El reencantamiento de la izquierda: una asignatura pendiente

Escrito por: ALBERTO COURIEL (*)

Miércoles 13 de junio de 2007 | 3:28
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En las tres notas anteriores hemos analizado algunas de las características básicas de los gobiernos progresistas de América del Sur. Si bien se registran buenos resultados económico financieros, no se percibe entusiasmo en la sociedad. No existe aquella mística de los años sesenta que era el reflejo de las propuestas y de las acciones de determinados gobiernos progresistas.

Los programas de los partidos de izquierda en la década del sesenta, influidos por la revolución cubana y el socialismo real, estaban impregnados de la utopía del hombre nuevo, de la llegada del socialismo, de mayor igualdad y justicia social, de propuestas antiimperialistas y antioligárquicas, de cambios sustantivos en la propiedad de los medios de producción como, por ejemplo, la reforma agraria y reformas estructurales que pasaban por formas de nacionalización y estatización de grandes empresas privadas.

En los noventa se revaloriza la democracia como un fin en sí mismo, se latinoamericaniza su pensamiento como fruto de la nueva situación internacional y se adoptan posturas más moderadas en temas vitales como la lucha de clases y el cambio de propiedad. Después de la experiencia de los procesos dictatoriales en la región y el derrumbe del régimen soviético, probablemente lo más significativo, en la expresión de Norbert Lechner, es el pasaje de la revolución a la democracia.

En la experiencia de los gobiernos progresistas de América del Sur la identidad de la izquierda sigue basada en principios de equidad, de igualdad y de justicia social. Los sectores políticos y sociales que buscan avances más profundos para llegar al socialismo no tienen un paradigma nítido como en el pasado y ha perdido vigencia la planificación centralizada, sustituyéndose por una combinación entre las lógicas del mercado y las lógicas del Estado. Por otro lado, permanece el gran desafío para la izquierda mundial y latinoamericana sobre cuál es el régimen de propiedad de los medios de producción más adecuado para avanzar hacia los objetivos de igualdad y equidad manteniendo los principios básicos de la libertad. Sin duda, se mantienen muchas incógnitas teóricas y de praxis sobre cómo se avanza hacia el socialismo del siglo XXI.

La mayoría de las experiencias progresistas recientes se mantiene dentro del régimen capitalista y sus procesos de transformación hacia objetivos de igualdad y equidad se efectivizan sin modificar principios básicos del régimen. ¿Será este un elemento central de la falta de mística y de entusiasmo de las sociedades latinoamericanas donde gobiernan fuerzas progresistas?

Tomemos el ejemplo de Chile, donde la Concertación, una alianza de centroizquierda, lleva gobernando 17 años. Ese país mantuvo un muy elevado ritmo de crecimiento económico en todo el período, lo que le ha permitido sanear totalmente su situación financiera, bajar los niveles de pobreza, mejorar significativamente el salario real y lograr cierto descenso del desempleo abierto pero sin atender adecuadamente los problemas estructurales del empleo. La distribución del ingreso no sólo no mejoró durante el período sino que se volvió más regresiva y es una deuda pendiente para el conjunto de los países progresistas de América del Sur.

Un estudio del PNUD sobre desarrollo humano en Chile marca las subjetividades de la sociedad y señala que la modernización se acompaña de profundo malestar, descontento y desconfianza. Hay miedo al otro, a la exclusión, al sin sentido. Se desconfía de las acciones colectivas y de la acción política. Los chilenos bloquean sus sueños, que quedan restringidos al bienestar de sus hijos. Sus aspiraciones se refieren al ámbito personal y no al colectivo. Es que se debilitaron las redes de seguridad a cargo del Estado, las religiones y las ideologías.

En nota anterior, nos preguntamos si las condiciones internacionales facilitaban o dificultaban la factibilidad de las transformaciones requeridas. Se podría contestar que estructuralmente no, por las dificultades de acceso a los mercados de los países desarrollados, pero en la coyuntura los incrementos significativos de los precios internacionales de los principales rubros de exportación han aportado al crecimiento económico. Nos preguntábamos también si estaban suficientemente elaborados los nuevos modelos económicos y sociales requeridos.

Un documento firmado por varios legisladores de la Concertación de Chile, denominado “La disyuntiva” , nos da algunas pistas para responder esta interrogante. Dicho documento señala: “Aunque en retroceso en el mundo, el enfoque neoliberal mantiene en Chile, y al interior de la Concertación, una innegable influencia. No se trata por cierto de poner en tela de juicio la necesidad del rigor económico y la importancia de mantener equilibrios macroeconómicos sólidos. Esto está completamente fuera de duda. El país tiene activos reconocidos en este campo y ha rendido satisfactoriamente múltiples exámenes. Lo propio del neoliberalismo es otra cosa: la primacía de una racionalidad puramente tecnocrática, que desconfía profundamente de lo público, que cree incluso en las soluciones únicas cuyos grandes protagonistas son el mercado y los actores privados. En este enfoque la satisfacción de las necesidades de las personas es un resultado ex-post y no el punto de partida de las políticas públicas”.

La influencia de este enfoque neoliberal que impregna distintas áreas se centra en el Ministerio de Hacienda de Chile: “El Ministerio de Hacienda no sólo establece un marco presupuestario al resto de las instituciones, lo que es evidentemente imprescindible, sino que interviene prácticamente en todas las definiciones sustantivas. En no pocos casos, la opinión de un sectorialista de Presupuesto ha primado respecto de la opinión de un Ministro (…). El gran poder que radica en Hacienda y Presupuesto no siempre es sinónimo de eficiencia. (…) La aversión al riesgo no es un mal del cual estén exentas las autoridades económicas”. “Las opiniones que emanan de estos ámbitos adquieren una gravitación inusitada. Desde su perspectiva, mucho más importante que la cohesión social de un país es su nivel de acumulación de reservas fiscales, más importante que la inversión productiva es la mantención de fondos en el exterior, que a su vez pueden dar lugar a operaciones financieras altamente rentables para los bancos e instituciones financieras en los que estos analistas se desempeñan”.

“Este es, muy someramente descrito, el mecanismo a través del cual el Ministerio de Hacienda se ha transformado en una suerte de poder dentro del poder que termina marcando con su impronta la mayoría de las iniciativas gubernamentales. Esta tendencia, digámoslo con claridad, se refiere más a la lógica de un modelo que a la persona de un ministro… Pero le corresponde a la sociedad, a la política, al gobierno, al Parlamento, recordarle permanentemente que no es el único actor de la vida colectiva, que sus intereses deben ser puestos en concordancia con los de otros, que junto a la utilidad privada existe también la rentabilidad social, que los países que aseguran dinamismo en el largo plazo son aquellos capaces de generar grados crecientes de integración y cohesión social”.

Probablemente con estas afirmaciones de legisladores oficialistas de Chile empezamos a comprender la necesidad del reencantamiento de la izquierda o la existencia de frustración y descontento en amplios sectores de la sociedad chilena. *

(*) Senador del MPP – Frente Amplio

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