Tiene la palabra
Carta abierta al señor presidente de la República, Tabaré Vázquez
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* Tabaré; indiecito querido:
En primer lugar te pido perdón por llamarte de esta manera (siempre lo he hecho así, aún antes de que fueras Presidente de todos los orientales). Lo de «indiecito» obviamente es por el Tabaré de nuestro querido Juan Zorrilla de San Martín.
Desde mi humilde lugar de uruguaya quisiera decirte tantas cosas que no alcanzarían las páginas de todos los diarios. Por eso trataré de resumir lo que quiero expresarte.
Primero felicitarte por el acto en la Plaza Independencia. Por tu humildad, por tu firmeza, por tu don de gentes, por tu nobleza y por tu grandeza.
Una vez, leí un testimonio de un amigo tuyo, sobre tu etapa de adolescente que decía que un día mientras esperaban juntos el ómnibus para ir al liceo tú le habías expresado: ¡Algún día quiero hacer algo grande por mi patria!
Y hoy te digo yo: ¡Vaya si lo estás haciendo! Desde los tiempos de don José Batlle y Ordóñez, nuestro querido paisito no tiene la suerte de contar con un Presidente que tenga porte de un verdadero estadista, como tú lo tienes.
La virtud del olvido de ti mismo para pensar en tu patria, en tu gente, en lo mejor para todo tu pueblo.
¡Grandeza que no tuvieron los tres presidentes anteriores, que ayer brillaron por su ausencia!
¡Grandeza que no tienen los militares retirados y los ex dictadores, incapaces de reconocer las atrocidades que cometieron! ¡Grandeza que no tienen tampoco los militares en actividad, que se siguen manejando con heredados códigos incapaces también de hacer un acto de constricción y mirando a los ojos a los familiares de los detenidos desaparecidos, decir la verdad y pedir perdón por lo que hicieron sus antecesores! ¡Grandeza que no tiene el hijo del dictador, aspirante a presidente, incapaz de pedir perdón en nombre de su padre ya que este no tiene la capacidad de hacerlo!
No es bueno el rencor y a nadie hace más daño que al que lo siente. ¡Qué bueno sería que aprendiéramos a despojarnos de ese sentimiento!
¡Y cuán difícil pedir perdón, Dios mío cuán difícil! ¡Pensar que bastaría solo eso!
¡Despojarnos de la vanidad, el orgullo, el egoísmo, arrogancia y podredumbre que llevamos dentro!
¡Decir la verdad, pedir perdón! Ayudar a que las madres no se mueran sin saber dónde están los huesitos de sus hijos! ¡Que los hijos no se mueran sin saber donde están los huesitos de sus padres! ¡Que los hermanos encuentren los huesitos de sus hermanos!
Por supuesto que no tendrán paz hasta no saber adónde llevar flores a sus muertos. Pongámonos todos en lugar de ellos. Aprender a pedir perdón sería lo único que podría salvarnos de tantas divisiones ¡Bastaría solo eso! Y después… ¡Comprometernos! ¡Nunca más uruguayos contra uruguayos!
Empezar de una vez por todas a mirar hacia delante. Soñando con un país más desarrollado, más culto. Con esperanzas. Un país sin oprimidos, más justo y solidario. Con más trabajo y con mejores sueldos.
Un país donde los jóvenes ya no tengan necesidad de drogarse para olvidar sus padecimientos. Donde encuentren oportunidades y demostrar todo lo que pueden.
Donde nuestros viejitos, vivan con dignidad los últimos años de sus vida. Un país en donde los opositores, sin poner tantas piedras en el camino, tengan la grandeza de colaborar en su desarrollo.
¡Poder encontrar la alegría perdida! ¡Qué lindo que sería un país con gente de rostros sonrientes!
Nosotros sabemos «indiecito» querido, que tus sueños son iguales a los nuestros. ¡No desmayes que somos muchos los que te comprendemos! !Sigue adelante, que la semilla está cayendo en tierra fértil! No tengas dudas de que los frutos serán dulces y abundantes!
Un abrazo de uruguaya a uruguayo.
ARON – C.I.: 3.711.673-7
Telefonía celular y fija
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
* El auge de los celulares es imparable. Cada día entra en escena otra virtud. Hoy día lo tiene «casi» quien quiere. Cuestan chirolas. Algunos muy sofisticados valen un poquitín más. Pocos años atrás (no más de 15) era chic tener uno. Eran grandes, pesados, fuertes. Al llevarlos en la cintura se corría el riesgo de quedar herniado. Hoy son minúsculos aparatillos, casi invisibles, los que no faltan en la cartera de la dama o en el bolsillo chico del caballero. «Te mando un sms. Contéstame igual».
Hasta un nuevo lenguaje apareció. De la forma de escribirlos, mejor no hablamos. Sacan fotos, filman, entran en internet, zumban.
El mundo en su bolsillo. Lo despierta, lo duerme… Lo hace todo.
Pronto, seguramente, apretando asterisco y un número adicional, podrá usarlo de maneras inimaginables… Tal vez, debidamente programados, le calcularán el tan temido IRPF. Vaya uno a saber. La realidad supera la ficción. Y en cuanto a la telefonía fija (tradicional), en los últimos años, creció en forma vertiginosa. Muchos de los complementos adicionales al teléfono, propiamente dicho, son de utilidad. Más para unos, menos para otros. Cada cual utiliza aquel cuyas utilidades le sean afines.
Muchas veces, no son utilizados correctamente razón por la cual, cantidad de personas, las rechazan. los más comunes son: «el contestador». Mal llamado pues no es tal. No contesta nada. Es una grabadora con identificación pregrabada, que recepciona mediante grabación los mensajes. También es usada como «filtro». Cosa que me parece inadecuada y de mal gusto. Es como esconderse detrás del teléfono.
No lo hago. Iría contra mis principios. Raramente dejo un mensaje. Cuando aparece la grabadora, corto. No converso con máquinas. Muchos dicen que este aparatito sustituye a la secretaria. Prefiero esta última. Es muy interesante observar como fue cambiando (¿evolucionando? ¿involucionando?) la grabadora a través del tiempo. Al comienzo se escuchaba «por no estar en casa…». Por razones de seguridad cambió por «en este momento no le…». Luego el «tutuu», la voz impostada, seria, ligera, medio rápida, alegre, con música, clásica, popular, reclames, promociones, sugerencias y toda la gama que se pueda imaginar.
Aparece luego quien atenta contra nuestra salud. Nos ahorra la quema de calorías. Nos engorda. Nos impide realizar movimientos.
Es el «manos libres». Hablo mientras estoy con las manos quietas. Le sigue «el cantor». Como una película policial, ¿qué capta? Nada. Identifica el número del cual nos llaman. Si no es alguien que nos llama con frecuencia para qué me sirve si no lo conozco. Si es alguien que desea decir algún disparate, ese, lo hace de un monedero público, y listo.
O alguien piensa hoy que la gente no sabe cómo hacer para saber si tenemos captor. Aunque hoy llamé e hice notar que tenían captor, ¿cómo sabés? Y contesté que tenía un «captacaptor».
Y el cuarto complemento… y …todos los récord de ¿utilidad? Es el «llamado en espera». Ay, perdón. Ya seguimos, un segundo.
Hay perdón. Ya seguimos O yo soy demasiado anticuado o tanto adelanto no me atrapó todavía. Cosas de la comunicación. Atentos saludos,
CARMI RAUCH – C.I. 866.784-6
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