"Aunque a la gente no le guste, para cambiar hay que multar más y mejor"
La División de Tránsito y Transporte de la IMM abarca a todas las personas y los distintos medios de transporte que circulan por las calles de Montevideo, desde el que maneja una bicicleta hasta el peatón. Es una división muy amplia, que también se encarga de la normativa, la regulación, la inspección, el control de las libretas de conducir y todo lo que tiene que ver con el tránsito de la capital y el área metropolitana.
«La intendencia de Montevideo tiene una División de Tránsito y Transporte mucho más amplia y mejor definida que las de las restantes intendencias del país», aseguró De Toro. «Esto se debe a que la realidad de la capital es diferente a la del resto de Uruguay, ya que hay casi un millón medio de habitantes, una superficie de tres mil kilómetros de calles aproximadamente y la mayor cantidad de vehículos (350 mil) y flujo vehicular. No hay que olvidar que Montevideo es centralista; acá están el puerto y el aeropuerto de Carrasco, y todo lo tiene que ver con carga llega por distintos medios hacia aquí».
A pesar de esto, Canelones ha sido, históricamente, un departamento con mayor cantidad de accidentes que la capital. Al respecto, De Toro manifestó que eso se debe a que Montevideo lleva unos cuantos años de mejor ordenamiento, regulación y control de los medios de transporte que los restantes departamentos, en parte porque se cuenta con mayores herramientas, aunque existen también muchos impedimentos.
La Ley de Tránsito
Una de estas dificultades, según entiende el jerarca, es que en nuestro país no existe aún una ley nacional de tránsito. Esta tiene media sanción en la Cámara de Diputados y espera la aprobación del Senado. Apunta a tener un marco regulatorio general en el cual todas las 19 intendencias se muevan con los mismos elementos 20 o 30 normas, iguales para todos. Además, incluye la posibilidad de la creación de un organismo nacional que defina políticas y ordenamiento en el tránsito: la Unidad Nacional de Seguridad Vial.
La ley hace referencia también a un registro único de conductores y de infractores, y a la libreta única de conducir. Propone que las exigencias impuestas para obtener el documento sean las mismas en todo el país.
«Sin una ley nacional existen 20 interpretaciones diferentes de lo que es el tránsito, incluida la de Policía Caminera sostuvo De Toro. Todas funcionan en forma autónoma, con diferentes características. Un ejemplo es la obligatoriedad en el uso del casco. Hoy en día no hay un criterio único para medir las mismas situaciones que se dan en diferentes puntos del país».
El director de Tránsito de la comuna señaló que tampoco existe una base seria de información sobre la cantidad de accidentes que se producen en el país. Explicó que se cuenta con los datos del Ministerio del Interior, los de la Policía Caminera y los del Banco de Seguros. De Toro opinó que una base nacional de accidentes «sería un elemento científico, básico para poder definir políticas de tránsito».
«La ley no es la solución para todo, pero es una herramienta básica para empezar a trabajar en forma planificada y seria en el tema del tránsito», anotó.
La ley apunta a que los inspectores de tránsito municipales también puedan realizar los exámenes de espirometría, ya que hoy dependen del Ministerio del Interior para su realización. «Esto es todo un problema, ya que una cantidad importante de los accidentes de tránsito se producen por la ingesta de alcohol. Hoy en día, sólo la Policía de Tránsito puede realizar los exámenes de alcoholemia, ya que la ley se lo prohíbe a los inspectores de tránsito municipales», dijo De Toro.
El jerarca municipal explicó que, en varias oportunidades, para efectuar las alcoholemias el municipio debe pagar un servicio 222 que se encargue de los exámenes de espirometría. De Toro calificó esa instancia como «un total disparate».
Campañas de prevención y educación
Siguiendo con el tema, señaló que al no haber una ley nacional de tránsito, cada departamento del país cuenta con diferentes realidades en lo que tiene que ver con la accidentalidad. En Montevideo, por ejemplo, el año pasado disminuyó notablemente la cantidad de víctimas fatales y graves, producto de una serie de cuatro campañas de prevención: la del cinturón de seguridad, la del uso del casco, la del control de velocidad y del consumo de alcohol en los conductores. A diferencia de la capital, en el resto del país cada vez se incrementa más el número de accidentes y la cantidad de víctimas, fatales y no fatales.
«De todas maneras, estas campañas que se siguen llevando a cabo no resuelven ni van a resolver el tema de la accidentalidad en nuestro país.
