Escrito por: ANTONIO PIPPO
Fascina –hasta desde el punto de vista antropológico, no sólo político– ver a personas instruidas, versadas en asuntos regionales, empeñadas en demostrar que la integración latinoamericana nada tiene que ver con liderazgos.
El lunes pasado lo dijo el representante de Brasil ante la Aladi y el Mercosur, Regis Arslanián; ayer, fue tema del habitual aporte semanal en LA REPUBLICA del senador Alberto Couriel.
Confieso que sus argumentos son considerables y sé de la honestidad intelectual de ambos, gente proba, de talante constructivo. Me gustaría pensar como ellos, pero no puedo. Eso me ha causado una cierta incomodidad moral y hasta me he imaginado destinatario de un viejo chiste:
-Oye, Manuel, ¿tú quieres ser el líder?
-No, hombre, que ya bastante tengo con ser gallego.
Sin embargo, simple periodista que lee y reflexiona, sigo en mis trece. Ayer, para no hablar de hechos esenciales carcomidos por la vejez, he sabido que la Unión Europea le ha planteado a Brasil “una asociación estratégica”. Esto, según los propios europeos han divulgado a los cuatros vientos, significa el más estrecho nivel de su relación con otros países, establecido hoy día apenas con Estados Unidos, Rusia, Canadá, China, Sudáfrica e India. Igualmente, se han preocupado de aclarar que continuarán “negociando con el Mercosur”, que esta propuesta “no es una alternativa, sino un plus a la asociación con la región”, y que responde al concepto de política realista: “La importancia de Brasil en el mundo no tiene par en América del Sur”.
Caramba, si esto no es liderazgo, ¿el liderazgo dónde está?
-Manuel, coño, es que puedes ser gallego y líder también.
-Ah, eso es otra cosa. Pero mira, ¡no dejo de ser gallego por nada, eh!
En ciertas cuestiones es posible seguir discutiendo sin solución de continuidad. Sólo que siempre se impondrán los tercos hechos sobre las más delicadas verbosidades. Por eso creo –mera estrategia de supervivencia– que es bueno ir asumiendo la realidad. *
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