Escrito por: ANTONIO PIPPO
De pronto, entre el fárrago cotidiano de hechos sobresalientes, hábitos imperturbables y variadas estupideces, uno descubre que se ha hecho algo sencillo con una consecuencia conmovedora.
El Observatorio Montevideo de Inclusión Social y la Unidad de Información Geográfica de la Intendencia capitalina coincidieron, luego de respectivos estudios de situación, en que el Mides debe trabajar con personal capacitado en la obtención de datos personales. Tal el resultado. ¿Qué lo disparó? Pues un dato simple: el 23% de los beneficiarios del Plan de Emergencia no ha podido ser localizado. Cualquiera puede imaginar cuán importante es resolver esta suerte de evanescencia geográfica de tanta gente, ahora que se apunta a algo más complejo dirigido a la misma población: el Plan de Equidad.
Es revelador conocer el diagnóstico. El sociólogo Gustavo Leal, del Observatorio Montevideo, dijo que, en estos casos, “si el Mides tuviera que mandar una carta, el 41% llegaría correctamente, en 26% de los casos la entrega dependería del cartero, de su dedicación a preguntar entre los vecinos o de su conocimiento de la zona, y el restante 23% no se podría identificar”.
¿Pudo preverse, aunque, de todos modos, sea tranquilizador que el problema se haya detectado?
No sé. Pero como sociedad movilizada hacia la solidaridad con los más desposeídos, llena de buenas intenciones y de esfuerzos de otros ciudadanos, parece al menos conveniente que se adviertan a tiempo esas pequeñas cosas que, al cabo, se hacen tan incómodas.
Sería una pena que, aun tan solidarios, terminásemos representando aquella escena del señor que ensayaba, solemne por unanimidad ante el espejo, un prolijo discurso para la academia, con ajustes aquí y allá de las ideas y los términos. Y justo en ese momento crucial, desde el cuarto de al lado, suena la voz del vecino que, al llegar de su trabajo, quiere aliviar otro tipo de preocupación preguntándole a su mujer:
¿Ha hecho su caquita la nena?
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