Escrito por: Antonio Pippo
-Lo importante es la salud…
-Y…, es lo que hay que cuidar…
-Por eso le digo.
Un diálogo así es posible que haya sido escuchado por una persona de mi edad miles de veces en esquinas, reuniones familiares, boliches, ómnibus, antesalas de consultorios, sepelios y hasta en playas y escolleras.
¿Por qué una inquietud tan respetable y tan vieja-, expresada por todos a cada rato, no ha tenido la respuesta que la propia Constitución de la República le asegura como un derecho?
Imagino la variedad de respuestas posibles, yendo de lo económico a lo social, de lo ideológico a lo político. Imagino la vastedad y pregonada certeza de las soluciones, yendo del equilibrio del mercado al imperio del Estado, de la integración controlada de los sectores público y privado al cambio de paradigmas en la atención preventiva de la salud.
Pero tengo un problema.
Frente a todo eso imaginado como aquel enorme elefante al que cada uno de los cuatro ciegos, abrazando una parte distinta del animal, creyó otra cosa- se eleva la imponencia incómoda de la realidad.
Vea, lector, ahora ha aparecido el Sindicato Médico sin fisuras entre quienes ganaron la elección y la histórica agrupación Fosalba- planteando discrepancias con el proyecto de reforma de la salud, el cual, mientras tanto, discurre a trompicones en el ámbito parlamentario. La corporación ha dicho que la reforma, que nació de los médicos, no incorporó las propuestas de los profesionales. Esto tiene toda la pinta de una riesgosa descoordinación.
Es extraño que un gobierno que consulta tanto, que convoca frecuentemente a debates y al aporte colectivo no haya advertido una situación semejante. ¿Cómo no se va a preocupar la gente? Por favor, que alguien encienda la luz y diluya esta oscuridad cada vez más densa. Porque hay otro diálogo que no quiero volver a escuchar.
-Qué quiere que le diga, si sigue así busco una curandera…
-¿Supo de ‘ña Juanita, allá por Raigón? ¡Pah! No yerra una con los yuyos… *
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