Club de Artistas
En cada barrio nunca faltaba un vecino que tuviera berretines de artista. Tocar la guitarra, cantar o zapatear y bailar como Fred Astaire. Agarraban coraje y se presentaban en aquellos famosos «Concursos de Estrellas», auspiciados por los ricos Waffles Delta, en la fonoplatea de la añeja Radio América. El público alentaba y aplaudía a ese vecino o amigo que había decidido mostrar sus virtudes frente al grandote micrófono que tenía colgando una banderita con el número de aquella CX 46. Aparecían imitadores de Bing Crosby, Chevalier y hasta algún audaz que soñaba con ser como Gardel. También aparecían grupos de muchachos que con panderetas, guitarrones y tumbadoras seguían la senda de los Lecuona Cuban Boys. Ese ritmo de charangas y congas había pegado fuerte en el Montevideo de mitad del siglo XX. De esos concursos de artistas aficionados salieron grandes orquestas que hicieron bailar a los vecinos de esos lejanos días. Llegó a ser muy conocido el director llamado Johny que con su orquesta caribeña tenía el lujo de tener a la cantante Virginia Raymond, una rumbera nacida en Uruguay. Habiendo surgido en un certamen de aficionados esa orquesta hizo mover el esqueleto a los entusiasmados bailarines. En la sala llamada «Club de Artistas», de Constituyente y Yaro, todos los fines de semana había colas de muchachas, hombres y parejas incondicionales de ese baile del Centro. En su coqueto escenario siempre actuaba el Quinteto de Santiago Luz que ponía la nota de jazz entre esos fanáticos bailarines. Cuando el recordado moreno subía al escenario del «Club de Artistas», el ambiente se llenaba de swing y la música del gran Benny Goodman se paseaba en ese enorme salón lleno de globos y guirnaldas de colores. El mágico clarinete de Santiago Luz hacía el milagro de que un público admirador de las tropicales congas se largara a la pista y disfrutara del buen jazz bailable olvidando por un rato los ritmos caribeños. Otra gran orquesta de esos años 50 fue la llamada «Indiana Pal’s» que en una enorme bañadera visitaba todos los rincones de Montevideo y sus salones de baile. Esos meritorios músicos amaban la música americana de Nueva Orleans y llevaban a los barrios el sonido del lejano Mississipí. Música de dixiland para que todos saltaran y algunos blues medio tristones para que las parejitas apretaran de lo lindo. Las fonoplateas radiales también tuvieron la virtud de hacer conocer masivamente a conjuntos nacidos en el Carnaval de antaño y que luego de esas presentaciones radiales eran de inmediato invitados a tocar en las principales salas de baile. Esa fue la historia de la alegre muchachada del conjunto «Brasil Pandeiro» que por febrero recorrían los tablados y luego de haberse presentado en fonoplatea de la Radio Nacional, llegaron a trabajar todo el año en los populares salones. Ya por la década del 60, orquestas como la de Washington Oreiro, la jazz de Labanca, los Hot Blowers y Sergio y su Clave Azul siguieron ese camino de música de calidad que hizo bailar a los vecinos de antaño. Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *
COORDINACION:ANGEL LUIS GRENE
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