La propiedad privada

Escrito por: ELEUTERIO FERNANDEZ HUIDOBRO (*)

Jueves 17 de mayo de 2007 | 4:03
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El capitalismo combate todos los monopolios menos el suyo. Tan cruelmente sincero en otras cosas, en ésta se agazapa en colosal hipocresía.

Los socialistas somos radicales partidarios de la propiedad privada. Para todos.

Cada ciudadano tiene derecho a la propiedad de su casa, herramientas, vehículos, salud, cultura, diversión, trabajo, ahorros, jubilación, tiempo libre, creación, iniciativa y, en fin, la de todos aquellos bienes cuya propiedad y ejercicio no sirva para negar la propiedad de otras personas, entre ellas la del valor de su trabajo. Agregar que no permitan violar los derechos humanos y la vida, sería una exageración impropia.

La pobreza, la indigencia y todas las demás formas de la miseria no las vamos a incluir en estas reflexiones porque están prohibidas y repudiadas por razones de simple orden público. Eso no debería pasar ni en el capitalismo. Luchar contra esas lacras no es tarea de la sociedad socialista sino de la capitalista.

La sociedad socialista será nacional por su forma pero internacional por su contenido. Debemos agregar ahora que no puede ni debe construirse sobre la base de un desastre económico y social sino sobre la de una sociedad desarrollada en la que una serie de importantes bienes materiales, espirituales y culturales esté disponible.

Toda otra construcción es o bien capitalista o bien, para el caso de las naciones y pueblos oprimidos por otros o por el Imperialismo, tarea de la liberación nacional y no del socialismo. Sospechamos en base a pruebas de público conocimiento que será más difícil esta fase que la propiamente socialista.

Va de suyo, como una larguísima polémica y una implacable realidad se encargó de demostrar, que el socialismo no se puede construir en un solo país y mucho menos del tamaño de Uruguay.

Hoy no sólo acá sino en muchos lugares resulta casi imposible construir el reformismo en un solo país. O como ya dijimos: “Construir el Uruguay en un solo país”. Tanto más el socialismo.

Este concepto “estratégico” está muy vinculado al anterior porque las condiciones materiales propicias en un solo país deberán estar, forzosamente, amplificadas y fomentadas por las que rodeándolo, provienen del exterior. Si del exterior sólo van a provenir agresiones, la cosa se pone brava o imposible, en especial para países pequeños.

Parece ser que en Rusia, la Revolución a la postre victoriosa fue la de febrero y no la de octubre. Contra todas las apariencias. Y es de hacer notar que a lo largo de mucha sangre, heroísmo y años, incluso no se trató de un solo país sino de un conjunto que abarcó a la mayoría de la población mundial pero, como el asunto es lamentablemente económico, tampoco valen ni la cantidad de países ni la cantidad de habitantes sino esas leyes inexorables. Un problema de calidad más que de cantidad o, si se quiere, de cantidad de recursos económicos. En este debate, vuelve la histórica polémica entre socialistas utópicos y científicos. No basta con querer, ni decir, ni declarar, ni gritar.

A nuestro juicio se cometió y comete actualmente otro error: confundir propiedad socialista con propiedad del Estado.

Esta última es perfectamente factible en el capitalismo (ver: Uruguay). No sólo factible sino inherente a él.

El socialismo no puede ser una gran Oficina Pública. Tampoco un conjunto centralizado de Empresas Públicas centralizadas.

El socialismo es lo que la palabra dice: la propiedad social de los medios de producción.

La propiedad de las cooperativas reales, sindicatos, clubes deportivos, sociales, culturales, etcétera, es privada: pertenece al conjunto social concreto que compone esas entidades. Prefiguran el tipo de propiedad socialista.

Los trabajadores clasistas sindicalizados del Uruguay se opusieron siempre y oponen hoy a toda injerencia estatal o partidaria en sus asuntos.

¿Proponen acaso en Uruguay que, llegado el socialismo, los sindicatos y sus bienes pasen a ser del Estado o de los partidos?

Hubo y hay ciertas ideologías que contestan afirmativamente dado que en el socialismo el Estado será de los trabajadores y el Partido (entonces forzosamente único) también. Y que por ahora debe ser distinto porque el Estado es burgués y todos los demás partidos, salvo el de cada uno, también.

Debemos, por lo menos en estos apuntes, ser coherentes: si proponemos la libertad, la descentralización del poder al máximo posible y la reducción del Estado tendiendo a su disolución, resulta obvia la discrepancia con la ideología citada.

En todo caso, y argumentando al revés, el Estado en el socialismo sería de tal naturaleza, muy distinta a lo conocido, que tendería forzosamente a su autodisolución.

Entonces, y para nosotros, el socialismo es la sociedad organizada de modo tal que en ella: 1.) La propiedad y el poder será de los ciudadanos concretos de carne y hueso en cada entidad política descentralizada. 2.) De los trabajadores concretos, de carne y hueso, en cada medio de producción donde ellos trabajen salvo en las empresas públicas que puedan ser necesarias porque en ellas los únicos propietarios serán los ciudadanos que las crearon y a quienes dichas empresas deben servir. Como el Estado será descentralizado al máximo y su poder diseminado, puede haber empresas públicas que abarquen todo el país y puede haberlas apenas de un pueblito. Pero cada puebito, cada autonomía vecinal, será propietaria de ambas. Y los trabajadores de esas empresas serán empleados de esos vecinos. Seguirán teniendo “patrón”. 3.) De los ciudadanos que como hoy decidan por sí y ante sí crear cualquier tipo de entidad social, cultural, sindical o partidaria que para sus fines tengan propiedades.

Porque la “clase obrera” y en general la ciudadanía, no sólo deben ser vistas “desde la fábrica” y “en la fábrica” sino, y principalmente, desde su casa, su barrio y su pueblo y en ellos. En la “fábrica” se vivirá pocas horas (cada vez menos) y pocos años de la vida. Las demás serán vividas en otros lados, donde además vivirán la niñez y la ancianidad. Y porque no sólo por la explotación económica sufre el ser humano: también, y muchas veces más, por cantidad de opresiones: de género, edad, color de piel, nacionalidad, ideas, cultura, violencias, delitos (que los habrá)… Y ellas por lo general se expresan en las calles y en las casas. Por eso en el socialismo sería inconcebible una Policía como la de ahora: dirigida desde el centro y manejada por un omnipotente poder central. Como puede verse, hay muchas cosas que hoy preanuncian el socialismo y otras que deberían ir preanunciándolo. (Continuaremos) *

(*) Senador de la República. Escritor.

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