Padres y maestros se unieron para hacer de una escuela el ejemplo de un barrio
Daniel Aleman despide a cada uno de sus alumnos con un cordial «que pasen bien». Al mediodía se retiran luego de otra mañana de clases. «Este es el ritual diario: darle los buenos días a cada uno de los niños», dice el docente, convencido. Es el primer año que Aleman dirige la escuela primaria número 341 del barrio Piedras Blancas, y ya ha conseguido varios logros. Uno de ellos es la unión de los padres. Actualmente, la comisión fomento se encuentra trabajando a pleno en la reparación del mobiliario que Primaria aún no ha sustituido. Sin embargo, el director de la escuela aclaró que en 2007 se ha recibido un importante aporte de las autoridades, que han dispuesto el cambio de los viejos bancos Varela por cómodas mesas y sillas nuevas. «Antes teníamos que trasladar los bancos ni bien llegábamos en la mañana, porque hay diferencia de alumnos con la escuela de la tarde. Entonces, pasaban los bancos de clase a clase. Perdíamos una hora», narró Aleman.
De todas formas, los padres que integran la comisión trabajan intensamente por la reparación del mobiliario dañado. Cuatro de ellos colaboran con la escuela de forma activa, de un total de veinte. María López, miembro de la comisión, no duda en destacar la labor de uno de ellos, que colabora en la reparación de la huerta orgánica de la escuela.
¿El agua tiene vida?
«La huerta necesita que le cambiemos el nailon», dijo Aleman, quien también mencionó el esfuerzo del padre que deja su tiempo para reparar el lugar, gracias a una donación de maderas.
Cada una de las clases plantó sus semillas, a pesar de lo inconveniente que resulta que el nailon que protege de los vientos, el agua excesiva y el sol a los vegetales esté destrozado. Las ciencias naturales son un eje importantísimo en el currículum del centro. Todos los salones que visitó LA REPUBLICA tienen en sus paredes una gran variedad de material sobre el tema.
Pilar es maestra de primer año «A». En el pizarrón, al momento de ingresar el equipo de LA REPUBLICA, se podía leer una consigna para los escolares: «Escribe el nombre de los seres vivos encontrados». Más abajo, los niños habían escrito una amplia variedad de respuestas: «araña, pájaro, lagartija, gusano, abeja, san antonio, pasto». Maicol, uno de los niños, sentado en el tercer banco de la clase, sobre la puerta, contestó que en la huerta se podían encontrar «plantas». La maestra preguntó a los pequeños qué plantaciones habían realizado, y cada uno de ellos explicó sus experimentos.
«Ellos preguntaron si el agua tenía vida», detalló la maestra Pilar. La pregunta había surgido porque los niños habían reconocido que las plantas cobraban vida luego de regarlas.
Baños inundados y carencia de policlínica
Agua es lo que sobra en la Escuela Nº 341. El gran problema del centro educativo es el costo del mantenimiento y, sobre todo, el estado lamentable en que se encuentran los baños a los que acuden los alumnos. Su deterioro es evidente, y está constantemente inundado. Las aguas llegan hasta el patio, y los niños entran en puntillas para no mojarse. La escuela ya ha presentado un presupuesto para arreglar las cañerías de la institución y están esperando que Primaria lo apruebe.
Otra de las grandes carencias es la falta de una policlínica en la zona. Aleman recordó que es preocupante la ausencia de asistencia médica de emergencia en Primaria, a causa del término del contrato mantenido con una de las empresas que ofrecían el servicio. «Por suerte, tenemos un auto para poder trasladar a los chicos si es necesario», enfatizó. Sin embargo, si el accidente es grave, a veces no es conveniente mover a la persona sin que la vea un médico previamente. Esto complica la situación, no sólo de la Escuela 341, sino de todas las instituciones de Primaria.
