ESTUDIAN PENAS PARA INCUMPLIDORES DE LAS MEDIDAS CAUTELARES

Comisaría de la Mujer atiende siete casos diarios de violencia doméstica

La Comisaría de la Mujer, dependencia de la Jefatura de Policía de la capital, recepcionó y atendió 792 denuncias o consultas referidas a situaciones de violencia en el núcleo familiar entre el 1º de enero y el 30 de abril. La atención a la víctima abarca desde la búsqueda de pruebas para la Justicia hasta la contención psicológica de la familia.

Escrito por: VICTORIA ALFARO

Jueves 03 de mayo de 2007 | 6:22
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Miria de Castro, al frente de la Comisaría de la Mujer y la Familia.

La Comisaría de Defensa de la Mujer y la Familia tiene a su cargo la resolución de todos los episodios de violencia doméstica en una población de un millón y medio de habitantes. Cuenta con 45 personas en su plantilla, incluida la auxiliar de servicio de limpieza. Varias son las etapas que una persona tiene que cumplir allí para dejar constancia de su problema.

En primer lugar, los denunciantes deben relatar lo sucedido a la agente de Policía que cumple el rol de oficinista, quien los escucha y le traslada el asunto al oficial de guardia. Este oficial realiza una serie de preguntas para comprobar si el asunto puede ser atendido por la Policía. Todos los casos de violencia ejercida en el núcleo familiar son tratados por esta dependencia.

En esta etapa, se pregunta a la persona si desea realizar la denuncia por escrito, en forma breve. Luego de hacerlo la víctima pasa a un lugar más íntimo, para que no quede expuesta al público. Entonces se le pide que detalle lo sucedido, para elevarlo a la Justicia.

“Preguntamos, entre otras cosas, desde cuándo la denunciante está casada o juntada, cuántos hijos tiene y si éstos concurren a centros de enseñanza. También le consultamos cuándo empezó la violencia y qué fue lo que la llevó a denunciar; si hay testigos, y si la agresión fue con la mano abierta o cerrada, con un revólver o con un cuchillo. Todo tiene importancia, hasta en qué lugar de la casa se produjo”, explicó a LA REPUBLICA la comisaria Miria de Castro.

 

Entre moretones, revólveres y cuchillos

La lesiones más comunes en las mujeres son las amenazas de muerte, que generalmente están acompañadas de un revólver o un cuchillo. También son frecuentes los hematomas en los ojos (producto de puñetazos), brazos, piernas y cuello.

Luego de la denuncia y la charla con la víctima, se cita a la comisaría al supuesto agresor, el cual generalmente acude. El testimonio de los dos más el aporte de los testigos se eleva al Juzgado penal de Turno y al de Familia especializado.

Cuando los pequeños son testigos de los hechos, la Policía tiene que pedir autorización a los dos jueces para que puedan ser indagados. “Tenemos un equipo de cuatro psicólogos para estos casos, o para cuando la mujer no se anima a denunciar al compañero pero sí necesita una contención”, dijo la oficial.

Después de conversar con el psicólogo, muchas veces la mujer se anima a presentar la denuncia. Si no es así puede ser derivada a otra institución pública, donde seguirá siendo atendida. “Si se constatan visiblemente las lesiones pero la mujer no quiere denunciar, le avisamos al juez. Este generalmente nos dice que hablemos con el supuesto agresor”, explicó De Castro. “Pero primero debemos brindarle a la víctima el apoyo emocional que necesita y luego darle cuenta al Juzgado”, agregó.

 

El abuso sexual y la violencia

Cuando se constata un caso de abuso sexual cometido por un integrante de la familia, la Comisaría de la Mujer recibe la denuncia, la trabaja y la eleva al Juzgado antes de que la víctima abandone el lugar. “El delito sexual a veces no muestra una lesión visible; entonces tenemos que dar paso inmediato al juez, al médico general y luego al forense”, detalló la comisaria.

Según la Policía, el abuso sexual entre esposos o concubinos no se denuncia. Cuando se hace, generalmente va acompañado del último golpe; casi siempre está unido a un hecho de violencia.

En el caso de que las víctimas sean niños, el abuso suele producirse en el círculo de conocidos de la familia. Lo más común es que la indagación del niño se haga a través de personal especializado, teniendo en cuenta que los menores de 13 años son muy vulnerables.

“Hemos tenido adolescentes mayores de 15 años que vienen solos a radicar la denuncia, pero por lo general llegan acompañados por la madre o el padre. Casi siempre asisten con las madres, pero al haber tantas parejas separadas tenemos muchos casos en donde los papás expresan dudas sobre si su hijo ha sido manoseado por el concubino o nuevo esposo de la madre”, relató De Castro.

