Montevideanos piensan que los espacios frecuentados por jóvenes son peligrosos
Un grupo de jóvenes sociólogos e investigadores presentó ayer los resultados del proyecto de estudio «Usos y apropiaciones de espacios públicos de Montevideo y clases de edad», que pretende «fomentar políticas sociales estatales, para recomponer el lazo social» que existe entre las distintas clases y disminuir así la desigualdad entre los montevideanos, enfatizó la docente Verónica Filardo, coordinadora del proyecto.
La investigación fue financiada por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) y se realizó con técnicas que no fueron aplicadas antes en otros estudios académicos universitarios. La metodología del trabajo se centró en treinta grupos de discusión, conformados por varias personas, donde los actores discutieron y llegaron a consensos y disensos en determinados temas.
El proyecto tomó como principal objetivo el uso de los espacios públicos montevideanos, considerando desde el inicio que uno de los factores determinantes de la utilización es la edad de las personas y el sector económico en que se inscriben.
«Hemos encontrado fenómenos y dinámicas urbanas que demuestran que la edad de las personas, el lugar en el que habitan y la posición del espacio social que ocupan determinan distintos procesos de usos de la ciudad», comentó Filardo.
Según la investigación, muchas personas consideradas adultas de la clase alta sienten inseguridad al recorrer determinados espacios públicos y de a poco dejan de frecuentarlos. La causa de la incomodidad y del abandono casi siempre es atribuida a los jóvenes. Por otra parte, los jóvenes de clase media atribuyen la responsabilidad a los jóvenes de sectores más pobres, mientras que los más pobres tienden a acusar a alguien en particular (a «los de la placita» o a «los drogadictos») a quien reconocen y de quien se diferencian.
La calle da miedo
La falta de seguridad es uno de los principales justificativos a la hora de dejar de concurrir a parques, plazas, boliches y ámbitos públicos en general.
«Montevideo es una ciudad donde se verifican procesos de segmentación y de conflicto en los espacios urbanos. El tema de la seguridad ciudadana cobra una importancia fundamental para el uso de los espacios públicos. Los sectores de clase media y alta identifican algunos lugares de la ciudad que creen que son peligrosos y se retraen de su uso. Así se construye un recorrido de la ciudad claramente determinado», afirmó la coordinadora de la investigación. Eso sugiere la existencia de fronteras simbólicas en la capital, además de la confirmación de que hay lugares a los que determinadas clases no concurren. Esto genera una fragmentación social importante, que tiene una tendencia creciente.
A modo de ejemplo, los vecinos que viven próximos a la plaza Gomensoro en Pocitos han contratado un guardia de seguridad que selecciona y determina quien puede permanecer allí, dejando afuera del predio a quienes no desean los vecinos. El custodia controla de esta manera un bien que es público. De este modo se vive un proceso de apropiación de los espacios públicos, cuando en teoría todos podrían concurrir.
Lo mismo ocurre en el barrio Piedras Blancas. Allí una comisión vecinal instaló un portón en la calle San Cono, que a determinadas horas del día limita el acceso de los vecinos del asentamiento de la zona.
Las personas de clases sociales más pudientes tienen un uso del espacio de la ciudad bastante fragmentado y exclusivo, y comparten lugares con sus iguales. En cambio, los sectores más carenciados están impedidos de acceder a espacios privados, a excepción de sus casas, y son quienes usan los espacios públicos en mayor medida, representando la principal amenaza para las clases económicamente más poderosas.
Montevideo está peor
En general, la percepción de las personas consultadas es que los dinámicos cambios urbanos son negativos y hasta decadentes. El rol de los jóvenes despierta un fuerte pesimismo: se los considera «responsables de la inseguridad», de «la pérdida de respeto a los mayores» y de «la violencia», debido al «consumo de drogas», «la influencias tecnológicas que repercuten en forma negativa» y «la cotidiana ruptura de vínculos familiares». A eso se suma una prolongación de la juventud, principalmente en la clase alta, que se extiende hasta pasados los treinta años.
Un aspecto positivo que reconocen las personas consideradas jóvenes es la mayor libertad que existe hoy en día. Para muchos esta libertad significa democracia y el fin de la dictadura militar. *
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