Un mosquito en la escuela
La campaña contra el mosquito del dengue que impulsaron el Ministerio de Salud Pública y la Intendencia de Montevideo también tuvo eco en la escuela. Los niños se tomaron en serio el combate contra el mosquito y salieron a recorrer los alrededores del centro de estudios. Su pedido de eliminar los cacharros y tirar el agua estancada tuvo una muy buena respuesta en los vecinos cercanos.
Hoy en día todavía se ven en las ventanas de los salones varios dibujos infantiles sobre el mosquito Aedes aegyptii, que se hizo sumamente famoso cuando comenzaron las clases. Ahora se encuentran en una etapa intermedia, pero continúan en alerta para que el insecto no vuelva a aparecer en la próxima primavera.
Para desarrollar esta tarea, la escuela recibió el apoyo del Centro Comunal Zonal 10, que fumigó el centro no sólo contra el mosquito, sino también contra otros insectos, como las cucarachas, que suelen habitar en las cocinas.
El arte en la escuela
Los alumnos de quinto año son quienes trabajan más en torno al arte. «Ellos mismos propusieron desarrollar las manualidades», explicó Laura, maestra de la clase. El interés de los niños también contagió a los docentes, que fomentan y trabajan su creatividad. Como ejemplo, habían confeccionado pequeñas bicicletas de papel y alambre.
Este impulso creativo, así como el fomento del estudio de las ciencias que desarrollan los maestros en toda la escuela también son destacados por los padres. Aseguran que perciben la influencia del trabajo realizado en clase en la superación de sus niños.
Elisabeth Valverde vive en la zona de la Gruta de Lourdes. Si bien tiene una escuela a media cuadra de su casa, dijo preferir llevar a su hija a la 341 porque tiene «varias diferencias» con respecto a otros centros. Una de ellas es el avance que su hija ha logrado en materia educativa. También destacó que le ofrece tranquilidad el «buen ambiente» que reina en el lugar, en referencia al comportamiento de los niños. Aleman aclaró que en la zona donde está ubicada la escuela «no hay pobreza, hay necesidad». Los maestros coinciden en que la gran mayoría de los niños, que provienen de familias «trabajadoras y humildes», llegan a la escuela con «buenos hábitos».
Un problema endémico: el ausentismo
Las autoridades del centro escolar hacen un seguimiento especial de los niños que poseen problemas de salud o que viven en contextos de vulnerabilidad social. También prestan atención a los chicos que se ausentan con frecuencia. «Hacemos un seguimiento muy estricto de las faltas a clase; luego de tres consecutivas llamamos a los padres», explicó el director. Aunque aseguró que el ausentismo ha disminuido, admitió que de todas maneras es alto.
Los alumnos con asistencia intermitente a clase son alrededor de cuatro por clase, y conforman un grupo de 64 niños. Es en este núcleo que los maestros focalizan el seguimiento. Algunos casos se logran corregir, pero ciertos alumnos han nacido en familias con tradición de ausentismo. En estas situaciones, las conductas son difíciles de solucionar, ya que se trata de hogares desbordados por diversos problemas sociales, como la falta de trabajo o la precariedad en la vivienda.
El director está convencido de que la situación ha mejorado porque algunos padres han trasladado a sus hijos desde otros centros educativos porque «les gusta más esta escuela». Las causas son fácilmente visibles. «Buscamos la integración de los padres y tenemos un cuerpo docente joven, comprometido enteramente con la escuela», afirmó el director.
Tiro al blanco con los vidrios
Uno de los problemas más graves que debe enfrentar la escuela es que, en ciertas noches, personas ajenas a la institución tiran piedras por encima de los muros para romper los vidrios de los salones. Ante esta situación, la dirección ha optado por no reparar los vidrios y, en cambio, colocar material aislante y protector contra las piedras.
Dos veces por semana, la escuela cuenta con servicio policial 222. Además, allí vive una casera. En los meses pasados se agregó al plantel un funcionario q
ue realiza las tareas de limpieza y mantenimiento. Mientras tanto, las autoridades esperan que más padres se sumen al trabajo, para seguir mejorando una escuela que es ejemplo de esfuerzo conjunto para todo el barrio. *
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