Escrito por: ANTONO PIPPO
¿Qué es una satisfacción?
De varias acepciones, prefiero estas: “Razón, acción o modo con que se sosiega y responde enteramente a una queja, sentimiento o razón contraria” y “cumplimiento del deseo o del gusto”.
Aceptando ambas, podemos constatar que hay satisfacciones grandes, chicas, medianas, totales, parciales y aquellas asimilables a “más o menos”, a “¡qué brutal, loco!” y a “es lo que hay, valor”.
Tal vez porque la lluvia de estos días me indujo al aburrimiento, decidí analizar a cuál de esas calidades de satisfacción correspondió, para la enorme mayoría de los ciudadanos, ver al Goyo ingresar a un juzgado penal por primera vez en carácter de indagado.
Creo que fue a una mediana, con tendencia a chica, y asimilable a “es lo que hay, valor”.
Muchos anhelaban una satisfacción más grande, quizás definitiva, desde los ingenuos que supusieron que diría al menos parte de la verdad hasta los que, ya agotada toda paciencia, ni siquiera pudieron tirarle unos huevos colorados que portaban, incautados con frialdad profesional por la Policía.
Lo que pasa es que con esto de las satisfacciones hay que ser realista.
Un tipo así, astuto, insensible, perverso, hábilmente asesorado, ¿qué otra cosa iba a hacer, en una indagatoria sobre hechos que pueden involucrarlo hasta la verija, que aludir a su avanzada edad y perder la memoria? Menos mal que no apeló a la catalepsia, porque es tan pícaro que pudo fingir ese accidente nervioso repentino, de índole histérica, que suspende las sensaciones e inmoviliza el cuerpo en cualquier posición (aun caído de espaldas, como él sueña). Por otra parte, ¡es tan tupida e intrincada la red de complicidades construida por estos monstruos!
Sólo el día en que el vejete ex dictador pueda ser juzgado por violar la Constitución el pueblo sentirá una de esas satisfacciones grandes, intensas, totales, asimilable a “¡qué brutal, loco!”.
O sea –y pido perdón por la vulgaridad– como la expulsión de una necesidad fisiológica.
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