 

Demasiadas denuncias

Los datos dicen que en esta comisaría han sido atendidas 792 denuncias en lo que va del año. “Son demasiadas, porque no hemos llegado al primer semestre”, sostuvo la comisaria. Durante el año pasado el total de casos fue de 2.640. Al analizar las cifras hay que tener en cuenta que cuando la violencia termina en la muerte de la víctima, en heridas por armas de fuego o una puñalada, las denuncias se reciben en la comisaría del barrio, por una cuestión de urgencia, y no pasan a la Comisaría de la Mujer, excepto si la víctima lo solicita.

Puede concluirse que los hechos de violencia doméstica superan con creces la cantidad de denuncias. Ni en Montevideo ni en el resto del país existe un registro centralizado de éstas, por lo que no se tiene un panorama real de lo que sucede. Las instituciones del Estado dedicadas a esta temática no poseen una estadística unificada, un problema que, según las autoridades, debe resolverse con prontitud.

Comúnmente, a la mujer le cuesta denunciar a su compañero cuando comienzan las situaciones violentas. “Tiene que haber todo un camino para que la víctima diga ‘éste no es el hombre del que me enamore’”, opinó De Castro. Muchas mujeres que han sido golpeadas no dejan constancia de la agresión o retiran la denuncia luego de que dan el primer paso. Generalmente lo hacen alegando un único motivo: la promesa de que los golpes terminarán. Las marchas atrás también tienen causas económicas. Cuando una mujer no tiene trabajo pero sí hijos, suele anteponer el sentimiento de madre al de mujer o esposa.

El grueso de las denunciantes tiene entre 30 y 40 años y, en general, un tiempo prolongado de convivencia. Sin embargo, también llegan a la Comisaría de la Mujer las más jóvenes, que acaban de iniciar una vida en común con sus compañeros.

 

Falta de coordinación

Un 10% de las mujeres repite la denuncia, aunque De Castro admite que si éstas se presentan en otras dependencias del Ministerio del Interior, la Comisaría de la Mujer lo ignora. “Falta coordinación entre los organismos. Lo ideal sería que los casos siempre estuvieran en manos de un turno judicial, pero eso escapa a nosotros”, dijo De Castro.

La comisaria defiende la actividad del equipo a su cargo. “A veces se nos reprocha no sacar de su casa al individuo agresor, pero la Policía no tiene autoridad para eso; es un resorte del Poder Judicial”, aseguró.

Una realidad muy preocupante es el caso de los chicos golpeados que crecieron y se convirtieron, a su vez, en adultos golpeadores. “No es una regla matemática, pero he visto casos de niños de nueve y 10 años que eran víctimas de violencia y luego, cuando son adultos, lo repiten”, relató De Castro.

Actualmente la comisaría ofrece a las madres que van con niños una taza de leche caliente y pañales. Sin embargo, De Castro aclara que no cuentan con sitios específicos donde llevarlos. “El 99% de los refugios son nocturnos, y los que son diurnos están llenos. Mientras no declara el presunto agresor y se da cumplimiento a la resolución del Poder judicial no podemos dejar a la familia en la calle, pero no tenemos la infraestructura necesaria para albergar y atender a las víctimas”, explicó la oficial.

 

Negaciones y excusas

Cuando el agresor debe declarar ante la Policía, su actitud inicial es una negación de los hechos. Luego pasa a dar excusas: las más comunes son que ella se cayó y se golpeó contra una cama o una repisa, o que él la empujó sin querer. Otro cuento repetido es que la agredió un tercero, del cual casi nunca se tiene el nombre. “Pocas veces hemos visto que la denuncia sea una mentira de la víctima”, indicó De Castro. El abuso psicológico es el más difícil de probar. Frases repetidas, como “sos una inservible”, y otras aún peores se dicen generalmente sin testigos, salvo niños pequeñ
os. “Es difícil entender el miedo que siente la víctima. A veces no tengo pruebas tangibles para darle al Poder Judicial, a no ser lo que la víctima siente”, aseguró la comisaria.

La violencia está presente en todos los sectores socioeconómicos, aunque la mayoría de los involucrados pertenece a la clase media o tiene un trabajo. También han recibido denuncias de mujeres de niveles socioeconómicos elevados. “Puedo asegurar que hemos recibido denuncias de personas que nadie imaginaría. Lo más triste es que después las ves en determinados ámbitos como si nada hubiera pasado”, relató De Castro.

 

Ni las bombachas se salvan

El consumo de pasta base ha aumentado los casos de madres que denuncian a sus hijos, antes minoritarios. Un evento emblemático que atendió la comisaría fue el de una mujer a la que le quedaban dos bombachas, una puesta y la otra en la casa, bajo llave, porque si su hijo se la encontraba tendida en la cuerda la vendería por cinco pesos.

Los casos de violencia ocasionados por la pasta base van en aumento. La comisaria indicó que cada vez son más las madres que piden que su hijo mayor de edad se retire de su casa. El tema necesita, según la oficial, “una respuesta urgente”, pues no existen sitios adecuados para la integración de los infractores, de los cuales “muy pocos dicen querer recuperarse”. *

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