El día después de la inundación
Muchas personas comenzaron a retornar a sus hogares en Treinta y Tres, en particular aquéllas que sufrieron en menor grado la embestida del Olimar. El trabajo más importante que comienza para las autoridades es apoyar a los pobladores para que sus casas vuelvan a ser lugares habitables y seguros.
El intendente Gerardo Amaral explicó a LA REPUBLICA, en su despacho de la Intendencia, que la etapa más complicada de las inundaciones es el retorno de la población a sus hogares, sobre todo de la que nunca antes había atravesado una situación similar. El mayor peligro está, según el jerarca, en que los evacuados no tomen conciencia de que sus viviendas ya no son lo que eran antes de la crecida.
Los hogares ya no son los mismos
«Los evacuados que regresen pueden encontrarse con víboras venenosas en sus dormitorios, porque llegan con la resaca y paran donde se detiene la corriente. Tampoco saben que cuando el agua pasa el nivel de la instalación eléctrica y prendés la luz podés electrocutarte, porque las paredes pueden estar electrificadas», explicó el intendente.
Otro problema es el desborde de las cámaras sépticas y los pozos negros, que contamina las aguas. Amaral fue gráfico al explicarlo: «Un colchón que quedó sumergido es una esponja de bacterias y hay que tirarlo».
También hay un alto riesgo de enfermedades, como la leptospirosis, que es transmitida por la orina de las ratas. «Para minimizar los riesgos hay que hacerlo con educación.
Además, se requieren desinfectantes, como hipoclorito de sodio para lavar vajilla, toallas y repasadores, y cal para blanquear las paredes», señaló el jefe comunal. Todos estos elementos se entregan gratuitamente en la Intendencia de Treinta y Tres.
La donación de Juan Pérez
Todavía no hay cifras exactas del monto de donaciones que ha recibido Treinta y Tres, pero el intendente explicó que se están confeccionando planillas de recepción para poder rendir cuentas a los donantes. «Sí, por ejemplo, viene una donación de Juan Pérez de Maldonado, éste debe saber a qué familia se donó su frazada o su colchón», dijo Amaral.
Para el jerarca es muy importante el destino de las donaciones. Por ello, se sigue un criterio «muy riguroso» para elegir los destinatarios, para que no existan superposiciones entre las instituciones encargadas de la distribución. «Siempre aparece alguno que se aprovecha de la situación, pide en todos lados y deja sin nada a quienes lo necesitan», comentó el intendente.
Todavía faltan miles de colchones
Amaral indicó que la comuna no cuenta hoy con los al menos 6.000 colchones que serán necesarios para la población olimareña damnificada.
A pesar de ello, todos los días llegan nuevos cargamentos.
Mientras el jefe comunal relataba su trabajo, en una habitación ubicada a la entrada de la Intendencia se destacaba una torre de colchones, y en el hall de acceso al edificio se amontonaban decenas de grandes bolsas llenas de vestimenta, esperando ser entregadas.
Sobre las versiones de saqueos que aparecieron en la prensa capitalina, el intendente volvió a desmentir que existieran, pero advirtió que hay policías vestidos de civil y uniformados que vigilan los botes que se mueven entre las casas inundadas.
En general, éstos pertenecen a los dueños de las viviendas, que buscan rescatar algunos electrodomésticos o muebles antes de que se estropeen por el agua. *
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