis horas por día, con un sueldo de 4.000 pesos «íntegramente para ellos».
En la primera etapa del convenio, iniciada en noviembre de 2005, seis reclusos se integraron al trabajo durante aproximadamente un año. Posteriormente, en la segunda etapa, en setiembre del año pasado, ingresó otro grupo. Días atrás, el 18 de junio, fue el turno de dos reclusas de la cárcel de Cabildo.
«Una experiencia notable»
Justo aseguró que la relación entre el personal del Correo y los reclusos «es muy buena». «En líneas generales la experiencia ha sido maravillosa y es bueno destacar que todos los que comenzaron trabajando finalizaron su pasantía de igual forma. El otro día me encontré con uno de los pasantes, que ya había recuperado su libertad, y me comentó que estaba trabajando para un operador privado. Esto marca a las claras la importancia de que los reclusos trabajen en alguna empresa pública o privada antes de salir en libertad», señaló.
Según la asesora del Correo, el CNR, que aloja convictos de diferentes centros de reclusión del país de entre 18 y 34 años, es un «proyecto interesantísimo y fantástico» que tiene muy poca difusión. «Tienen una fábrica de pastas, herrería y una huerta. Varios reclusos salen a estudiar, y algunos tienen, inclusive, la suerte de conseguir trabajo. Nosotros contratamos a los reclusos que están en el tercer año del programa del CNR, próximos a recuperar su libertad», puntualizó.
El lunes 18 se otorgaron dos pasantías para las reclusas de la cárcel de Cabildo. En el Correo las mujeres realizarán tareas administrativas durante un año, al igual que los reclusos del CNR. «El convenio con el CNR sigue vigente, pero se buscaba la equidad de géneros, con la finalidad de ayudar a las mujeres de Cabildo para su reinserción laboral. La ampliación se realizó en conjunto con la ministra del Interior, Daisy Tourné, quien autorizó al CNR para que lleve a cabo el monitoreo, el seguimiento y la evaluación de las pasantes de la cárcel de mujeres», apuntó.
El CNR
Por su parte, el director general de CNR, licenciado en Trabajo Social Agustín Deleo, señaló las principales diferencias entre el Centro Nacional de Rehabilitación, en funcionamiento desde 2002, y las demás cárceles del sistema penitenciario de nuestro país. La primera de ellas es que se trata de un proyecto técnico. Por eso, debe existir una voluntad manifiesta de la persona privada de libertad en otro centro penitenciario de ingresar al CNR. La solicitud debe ser realizada en forma escrita por el propio recluso, sus familiares, su abogado defensor o alguna ONG de derechos humanos. Algún interno que esté alojado en este recinto y quiera recomendar a algún compañero también puede enviar la solicitud. El otro requisito de ingreso es tener entre 18 y 34 años y un saldo de pena que no sea menor a un año ni mayor a cuatro.
Actualmente, a pesar de ser un recinto para capacidad de 250 internos, solamente están alojados 106. «Tenemos lugar para más personas, pero si queremos hacer las cosas bien y trabajar realmente en la inclusión social, el número es adecuado al personal técnico que tenemos», subrayó el director del CNR. Deleo agregó que el centro «prepara a la persona para generar habilidades y herramientas para una inclusión social efectiva. El objetivo final es reducir los índices alarmantes de reincidencia, que rondan el 50%».
La intervención del interno en el centro se divide en tres fases progresivas, con la atención directa de profesionales que preparan al interno para el egreso, a diferencia del resto de las cárceles de nuestro país, que reciben la atención del personal ejecutivo policial. Los internos que ingresan por primera vez se alojan en el tercer piso del recinto, ubicado en la calle Carlos A. López, en un inmenso y moderno edificio donde anteriormente funcionaba el Hospital Musto, y de acuerdo a fases que van cumpliendo descienden de nivel hasta llegar al primer piso. «Son grados de convivencia y disciplina. Por ejemplo, los dormitorios en el tercer piso tienen rejas, a diferencia de los otros dos pisos. Además, la presencia del educador en el primer piso es prácticamente mínima», explicó Deleo.
Para ingresar, el interno debe pasar por una entrevista realizada por dos técnicos del centro, que analizan la vida del individuo desde su niñez hasta el presente, lo que les permite conocer elementos psicopatológicos sobre los cuales se trabaja a los efectos de una mejor inclusión social. Posteriormente, se establece un preingreso de 30 días de duración. No existen ingresos individuales, sino sólo grupales. Luego, se conforma un plan de trabajo para cada interno, que permite trabajar en los múltiples factores que lo llevaron a estar privado de su libertad.
