Algunas diferencias entre los países progresistas de América del Sur

En nota anterior analizamos la presencia de siete gobiernos progresistas en América del Sur y muchas coincidencias ideológicas y políticas. Todos ellos se manifiestan a favor de la integración latinoamericana, todos fueron electos mediante procesos democráticos limpios y libres, todos se declaran con posiciones antagónicas al neoliberalismo ­que primó en buena parte de la región en la década de 1990­ y se manifiestan claramente progresistas porque buscan la equidad y la justicia social. Todo ello marca las enormes potencialidades para futuras acciones comunes. Pero también muestran matices e inclusive diferencias en algunos temas relevantes, como las relaciones con Estados Unidos, con los organismos financieros internacionales, algunos elementos de política internacional y los cambios de propiedad.

En las relaciones con Estados Unidos hay estilos completamente diferentes. En un extremo se ubica el gobierno de Hugo Chávez, con un lenguaje muy duro contra el gobierno estadounidense y sus principales autoridades. Los gobiernos mantienen una relación de confrontación permanente en el plano político. Sin embargo, el intercambio comercial ­especialmente las exportaciones de petróleo a la potencia dominante­ no ha sufrido cambios. También surge un lenguaje relativamente duro con la política de Estados Unidos por parte de los gobiernos de Ecuador y Bolivia. En los hechos, estos tres gobiernos han conformado, junto al gobierno de Cuba, el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Américas) con objetivos socialistas, que no integran los otros cuatro países progresistas de la región. Los gobiernos de Uruguay, Chile y Brasil usan un lenguaje más amistoso con el gobierno estadounidense, sin perjuicio de criticar nítidamente su política externa, especialmente la invasión a Irak. Buscan amplificar por distintas vías sus relaciones comerciales: Chile mediante un Tratado de Libre Comercio, Uruguay con el TIFA y Brasil con acuerdos puntuales, actualmente concentrados en la posibilidad del uso del etanol como fuente energética. Argentina se ubica en una situación intermedia por su especial problemática vinculada al default de su deuda externa.

En las relaciones con los organismos financieros internacionales existe una posición cercana a cómo se definen sus relaciones con Estados Unidos. Chávez acaba de manifestar sus deseos de desvincularse del FMI y del Banco Mundial, y el presidente Correa, de Ecuador, pagó sus deudas al FMI y expulsó del país a los representantes del Banco Mundial. Los altos precios internacionales del petróleo y del gas facilitan declaraciones y acciones de esta naturaleza, vinculada a la historia de la izquierda en la región. El presidente argentino, Néstor Kirchner, realiza declaraciones muy duras con respecto al FMI. Pagó su deuda con dicha institución para no tener que atender sus conocidas condicionalidades. Uruguay, Chile y Brasil mantienen una muy buena relación con los organismos financieros internacionales. Chile, con una situación financiera muy estable, hace muchos años que no tiene acuerdos financieros con el FMI, pero en general ha mantenido una política económica de corto plazo bastante ortodoxa. Brasil y Uruguay acaban de pagar sus deudas con el FMI, no quedan sujetos a las condiciones de dicho organismo pero siguen manteniendo políticas de corto plazo relativamente ortodoxas que son muy valoradas por dicha institución.

En lo atinente a la política internacional, Venezuela se diferencia netamente del resto de los países progresistas por su acercamiento al actual gobierno de Irán, fruto de su relacionamiento con la OPEP y de su estilo de permanente confrontación con el gobierno estadounidense. Inclusive esta posición con respecto a Irán ha causado algunas dificultades con el gobierno argentino, ocasionando la renuncia de un alto funcionario del gobierno de Kirchner. Los estilos de las declaraciones de Chávez han generado algunas dificultades con los gobiernos de Chile. Ultimamente Venezuela ha cambiado su embajador en dicho país por problemas derivados de sus declaraciones.

También surgen diferencias en el tema de la propiedad, de gran relevancia en los programas de la izquierda de la década de 1960. Con el fracaso de la Unión Soviética, temas centrales como el pasaje de la propiedad privada a la propiedad estatal y del mercado a la planificación han perdido vigencia. Sin embargo, la presencia de empresas del Estado en sectores económicamente estratégicos se mantiene vigente en muchos programas de los gobiernos progresistas, máxime teniendo en cuenta la ola privatizadora de la década de 1990. Venezuela y Bolivia se ubican claramente en una posición de recuperación de la propiedad en sus sectores estratégicos vinculados a los recursos naturales, que son su fuente de crecimiento y de inserción internacional. La estatización de empresas trasnacionales vinculadas a estos sectores y a los servicios públicos en Venezuela es una cabal demostración de esta política. Se efectuó sin conflictos en la medida en que se pagaron las indemnizaciones correspondientes. Con características cercanas se están dando procesos en Bolivia, aunque con mayores conflictos, sobre todo en las negociaciones con Petrobrás, que generaron ciertas dificultades de relacionamiento entre Lula da Silva y Evo Morales. En cambio, no surgen procesos de cambios de propiedad, ni nacionalizaciones ni estatizaciones en los modelos de los gobiernos de Brasil, Chile y Uruguay, y muy leves intentos en Argentina.

Pese a estos matices y estas diferencias entre los siete países progresistas de América del Sur, las potencialidades se mantienen intactas para avanzar en la integración y para mejorar su poder de negociación con respecto al mundo desarrollado. Para evaluar la relevancia de estas diferencias veamos el ejemplo de la Unión Europea en política internacional o en el relacionamiento con Estados Unidos. Con una historia de 50 años no ha podido mantener una unidad de acción en el campo internacional. Los problemas de la ex Yugoslavia, los de Kosovo y la invasión a Irak son ejemplos claros de notorias diferencias. En la invasión estadounidense a Irak, Alemania y Francia claramente se opusieron, mientras los gobiernos de Berlusconi en Italia, de Aznar en España, de Sampaio en Portugal y, muy especialmente, Blair en Inglaterra acompañaron a Estados Unidos. Sin embargo, la Unión Europea no sufrió ningún menoscabo por esta situación. También es interesante el ejemplo de la Unión Europea en cuanto a rasgos de solidaridad al apoyar a las economías de menor desarrollo relativo, como las ayudas que otorga a Portugal, España y Grecia. Tal vez, muestras de solidaridad de la misma naturaleza pueden encontrarse en algunas decisiones del gobierno de Venezuela en relación a determinadas ayudas económicas a Argentina, Uruguay y Bolivia.

La integración latinoamericana no tiene conflictos de liderazgo. Sin duda son mucho más relevantes las coincidencias que las diferencias. El tema del etanol no es fuente de conflicto porque es perfectamente complementario de otras fuentes de energía; Chávez y Lula ya se pusieron de acuerdo sobre este tema. Los procesos de integración son muy complejos, máxime cuando se parte de muy bajas relaciones comerciales de Brasil o de Venezuela con el resto de los países de la región. La estrategia integracionista es vital y es un proyecto de mediano plazo. Aprovechemos al máximo las coincidencias y enfrentemos las diferencias con el mayor realismo posible. Entre estas diferencias también se ubica el conflicto puntual entre Argentina y Uruguay por las plantas de celulosa, que no debería afectar las enormes potencialidades del proceso de integración. *

(*) Senador de la República. Economista.

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