Lo que sí van a hacer es disminuir las consecuencias de los accidentes. Si uso casco y tengo un accidente, no es que no me vaya a lastimar, pero puedo llegar a salvar mi vida.
Si cada vez se hacen más controles de alcoholemia, la gente se va a cuidar más a la hora de manejar y va a cumplir con la consigna de que si bebe no debe conducir», afirmó el entrevistado.
El especialista indicó que los accidentes son evitables, ya que el 95% se produce por imprudencia humana, tanto de los conductores como de los peatones. La política de esta división municipal, que apunta a la disminución de los siniestros, está enfocada a largo plazo, y para ello se trabaja no sólo con los niños y jóvenes, sino también con las personas adultas.
«La ley de tránsito admite que la educación vial pase a formar parte de una materia curricular.
De todas maneras, en los últimos doce años un millón doscientos mil niños y trescientos mil jóvenes pasaron por las distintas escuelitas de educación vial que pertenecen a nuestra división», explicó el jerarca.
Los accidentes de tránsito son la primera causa de muerte en los menores de 35 años, y la tercera en la población general. «Los jóvenes no sólo disminuyen porque se van al exterior: una gran cantidad también se muere en accidentes de tránsito. Ante esa realidad, en vez de quejarnos y no hacer absolutamente nada hay que ayudar y comprometerse en lo que a cada uno le corresponda para disminuir el número de accidentes», opinó De Toro, quien no dudó en señalar que en nuestro país «hay mucho discurso con respecto al tránsito pero se hace muy poco».
Para cambiar esta realidad, el director de Tránsito propuso «seguir educando y haciendo campañas en educación vial», e insistir en que los medios traten de no centrarse «sólo en la parte truculenta de los accidentes, que es la que vende más, y den un mensaje constructivo».
«Los medios siguen hablando de accidentes de tránsito, cuando deberían hablar de siniestros. Un accidente transmite la idea de algo inevitable, y los accidentes de tránsito sí son evitables», apuntó.
Multas e inspectores
En cuanto a las multas, las estadísticas de los últimos años muestran que cada vez se aplican más. En 2005 se aplicaron 178 mil multas, y el pasado año 220 mil. El ranking de las multas está encabezado por las de no uso del cinturón, seguido por las de exceso de velocidad y por la de ingesta de alcohol. A pesar de que el personal de inspectores se ha reducido de 2005 a esta parte (actualmente hay 160), en los últimos años la cantidad de multas se ha incrementado.
«Esto quiere decir que cada vez se multa más, a pesar de que para trabajar de manera adecuada se necesitarían 350 inspectores, de acuerdo a la cantidad de habitantes que tiene Montevideo. Para cambiar el panorama actual no sólo hay que educar y prevenir; también hay que multar más y mejor, aunque a la gente no le guste», aseveró.
El jerarca sostuvo que a aquellas personas que no respetan las distintas normativas de tránsito «hay que castigarlas» aplicándoles multas. Explicó que la multa, que también es educativa, es la única manera de disminuir el número de accidentes.
«El gran problema de los uruguayos es que se enojan con
los inspectores, no sólo porque les aplican la multa, sino también porque les marcan el error que cometieron. Esto pasa también con los jueces de fútbol y en distintos órdenes de la vida puntualizó De Toro. Yo invito a todos a que se paren en una esquina de Montevideo y miren cuántas faltas cometen no sólo los conductores sino también los peatones, que a veces son responsables de una cantidad importante de siniestros que se producen. La gran mayoría de los conductores y los peatones tampoco respeta los semáforos, que a la Intendencia le cuestan entre ocho y diez mil dólares aproximadamente. Sin embargo, todos viven pidiéndolos. Lo mismo pasa con los lomos de burro y con las cebras».
Por resolución ministerial del pasado gobierno, a los agentes de la Policía de Tránsito les retiraron la capacidad de poder aplicar multas. A fines del año pasado volvieron a tener la potestad de aplicar todo tipo de sanciones, al igual que los inspectores municipales, pero desde octubre de 2006 vienen llevando a cabo una campaña de observación en la que sólo multan cuando se cometen faltas graves que pongan en riesgo la integridad de las personas.
«Por suerte volvieron a tener la potestad de aplicar todo tipo de multas, ya que es sumamente positivo que junto con nosotros cada vez más personal controle el tránsito en Montevideo», finalizó diciendo el entrevistado. *
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