LA REPUBLICA VISITO EL NUEVO REFUGIO DEL MIDES

"El desafío es ayudarlos a dar el próximo paso"

Según datos del Mides, actualmente son más de 350 las personas que están en situación de calle. El programa de Atención a los Sin Techo (PAST) ha sido diseñado especialmente para atender a esta población.

Actualmente cuenta con siete refugios nocturnos en Montevideo y cinco en el interior del país. Entre los primeros, uno ubicado en la calle Florida recibe a familias con niños, y uno en Barrios Amorín se dedica a los «crónicos estructurales» (personas que hace mucho tiempo viven en la calle). Por otra parte, existen dos refugios para hombres solos (uno en la calle Requena y otro en Fernández Crespo), uno mixto para adultos mayores en la calle Pagola, uno para mujeres solas en la calle Mercedes y otro en la calle Río Branco, dedicado a mujeres con niños.

También hay tres refugios diurnos: uno para pacientes psiquiátricos, otro para mujeres con niños y un tercero que funciona como centro de capacitación. La última incorporación del Mides fue un centro para personas adultas mayores de 55 años, ubicado en la calle Lima 1832, que se inauguró la semana pasada. También se extendió el horario de atención del refugio nocturno de «crónicos estructurales», para que esta población tenga un lugar donde permanecer durante el día. A la vez se organizan, desde la llegada de los intensos fríos, recorridas nocturnas por los barrios para dirigir a esta población a los refugios o proporcionarle algo caliente para beber.

LA REPUBLICA visitó el nuevo refugio de la calle Lima.

 

La visita

Llegamos al refugio a una hora bastante inapropiada, ya que las personas que se encontraban allí estaban a punto de cenar. Nos recibió Robert Pérez, el encargado del lugar, quien nos condujo a una sala no muy grande donde había una larga mesa alrededor de la cual se hallaban sentadas unas 15 personas.

El primero en acercársenos fue Carlos, un hombre de 64 años que dijo haber sido jefe del escenario del Sodre. Carlos nos habló de ballet y teatro, y de las buenas experiencias que vivió en aquellos tiempos. Contó que estuvo casado pero se separó hace ya muchos años, y que tiene una hija abogada a la que actualmente no ve, aunque aclaró que se acercaría a ella en el momento en que lo deseara. En cuanto a cómo llegó a deambular en las calles, Carlos prefirió no hablar. En cambió, optó por volver una y otra vez sobre sus recuerdos, los cuales, según sus palabras, a veces lo ponen «un poco tristón». Señaló que en el refugio los tratan bien, aunque dijo no sentirse «consustanciado» con sus compañeros.

«Acá todo el mundo está dejado; se abandonaron. Yo me quiero ir y no depender más de nadie. Eso es la libertad», dijo convencido.

Sin embargo, las demás personas con las que tuvimos oportunidad de hablar no parecían abandonadas. Por el contrario, todas manifestaban querer salir de la situación en la que se encontraban. Jorge, de 61 años, era uno de ellos. En un momento nos llamó para entregarnos una carta que había escrito a la ministra Marina Arismendi porque le habían negado el ingreso al Plan de Emergencia, alegando que al pernoctar en un refugio «tenía lo elemental para vivir».

Jorge aseguró que quería ingresar al Panes para alquilar una casa en Capurro. Contó que vivía en un asentamiento y luego que le robaron todo quedó en la calle. Luego de un tiempo llegó al refugio de la calle Río Negro, donde «la gente era muy buena». Después de que lo cerraron, fue trasladado, junto con otras personas, al de la calle Requena. Hace algunas jornadas llegó al nuevo centro de la calle Lima. Durante el día, mientras está fuera del refugio, Jorge vende golosinas en los ómnibus. Su principal aspiración es poder reunir algo de dinero para irse a Capurro con su perrita.

 

Vueltas de la vida

Sentada frente a Jorge se encontraba una señora vestida con ropa moderna y bien maquillada, cuyo aspecto resaltaba entre todos los demás. Relató que era economista y quedó en la calle en marzo de este año, luego de que la despidieran de su trabajo, en el que coordinaba una cadena de geriátricos del barrio Carrasco. Desde entonces ha permanecido en refugios y se ha dedicado a buscar empleo. Por ahora hace traducciones de lenguaje de señas para niños sordos, con lo cual está ahorrando fondos para alquilar una vivienda junto a una de las compañeras que conoció en el refugio.

Esa compañera es Carmen. Tiene 59 años, y ha pasado más de diez viviendo en la calle. Antes de eso estuvo casada por 25 años y tuvo varios hijos. Uno de ellos hoy vive en Italia y el otro en Argentina, pero no mantienen relación.

Luego de que decidió separarse, Carmen se fue de su casa y se quedó en la calle. «Ahí empecé a rodar: dormí en el Pereira Rossell y en Tres Cruces, pero nunca me tiré al abandono ni anduve sucia. Siempre me la rebusqué para estar limpita y lavarme la ropa», relató. Un día, un policía le dio 20 pesos para que se acercara al local del PAST desde donde se derivan las personas que pernoctan en los refugios. Carmen dijo que quiere trabajar, pero asegura que «refugio» es sinónimo de mala palabra entre los empleadores.

«Lo que pasa es que estamos marginados. Somos seres humanos, hijos de uruguayos, pero estamos peor que los presos», señaló Pablo. Tiene 59 años y está prácticamente ciego. También tiene dañado un cartílago y uno de sus omóplatos, luego de haber sido atropellado por un ómnibus el año pasado. Dijo que recibe una pensión de unos 2000 pesos por invalidez, pero no le es suficiente. Sin embargo, sostuvo que este gobierno «está haciendo las cosas bastante bien».

Señaló que hace tiempo está solo porque perdió a su familia luego de que llegó a la calle. Admitió que de día tiene que revolver volquetas para comer. Dice que el refugio «está bien», pero insiste en que el problema es que de día tienen que irse. Entonces, no hay más remedio que quedarse «en las plazas o en algún alerito».

 

El próximo paso

El refugio de la calle Lima está a cargo de la organización civil Padre Hurtado, que cuenta con una vasta experiencia en el trabajo con población en situación de calle. Marcelo Laborde, uno de los directivos de la organización, dijo que además de brindar a los usuarios un lugar donde dormir e higienizarse el refugio cuenta con equipo de apoyo conformado por un psicólogo y una asistente social para atenderlos integralmente.

Laborde señaló que el trabajo con esta población es difícil. «Cada una tiene su historia. Nuestro trabajo consiste en armonizar esas diferencias, y el desafío es poder ayudarlos a dar el próximo paso», dijo. Admitió que asumir esta perspectiva no es sencillo, pero insistió en que es el camino que hay que seguir ya que el refugio es sólo una alternativa «de emergencia».

Laborde anunció que próximamente abrirán más temprano, a partir de la hora 14.00, también en convenio con el Mides. «Se va a realizar un trabajo más amplio, pero va a seguir teniendo la marca de la emergencia», dijo el directivo.

En cuanto a las salidas posibles de esta población, que en general es de edad avanzada, Laborde indicó que el primer mecanismo posible es restablecer los vínculos familiares, un camino que, aunque complejo, «siempre hay que recorrer». Además, sostuvo que es necesario encontrar lugares permanentes donde ubicar a las personas que viven en situación de calle, como el hogar Piñeiro del Campo. No obstante, confesó que la opción tampoco es sencilla, teniendo en cuenta que en esos sitios existe una cantidad limitada de cupos. *

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