A LAS OBRAS SOCIALES EN MARCHA SE UNIRA UN CENTRO CULTURAL EN EL EX CINE MIRAMAR

El Club Atlético Progreso cumple hoy 90 años de vida

Ubicado en el barrio de La Teja, en la esquina de Carlos María Ramírez y Ascasubi, el Club Atlético Progreso es un referente ineludible de la zona. Y no lo es sólo por el fútbol, sino también por su aporte comunitario, a través de dos centros neurálgicos: el comedor y la clínica odontológica que funcionan en la sede social y brindan asistencia a cientos de niños y adultos.

Sus 90 años encuentran a Progreso y a su directiva en un camino de nuevos emprendimientos desde el punto de vista social. En forma conjunta con la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM) se está en proceso de refaccionar el antiguo cine teatro Miramar, que es parte del local social, para convertirlo en un centro cultural.

 

Historia

De acuerdo a su historial, la institución popularmente conocida como los Gauchos del Pantanoso nació en 1914 en el conventillo Balaro, fundado, entre otros, por integrantes del sindicato de picapedreros. Allí participaban varios integrantes de la corriente anarquista, lo que llevó a que la institución se distinguiera con una casaca negra con vivos blancos. Los colores que actualmente luce en su camiseta se inspiraron en la bandera española, ya que en la zona de influencia del club había muchos inmigrantes que provenían de la Madre Patria, según afirman los documentos.

Será el 30 de abril de 1917 cuando se fundará oficialmente el Club Atlético Progreso, en esos momentos bajo la presidencia del maestro Héctor Verdeció. Por entonces comenzaron los trámites para integrar la Asociación Uruguaya de Fútbol, en la que debutaría en 1918 en la divisional tercera extra.

En 1922 Progreso se afilió a la Federación Uruguaya de Fútbol y pasó a integrar la divisional intermedia. En 1926 se terminó de firmar la documentación por la cual los terrenos delimitados por las calles Emilio Romero y Concordia, propiedad de la Administración Nacional de Puertos, serían concedidos al club. Por entonces, el presidente era Abraham Paladino.

Diez años después, y ya con la vuelta a una sola asociación, se creó el profesionalismo en el fútbol uruguayo. Progreso tenía dos caminos: la fusión con otra institución o la inversión del escaso capital del club en sus instalaciones. Dos dirigentes trabajadores del la empresa Campomar se reunieron con el dueño de la empresa, que donó el alambrado para el predio de juego, el cual inmediatamente se bautizó como Parque Miguel Campomar, en reconocimiento al empresario.

En 1942, Progreso y otros clubes integraron por primera vez la segunda división, de la que saldría campeón en 1945 para alcanzar el sueño de jugar en Primera. El año 1946 fue muy complicado en lo deportivo, y Progreso descendió y no volvió a la primera división hasta 1980.

Esos 33 años de transición se vieron marcados por constantes descensos y ascensos a Intermedia. En 1956 Progreso salió campeón de esta divisional. En el 75 también triunfó, y en 1978 se consagró como campeón de la «C» por última vez. En esa época se adquirió la actual sede, en lo que era el ex cine Miramar.

El año 1979 marcó un cambio importante. Asumió como presidente, en plena dictadura, Tabaré Vázquez. Ese año Progreso salió campeón. En los años venideros el club osciló entre todas las posiciones de la tabla, hasta llegar al descenso en 1995. En 2001, Progreso ganó la final y retornó así a Primera División.

En esos tiempos se proyectaron varias obras. Se edificó una nueva secretaría en la sede, la cuarta tribuna del Parque Paladino y los comodatos precarios del Parquecito Ancap y el complejo Daniel Marsicano (UTU Marítima), en homenaje a un referente ineludible de Progreso, que ha sido directivo y trabajador social en la zona.

Tras descender a la Segunda División Profesional, los Gauchos del Pantanoso retornaron, a mitad del pasado año, a Primera División.

 

Al servicio del barrio

El comedor del Club Progreso atiende unos 120 comensales, entre niños y adultos. El almuerzo se sirve de lunes a sábados, entre las 11.30 y las 12.00 horas, a lo que se suma una merienda de lunes a viernes. La comida es variada, y en vacaciones, cuando los comedores escolares no funcionan, el número de asistentes llega a 200.

El servicio tiene 24 años de instalado en la zona, y ha sido una obra solidaria referente en el barrio. Se inició como un comedor infantil, debido en parte al invalorable aporte de doña Ramona Villar. Hoy existe un número importante de personas adultas que asiste diariamente.

Adriana Castro cumple la función de cocinera, y es asistida por Raquel Suárez y María Aloy. «Nosotros obligamos a que los niños vayan al comedor de la escuela -dijo Castro-, porque es una forma de que asistan a clase. Ha habido un número alto de deserción escolar en la zona, y es por ello que insistimos con eso».

