Miles de canarios protagonizaron numerosas fiestas camperas
Lejos en el tiempo queda aquella primera edición de la hoy tradicional Semana Criolla del Prado, en el año 1925, la más antigua fiesta criolla en su género en América Latina. Bueno es recordar que ese gran evento no nació de la nada; en un predio contiguo al que hoy ocupa la Asociación Rural del Uruguay se venían realizando, desde hacía mucho tiempo, actividades como pencas y jineteadas. No era otra cosa que acercar a la capital algo de lo que durante todo el año concitaba la atención de paisanos de todos los departamentos.
El auge de las jineteadas o «las domas», como se las llamó en algún momento comenzó a crecer una vez que se cumplieron a rajatabla las prohibiciones de las corridas de toros en Uruguay. En todo el país florecían esas «criollas sin almanaque» que convocaban un mundo de gente, entre quienes no faltaban los payadores y guitarreros, que reunidos al calor de las cocinas de los ranchos preparaban sus repertorios a lo largo del año.
Los ruedos canarios
Hoy se asiste a un fenómeno singular: el florecimiento de las fiestas camperas, el renacer de las «criollas sin almanaque», que convocan multitudes en todo el territorio. Quedaron atrás la Semana de la Patria Gaucha en Tacuarembó, la Criolla del Parque Roosevelt y la Criolla del Prado, todas en Semana de Turismo. Pero el 1º de mayo, Día de los Trabajadores, quedó consolidado también como una jornada de fiestas criollas y camperas. Una de las más antiguas, en el ruedo de Palmitas, contó con la presencia del jinete internacional brasileño Gercison Pinheiro y reunió a cerca de diez mil personas. En el Rincón Floridense también se dieron cita miles de personas, aun cuando el cielo encapotado no presagiaba una jornada de sol.
En el departamento de Canelones se realizaron al menos cuatro importantes fiestas criollas que convocaron a miles de canarios.
En La Chinchilla, en las cercanías de Atlántida, se llevó a cabo una tradicional jineteada que fue acompañada por numeroso público. En el ruedo de Las Nazarenas, en Paso Pache, sobre la Ruta 5, también se vivió una auténtica fiesta criolla, con jineteadas, payadores, asado con cuero y tortas fritas.
Progreso vivió, por vez primera, una criolla sin precedentes, que contó con importante concurrencia desde las primeras horas de la mañana.
En el Club Juventud, también sobre la Ruta 11, los cientos de concurrentes protagonizaron desde temprano una fiesta cuyos ecos aún perduran. Pruebas de rienda, el juego de la sortija, asado con cuero, bailes criollos, payadores y cantantes populares dieron el marco para un evento singular. Ahora, cuando recordemos a las tradicionales e históricas «criollas sin almanaque», sabremos que en muchos pagos como en los de Canelones ya tienen fecha fija: el 1º de mayo. *
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