"Los museos del Uruguay no pueden seguir siendo depósitos de bellezas muertas"
En diálogo con LA REPUBLICA, el arqueólogo José López Mazz subrayó la necesidad de que se llame a concurso para ocupar puestos directivos en los museos. También señaló cierta molestia con la Intendencia de Montevideo por «destruir ruinas coloniales», y con las del interior porque «muchos hablan de arqueología en los períodos electorales y no ponen un peso para mejorar los museos».
Por otra parte, solicitó un cambio en la política museística nacional, debido a que el acervo con que cuentan los museos –entre el que incluyó «las vinchas, los ponchos de las revoluciones patrias y los aperos»– se está deteriorando.
Además, López Mazz reclamó acciones cautelares y estudios de impacto obligatorios para los reciclajes de la Ciudad Vieja.
–Cuando a usted y su grupo los llamaron para buscar los restos de los desaparecidos supongo que se encontraban realizando su trabajo profesional habitual.
–Sí, en esos momentos trabajábamos con la arqueología de las tierras bajas de los «cerritos» (de indios). Estábamos rindiendo cuentas a la Universidad de nuestros proyectos de investigación y organizábamos la publicación de un simposio del último Congreso de Arqueología realizado en Salto.
Creemos que la Arqueología viene avanzando a paso firme. La carrera se ha consolidado en la Facultad de Humanidades. El nivel de formación es bueno, medido por las universidades donde los egresados van a hacer posgrados y por el tipo de empleos y becas que ganan. Ahora estamos desarrollando especialidades a partir de experiencias más recientes, como la Arqueología Forense, vinculada a la Antropología Forense. Tenemos expectativas en lo que son las políticas públicas. Me desempeño trabajando en la Comisión Nacional del Patrimonio, desde donde se han impulsado cosas interesantes en la gestión del patrimonio arqueológico, como el decreto que pretende regular la actividad de la Arqueología Subacuática. Ha reconocido principios patrimoniales que entendemos de interés y se ha posicionado en la debida dirección del Estado.
Tenemos expectativas con el trabajo sobre la equidad y el respeto a las minorías que está impulsando la Presidencia de la República. A mí la palabra «racial» no me gusta, porque la Antropología dice que el ámbito de la expresión racial es la mejora del ganado y del pedigrí, no las sociedades humanas. Pero sí hay que reconocer que se está haciendo un esfuerzo muy fuerte en revalorizar y reconocer la contribución de los afrouruguayos a la formación de la idiosincrasia uruguaya.
–¿Cómo se está trabajando en el país respecto a las investigaciones arqueológicas?
–Tenemos expectativas de que mejorarán las políticas públicas; que el Estado asumirá su responsabilidad y las personas que están llamadas a ocupar lugares donde se toman decisiones vinculadas al patrimonio arqueológico serán sensibles. No sólo por lo que el patrimonio significa dentro de la educación del pueblo, sino por lo que pueda significar en el futuro.
El Estado es el gran tomador de decisiones y el gran destructor del patrimonio cuando se equivoca. Estamos en desacuerdo con la destrucción de unas ruinas que estaban frente al Vivero Municipal y fueron derruidas por la Intendencia. Estamos muy enojados con eso. Queremos revertir esta gran metida de pata generando situaciones positivas. Precisamos no sólo de la sensibilidad sino de la toma de decisiones correctas de las personas que están nombradas a la labor pública en el ámbito del patrimonio. Porque el patrimonio es el derecho de todos. Cada generación tal vez se olvida de cosas que antes formaban parte de él, pero recupera otras nuevas, lo que quiere decir que actualiza su visión sobre el tema. La visión de los científicos no es más válida que la que tiene la gente. La labor del Estado es articular estos aspectos.
Creo que algunos principios que fueron impulsado por Esmoris desde la dirección de la Comisión de Patrimonio Cultural y Arqueológico tuvieron un compromiso de devolución social. Es un concepto interesante, pero sólo con un concepto no hacemos nada si la Intendencia de Montevideo no se pone las pilas con sus responsabilidades, o si las intendencias del interior del país, que hablan mucho del patrimonio en los períodos electorales, no ponen un peso para mejorar los museos.
Además, queremos que haya concursos en la cultura. Para ser democratizada, precisa de una mecánica por la cual le demos al contribuyente la garantía de que su dinero y su patrimonio está siendo bien empleado y bien conservado.
