Ingresos que mutualistas obtienen por tiques aumentaron en la última década
Según la investigación de la economista Fanny Trylesinki, presentada ayer por la Federación Médica del Interior (FEMI) y la Facultad de Ciencias Económicas y Administración, el ingreso económico que las mutualistas obtienen por tiques se ha ido incrementando a lo largo de los años. En la década de los 90 correspondía al 5,9% de los ingresos operativos de las instituciones de asistencia médica colectivas (IAMC), cifra que pasó en el ejercicio 2004/2005 al 9,1%. En ese mismo período, los medicamentos constituyeron el 71% de los tiques en Montevideo, y el 89% en el Interior. Por otra parte, en la capital el 12% de los tiques corresponde a análisis de laboratorio, número que se reduce a un 3% en el resto del país. El porcentaje restante corresponde a otras técnicas de diagnóstico.
Otro elemento que surgió de la investigación sobre el sistema de tasas moderadoras en los servicios de salud privados del Uruguay fue la comprobación de que el valor de los tiques y la órdenes siempre estuvo por encima del Indice de Precios al Consumo (IPC), al contrario de la cuota mutual, que siempre lo acompañó.
«En el caso de las órdenes, el mayor aumento se dio entre 1993 y 1995. La decisión de disminuir drásticamente el precio de las órdenes a consultorio de medicina general, pediatría y ginecología para control de embarazos, a comienzos de 2001 provocó una caída de 40% del indicador», explica el trabajo.
Una carga difícil
«Las tasas moderadoras, los copagos, los tiques y las órdenes significaban a nuestra llegada al ministerio (de Salud Pública) una traba a la accesibilidad de la atención, un impuesto a la enfermedad», afirmó el director general de la Secretaría del MSP, economista Daniel Olesker.
Los copagos son el pago directo que realizan los pacientes por los servicios de salud en el momento en que éstos son utilizados (tiques, órdenes, etcétera). «En los sistemas de salud basados en los seguros, los copagos se justifican como mecanismo para moderar la demanda, ya que se considera que si los usuarios no comparten de algún modo los costos, tenderán a demandar más servicios médicos (lo que implica un «abuso moral»). De esa forma, los copagos constituyen un elemento disuasorio de esa conducta», explica la investigación universitaria.
Además, el informe señala como una particularidad del sistema de cobertura de salud uruguayo que el mecanismo «colectivo y coercitivo del seguro social está destinado a las personas en actividad laboral, es decir, los grupos poblacionales menos vulnerables. Por el contrario, el mecanismo de pago de bolsillo y el sistema público queda para las personas en inactividad (niños y ancianos), que son precisamente los más vulnerables».
Los copagos más injustos
Un problema que planteó Trylesinki es la existencia de los copagos no monetarios, entre los que se incluye la espera de varios meses para atenderse con un médico. «Estos copagos tienen que ser explícitos; los socios los deben conocer y se tiene que aplicar a todos los prestadores. Pero en Uruguay son un secreto muy bien guardado, no sólo en los hospitales públicos sino también en las IAMC», aseguró la economista. «Pensamos que el nuevo sistema prevendrá estos temas, para armonizar los criterios de calidad», agregó.
Como conclusiones, el estudio expone varias sugerencias. La primera es definir el conjunto de servicios que se desea incentivar.
La segunda es diseñar una política específica de copagos para los enfermos crónicos, como la que ya se hizo con los diabéticos (exonerándolos de tiques y órdenes) y la que el gobierno implementará este año o el que viene para los hipertensos. Por último, se aconseja establecer un mecanismo transparente de exoneraciones o subsidios de ciertas categorías de usuarios.
Para la especialista, los copagos son necesarios para no generar un abuso del uso de los servicios médicos, pero también traen problemas y efectos secundarios.
El pago de órdenes y tiques tiene una influencia importante en la equidad, «ya que si no se diseñan adecuadamente pueden convertirse con facilidad en un impuesto a los enfermos, que afecta especialmente a los pobres con enfermedades crónicas», indicó Trylesinski.
El cobro indiscriminado de los copagos, sin diferenciar los ingresos de los pacientes, desemboca en que los individuos de menor ingreso que enferman «tienen que gastar una mayor proporción para recibir una atención sanitaria que los individuos enfermos de mayor ingreso», apunta el informe.
El estigma de las mutualistas
«En nuestro país, en el subsector privado de la asistencia médica colectiva el sistema de tiques y órdenes se ha aplicado y conocido desde siempre, pero ha ido sufriendo cambios que han desvirtuado su efecto moderador hasta transformarlo en una barrera en el acceso de los servicios. También ha sido una suerte de estigma para la asistencia médica colectiva», dijo el presidente de FEMI, doctor Yamandú Fernández.
El dirigente de las mutualistas del Interior explicó que la eliminación absoluta del mecanismo tampoco aportaría nada, porque generaría el «efecto perverso» de las listas de espera, un copago no monetario que constituiría un inconveniente para la accesibilidad del usuario a la salud.
«Entendemos que este tema dejó de ser exclusivo del sector privado y debe ser incluido en el marco de la reforma de la salud, a partir de políticas de aplicación comunes para los prestadores públicos y privados. Es un tema que no puede quedar librado a la libre resolución de cada subsector», afirmó Fernández. *
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