Prohibido para nostalgicos

El adiós de Gardel

En la noche anterior, los vecinos habían prendido las tradicionales fogatas callejeras. También se divirtieron con el tradicional jueguito de las cédulas, en el cual esos papelitos entreverados en una bolsa formaban graciosas parejas. Había sido la mágica Noche de San Juan, la más larga del año. Pasado el mediodía de aquel 24 de junio de 1935, de pronto, todas las radios comenzaron a pasar temas de Gardel mientras daban la triste noticia del accidente en Medellín. Sonaba la sirena del diario El Día y en las esquinas del centro se formaban improvisados grupos de gente muy emocionada. En los cafetines barriales muchos lagrimeaban y hacían memoria sobre la última visita de El Mago a su querido Montevideo. Fue a fines de setiembre del año 1933 cuando Carlitos daría sin saberlo su último adiós a esta vieja capital. El cine Rex Theatre estrenaba su reciente película titulada «Melodía de Arrabal» y toda la ciudad se alborotó con la presencia de su ídolo. Las presentaciones en el Teatro 18 de Julio fueron descomunales éxitos de taquilla, sólo comparables a cuando había llegado el gran Caruso al Teatro Solís. Carlos Gardel se presentaba con un espectáculo teatral dirigido por Miguel Moyá, que tenía como broche de oro la actuación de El Mago con sus guitarristas. Ese teatro estaba desbordante de público bullicioso y como con sus aplausos no lo dejaban comenzar, de golpe, se escuchó desde «el gallinero» una voz atronadora que dijo imperativamente: «¡Silencio, todos silencio, que va a cantar la voz de Dios!». También en esos días fue la mítica actuación en la fonoplatea de Radio Carve. El tránsito cortado en 18 y El London París, casi frente a la coqueta plazoleta. Hasta los tranvías pararon y los dueños de la emisora tuvieron la feliz idea de colgar parlantes en la calle para que una multitud escuchara a su amado cantor. Adentro de la radio había muy pocas personas además de los dueños y se destacaban los integrantes de la Troupe Ateniense por la cual Carlitos siempre tuvo gran admiración. Quizás lo más polémico de aquella última visita fue cuando aceptó concurrir a un agasajo que le ofreció el dictador Terra, pero luego se supo que Gardel había concurrido para tratar de convencer al tirano de que fuera más flexible con los gremios de los trabajadores de la prensa y los textiles que soportaban censuras y explotación. Lo que más impactó de esa última visita fue que rechazara una jugosa propuesta del aristocrático Club Uruguay para que cantara ante sus copetudos socios. El motivo era que prefería cantar gratuitamente para los leprosos y tuberculosos del Hospital Fermín Ferreira que lo idolatraban. Carlos Gardel demostraba nuevamente su solidaria vocación de apoyo a los más necesitados. Una actitud digna de un hombre que desde joven había adherido a los principios de la masonería y lo demostraba con sus fraternales acciones. Y ese día de San Juan, también se supo que los masones de Medellín, antes de que su cuerpo fuera llevado a la Iglesia de La Candelaria, lo había despedido con solemnes rituales. Después todo fue una vorágine de recuerdos. Los vecinos de la Unión, muy orgullosos, contaban de las antiguas actuaciones de Gardel en el Empire Theatre, luego Cine Gluksman. Y en el Centro y El Bajo nadie olvidaba sus visitas al Mercado de Ciudadela y la actuación estelar junto a Razzano en el Teatro Royale. Hasta un mozo del Tupi Nambá muy conmovido contaba a todos que había atendido a Carlitos antes de que fuera famoso. Así fue El Mago, leyenda y realidad. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

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