No es lo mismo
No es lo mismo gordura que hinchazón, ni una inflamación del estómago que un embarazo.
¿Viste, Eulogia? ¡Ta’ barrigona la Manuela!
¡También! ¡Si el Tiburcio no se le baja d’encima!
Con las nuevas normas de control del tabaquismo, hoy a estudio del Senado, quien fume se las verá en figurillas y tal vez se sienta acosado. Sin embargo, lo que se ha previsto, lejos de afectar la libertad o el derecho individual, es un esfuerzo por preservar el bien superior de la salud pública.
Con cierta picardía de fumador sitiado, algún legislador pretendió equiparar los daños que causa el alcohol con los del tabaco. Apeló a un ejemplo que es un exquisito sofisma: conductores alcoholizados que provocan accidentes de tránsito, una de las principales causas de muerte, sobre todo entre los jóvenes.
No es lo mismo.
Al margen de que ya comenzó la cruzada contra el alcohol en el tránsito y muy pocos la han objetado, el tabaquismo tiene consecuencias más extendidas y persistentes sobre la población. El diputado Gallo, con datos de la Organización Mundial de la Salud, probó que el perjuicio para quienes no fuman, o sea los afectados por «el humo ajeno», cuyo derecho a la salud sí es vulnerado en reiteración real y dentro de la concurrencia, es impresionante: inhalan durante años más de 250 sustancias capaces de producir cáncer y otras patologías severas.
Si se dejan a un lado el egoísmo y la superstición, y se aceptan las verdades científicas, no se puede discutir un segundo más. Lo hecho hasta ahora para reducir el hábito de fumar es inobjetable.
El daño social del alcohol se restringe de tal modo a un área única de la cotidianeidad que no admite una comparación.
Salvo, claro, que uno no pueda sacarse de arriba al mamado ése al cual, cada noche, en la parada, le da por tocar el culo ajeno. Quizás en tamaño caso, por vía de excepción, se justifique un recurso ante la Suprema Corte de Justicia.
Pero con el control del tabaquismo, muchachos, venimos bien. *
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