La opinión de los internos
Flavio Busnol, uno de los reclusos, ingresó en octubre de 2003 y aún le quedan seis meses para recuperar su libertad. Nos contó cómo fue su experiencia en el Correo y qué tipo de actividad realizó en la empresa estatal. Ingresó al Correo el 26 de diciembre de 2005, junto con otros cinco internos, y cumplió actividades durante un año. Antes de acceder a la pasantía tuvo que realizar una solicitud escrita a un juez.
«Mi tarea era la de pegar stickers y sellos en las diferentes cartas y encomiendas», explicó de buen ánimo Flavio, quien trabajó en la oficina central del Correo, ubicada en Buenos Aires e Ituzaingó. En cuanto a la relación que tuvo con el personal, señaló que fue excelente. «Tuve buen trato con gente que ni siquiera trabajaba en mi sector. Jamás me sentí señalado por nadie del personal, y al ser muy sociable me adapte rápidamente. Incluso llegaron a conocer a mi señora, ya que ella trabajaba en el centro», comentó.
Flavio explicó que realizaba jornadas de seis horas los cinco días a la semana, por un salario de 2.850 pesos, además de viáticos. Al cabo de cada jornada de trabajo una camioneta del Correo lo llevaba nuevamente al CNR, donde pernoctaba. «El solo hecho de salir a trabajar durante un año fue espectacular y emocionante. Le recomiendo la pasantía a todos los internos, ya que como experiencia de vida fue excelente», aseguró.
Sebastián y el Puerto
Sebastián, de 24 años de edad, prefirió preservar su apellido. Comenzó a trabajar en la Administración Nacional de Puertos el 1º de marzo de 2007. Realiza trabajos administrativos y de cadete en la oficina de la capitanía. Sus tareas son variadas, y van desde hacer fotocopias hasta realizar planillas en Excel. «La verdad es que me está yendo bárbaro, y estoy aprendiendo de todo un poco. El primer día fui con el temor de ser discriminado, pero con el
paso de los meses me adapté fácilmente y todos me tratan como uno más. Incluso mis propios compañeros se preocupan porque no me falte nada, tienen re buena onda», afirmó.
A Sebastián, quien optó por omitir el delito por el que fue encarcelado, le quedan aún dos años de pena, pero podrá salir antes por buena conducta. «Estar en el CNR, dentro de todo, es mucho mejor que estar en otro lugar. Te tratan como una persona, con posibilidades serias de rehabilitación y de trabajo, que en otras cárceles es imposible», señaló. Acerca de la inclusión social, sostuvo que depende de cada persona. «Uno es grande y sabe lo que hace. Hoy en día no tengo miedo de salir y afrontar mi vida nuevamente. Soy consciente de que cuando salga no voy a conseguir trabajo de inmediato, pero me tengo fe para encarar lo que venga. No estoy en las mismas condiciones que el resto, pero tengo armas para pelear», dijo convencido.
La experiencia de Jorge
Jorge Rodríguez, de 28 años, es otro de los internos que actualmente realizan la pasantía en la Administración Nacional de Puertos. Allí ingresó el 1º de febrero. En el recinto portuario trabaja seis horas diarias en el taller de carpintería, donde realiza tareas de mantenimiento.
«El recibimiento fue muy bueno, a pesar de que previamente tenía un poco de temor, en parte porque la gente sabe que sos un recluso que cometió un delito», manifestó. El interno aseguró que a pesar de la «excelente» relación que mantiene con el resto, muchas veces se siente observado. «Entiendo a la gente, pero a veces me siento así. Es sólo un detalle, porque en líneas generales la pasantía es excelente», confirmó.
Jorge está en pareja y tiene un hijo de dos años. Como los informes de los encargados han sido satisfactorios tanto el suyo como los del resto de sus compañeros que trabajan allí, existen firmes posibilidades de que continúe trabajando en el Puerto por un año más luego de que finalice el convenio. «Sería excelente, ya que si se diera esa posibilidad seguiría trabajando en el Puerto luego de recuperar mi libertad «, subrayó.
«No voy a volver a robar»
Jorge nos contó que ingresó al Comcar en 2001 por tres delitos de rapiña. Allí permaneció cuatro años, antes de ingresar al CNR. «Las diferencias son abismales. El Comcar es un infierno que recién explotó ahora, pero ya estaba todo mal desde la época en que yo estaba ahí adentro. Allí no tenés posibilidades de nada, ya que no te dan las herramientas necesarias. En cambio acá te tratan y te sentís como una persona. La rehabilitación me parece que depende de cada uno, por más que te den todo para lograrla», dijo el interno. En cuanto a su futuro, admitió que la condena se le hace eterna y todos los días piensa en lo que vendrá. «Cuando salga no voy a volver a robar, por más que no me quede otra. Igualmente creo que siempre hay otras salidas, y yo las pienso buscar. La solución, como dicen muchos que salen, no es salir a robar. Si no podés, pedí ayuda y agotá todos tus recursos», finalizó. *
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