De acuerdo a lo que indicaron sus responsables, el comedor se mantiene con el aporte de firmas comerciales locales -en muchos casos de forma anónima- y el apoyo de los vecinos. La Intendencia de Montevideo brinda la leche en polvo, y a eso se debe sumar el apoyo de los uruguayos residentes en Australia, que mensualmente hacen llegar su colaboración.

Por su parte, el presidente de Progreso sumó a los «amigos del barrio y de la zona que siempre están colaborando con el comedor, porque están consustanciados con el trabajo que se hace».

Mientras tanto, en la clínica odontológica, que está actualmente en refacción, se atiende a la población del barrio de La Teja y adyacencias, a quienes concurren al comedor, a los socios y a los jugadores del club. Su funcionamiento se entiende de vital importancia para la zona, debido a que constituye un imprescindible aporte a su salud bucal.

 

Nuevo centro cultural

Gabriel Franco es el actual presidente del club, cargo que ocupa hace un año y medio, aunque se encuentra vinculado a la institución desde 1999.

«En el período que llevo como presidente hemos mejorado cosas. Hicimos la reforma del estadio Paladino, y ahora nos encontramos abocados a la mejora de la sede social», contó Franco a LA REPUBLICA. Allí se refaccionará el sector de la cantina para conseguir «un mayor retorno», algo que la institución «tiene en el debe desde hace muchos años», admitió el presidente de Progreso.

«Por otro lado, seguimos con el trabajo social que caracteriza a Progreso. Tratamos de seguir fomentando esa parte del club», indicó. En forma conjunta con la Intendencia de Montevideo, Progreso proyecta la creación de un centro cultural en lo que era el Cine Teatro Miramar, hoy parte de la sede. «Apostamos a iniciar las obras este año. Va a ser muy importante para la zona. Trataremos de nuclear las diferentes actividades artísticas que se puedan realizar, con talleres de danzas, murga y enseñanza de instrumentos musicales», subrayó Franco.

Por otra parte, el presidente de Progreso dijo a LA REPUBLICA que el sector estrictamente deportivo del club conlleva un «esfuerzo económico importante». Aun así, recalcó que la institución es uno de los equipos de Primera División con más bajo presupuesto, lo que puede mantenerse «con el aporte de la empresa televisiva, de los socios y de los amigos, y con la transferencia de los jugadores».

«Felizmente, con el equipo en Primera División, después de tantos años y tanto sufrimiento, hemos consolidado la parte deportiva», aseguró Franco.

 

Por amor a la camiseta

La mujer también tiene una presencia fuerte en el trabajo social y deportivo de Progreso. Patricia Alvarez es delegada de las divisionales formativas y cumple en este sentido diversas tareas.

El trabajo con los juveniles «no es fácil», dijo Alvarez, ya que «la situación económica no ayuda mucho». Sin embargo, insistió en que el club «está saliendo adelante». Los recursos económicos para los plantes de inferiores provienen de Primera División.

Alvarez tiene a cargo un numero elevados de adolescentes y jóvenes. La mayoría vive en la zona, pero t
ambién acceden a las formativas chicos provenientes de Playa Pascual y de la Costa de Oro.

La mayoría de los jugadores de los juveniles estudian. «El año pasado se hizo un relevamiento que nos permitió conocer el nivel educativo de cada uno», relató Alvarez. Además, aquellos que no estudian pudieron concurrir, por intermedio de un acuerdo con la fundación A Ganar, a cursos pagos de carpintería, herrería, operador PC avanzado o mozos ayudantes de sala-bar.

«La tarea la hago con gusto, porque es algo que siento, porque lo viví de antes y porque hemos nacido acá. A Progreso no le sacamos nada en lo económico. Lo hacemos por amor a la camiseta», finalizó Alvarez.

 

Tabaré Vázquez: un amigo

Juan Antonio López, actual secretario de actas del club, cumplirá en breve 80 años. Está vinculado a Progreso desde 1976.

«La institución ha ido progresando poco a poco, a pesar de las dificultades que atraviesa cada club hoy en el Uruguay -sostuvo López-. En la parte social, creemos que se están haciendo bien las cosas, con los pocos recursos que se tienen. Por ejemplo, se han mejorado el Parque Paladino y lo referente a la concentración».

López recuerda como uno de los momentos más gratos el viaje que realizó con Progreso a Guayaquil, Ecuador. Rememora a algunos compañeros, como Tabaré Vázquez, Alejandro Castro y Carmelo Charlo, entre otros. «No quisiera nombrar más porque tengo miedo de olvidarme de tangos amigos que he hecho en el club», dice orgulloso.

Sobre el actual actual presidente de la Republica y ex presidente del club, Tabaré Vázquez, López señala que más que un presidente «es un amigo». «

A pesar de que la tarea que tiene no le permite acercarse al club, siempre nos ha seguido apoyando, y no desconoce la labor que está desarrollando Progreso», finalizó uno de los referentes de los Gauchos del Pantanoso. *

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