DOS TERCIOS DE LOS URUGUAYOS QUE VIVEN EN EL AREA METROPOLITANA NO SON TOLERANTES

El 42% de la población asegura no haber tenido oportunidades para integrarse

F ueron presentados ayer los resultados de una encuesta efectuada durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 2006 para conocer en profundidad la percepción de los habitantes del área metropolitana sobre la exclusión social y la discriminación.

La investigación se centró en 4.392 hogares de los departamentos de Montevideo, Canelones, la ciudad de Florida y Ciudad del Plata (ex Rincón de la Bolsa), en San José. La muestra total consultada representa a 1.247.642 personas y se corresponde al 52% de la población mayor de 18 años de todo el país.

El proyecto fue ejecutado por el Observatorio Montevideo de Inclusión Social. El diseño y procesamiento de los datos fue realizado por la Organización No Gubernamental «El Abrojo», en calidad de coordinadora técnica del observatorio. El Instituto Nacional de Estadísticas (INE) fue responsable de la recolección de la información.

La presentación de los resultados estuvo a cargo de Gustavo Leal, sociólogo de «El Abrojo» y coordinador técnico del Observatorio Montevideo de Inclusión Social. En el acto estuvieron presentes los intendentes de tres de los departamentos involucrados en la investigación: Ricardo Ehrlich, de Montevideo, Marcos Cárambula, de Canelones, y Juan Francisco Giachetto, de Florida.

 

Datos que reflejan la realidad

Como afirmó Ricardo Ehrlich, la presentación de los resultados es una «instancia importante», porque implica que la sociedad se «mire al espejo». Las imágenes que observará son diversas, y algunas de ellas «no son fáciles de aceptar». Muchos de los datos presentados llaman la atención, mientras que otros no sorprenden. Cada uno de los ítems planteados (evaluación y percepción de la capacidad integradora de la sociedad uruguaya, predisposición integradora o excluyente ante diferentes grupos de personas, convivencia ciudadana y seguridad pública como factores de exclusión social y ciudadanía y participación social) generan nuevas incertidumbres y reflejan la existencia de problemas para los cuales hay que crear políticas sociales.

Casi el 32% de la población declaró estar molesta y disconforme con las oportunidades que existen en nuestro país. Esta opinión impera en seis de cada diez barrios periféricos y en los sectores menos formados de la población. La disconformidad desciende a medida que aumenta el nivel educativo de los entrevistados.

Uno de los aspectos más sorprendentes es la cantidad de personas que -en palabras de Gustavo Leal- «tiraron la toalla» ante la falta de oportunidades integradoras que ofrece la sociedad. Casi un 42% de la población, cifra que equivale a medio millón de personas, asegura no haber tenido nunca la oportunidad de integrarse a la sociedad.

Más alarmante aún es que el 74% de la población no vislumbra cambios y posibilidades de mejora en los próximos cinco años.

 

Tolerancia y discriminación

A partir de la investigación realizada se desprende que el ideal de hombre con más oportunidades ha variado. Antiguamente se creía que quienes contaban con más posibilidades eran las personas de sexo masculino, adultos, de tez blanca y de la capital. Hoy sólo un 8% de la población cree en ese ideal.

El 70% de la población considera que son los jóvenes a quienes se les presentan más oportunidades. Esa percepción prima entre los grupos más pobres de nuestra sociedad. Asimismo, el 60% de la población cree que las posibilidades se centran en Montevideo y no en el interior del país. Ser hombre continúa siendo uno de los principales factores -a ojos de los encuestados- para contar con mayores posibilidades. Además, el 70% de la población admite tener «sentimientos machistas».

A la hora de considerar los factores para tener éxito en la vida, la «honradez» se destaca en las personas con menor nivel educativo y «estudiar mucho» entre grupos de estratos sociales más altos.

 

Importancia de la educación

Las percepciones varían en función del nivel educativo de las personas consultadas. «La educación es un factor central porque constituye, junto a otras políticas, una palanca que define que las personas no sean prejuiciosas, tengan posibilidades de integrarse y posean la capacidad de ser solidarias con el otro. Es decir: a mayor nivel educativo mayor capacidad de tolerancia y comprensión y menos prejuicios», explicó a LA REPUBLICA Gustavo Leal.

Existe un fuerte vínculo entre la discriminación, los estereotipos y los prejuicios. Llama la atención que, de una amplia lista de posibilidades presentadas a los encuestados, un 37% (lo que equivale a 459.000 personas) coincidiera en no querer tener nunca como vecino a alguien que hubiera vivido en un asentamiento. Además, uno de cada cuatro tampoco quiere que individuos que provengan de asentamientos formen parte de su familia. El rechazo llega un paso más allá, y se extiende no sólo a las personas que habitaron en asentamientos sino también a las de «origen humilde».

En la lista de personas poco deseadas siguen los ex presidiarios (el 32% no los quiere como vecinos); los políticos (17.8%) y los militares (14.9%). En el listado se incluyeron homosexuales y lesbianas, enfermos de sida y discapacitados mentales, entre otros grupos que superaron el 10% de las menciones.

En resumen, sólo una tercera parte de la población es tolerante; el resto dio señales de poca o ninguna tolerancia.

 

Calidad de vida

La seguridad barrial fue otro de los puntos relevados en la investigación elaborada. El 70% de la población se siente segura, pero la sensación de inseguridad aumenta en horas de la noche. Casi un 65% dijo estar poco o bastante inseguro en su barrio de residencia durante ese momento del día. Asimismo, más de la mitad de la población cree que los robos que se cometen en su barrio son efectuados por gente de la zona. El mismo porcentaje de habitantes no confía en la Policía de su barrio.

Además, casi un 20% de la población se priva de concurrir a lugares que frecuentaba por miedo a sufrir algún tipo de agresión.

La falta de seguridad queda reflejada en que sólo un 65% de los encuestados confía en los demás. El 35% restante no lo hace, y la percepción de desconfianza aumenta entre las personas jóvenes. *

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