Los museos no pueden seguir siendo depósitos de bellezas muertas. Precisamos carreras y especialistas en conservación y museología. Respeto mucho a la gente que «por ‘h’ o por ‘b'» ha ido a trabajar de conservador y museólogo y se ha preocupado de estudiar, pero nosotros queremos un país que viva en el siglo XXI. En las farmacias ya no están lo boticarios, están los químicos farmacéuticos, y en los museos y en la gestión cultural queremos profesionales.
Las vinchas, los ponchos de las revoluciones patrias, los aperos se están deteriorando en los museos; nosotros tenemos que garantizarles a las nuevas generaciones su acceso. Bienvenido sea el capital privado o que el Ministerio de Turismo haga museos para que los turistas de los barcos consuman Uruguay, pero lo que queremos son profesionales. No se puede achicar el Estado en esto.
Además, hay que parar de destruir «cerritos de indios». Allí hay que hacer parque nacionales. Tiene que haber sensibilidad en las Intendencias donde hay conjuntos de «cerritos», como las de Tacuarembó o como Rocha. Estos paisajes son hipervalorados en los Estados Unidos y aquí son ninguneados. Son desconocidos por las autoridades.
–¿Qué cosas se deben contemplar para mejorar la acción del Estado y, en definitiva, de la Arqueología?
–Considero, como ya dije, que tenemos que hacer parques nacionales donde la gente pueda ir a ver esos «cerritos» en sus ambientes, en las tierras bajas, como una expresión de adaptación del «homo uruguayensis» a sus ambientes de hace miles de años. Si no, el modo de producción agroforestal no nos va a dejar nada. No nos olvidemos que el patrimonio es un derecho; el artículo 34 de la Constitución lo garantiza. Como dicen las mujeres: «Nosotros queremos que los derechos sean hechos». Queremos que las políticas públicas estén más articuladas. Estamos muy expectantes y valoramos mucho la orientación que el gobierno le está dando a esto, pero también nos preocupa muchísimo y nos enojamos cuando se destruyen «cerritos de indios», cuando se destruyen ruinas de la primera fundación de Montevideo o cuando sabemos que la Ciudad Vieja no tiene cautela u obligatoriedad de estudios de impacto para los reciclajes. Las tienen todas las ciudades que se precian de esto.
Este es un debate necesario. No se puede separar la cultura del ambiente y gestionarlas de forma separada. Algunas personas sostuvieron conceptos teóricos equivocados que arrastraron al Estado a cosas erradas, como el Decreto Reglamentario de la Ley de Medio Ambiente, que prioriza elementos dentro de esta ley. Un decreto no tiene la potestad de priorizar. Y si la ley enumera ecosistemas, también habla de los bienes culturales. Los técnicos de medio ambiente del gobierno anterior y de éste, que pactaron, tienen que revisar este decreto.
El Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente debe hacerse cargo de los bienes culturales que están dentro de las áreas protegidas. En ese debate público hemos participado cada vez que nos han llamado. Pero acá también queremos hechos donde hasta ahora tenemos derechos.
–¿Cuál es el nivel de la disciplina en nuestro país? ¿Qué trabajos recientes hay para destacar?
–Muchísimo hay para destacar, pero en todo esto el decreto debe regular una cooperación internacional, seria. No queremos gente
que venga a pensar el tema del derecho al patrimonio en términos de capital de riesgo. Hay que evaluar el impacto de los proyectos económicos sobre los potenciales elementos culturales.
Muchos egresados están trabajando en eso. Queremos que el Estado no compre los estudios de impacto más baratos, sino los serios. Defendemos que los haya para la forestación, para los parques eólicos, para el arroz, como en todos los países serios.
Esta es la clave para el desarrollo sustentable, y no aquella de: ‘Dale que se va el gringo con la plata'».
Por otro lado, tenemos investigaciones interesantísimas sobre Arqueología subacuática y arte rupreste en Salto y en el centro del país. Se han descubierto nuevos grabados y pinturas. También se desarrolla la famosa arqueología de las tierras bajas, de los pueblos constructores de «cerritos», que está siendo objeto de cooperación científica con equipos europeos en Tacuarembó, en el valle del Yaguarí (Cerro Largo) y en Rocha. Impulsar áreas protegidas de interés cultural, como son los paisajes prehistóricos, sirve para desarrollar y para dar empleo. Rescato los estudios que estamos haciendo sobre los primeros pobladores del Uruguay, en sitios con 11.000 años de antigüedad, en el norte del país, o con 9.500 en Rocha. Estamos reconstruyendo la historia de la nación a través de sus diferentes períodos.
–¿En el país se sigue trabajando con los elementos tradicionales?
–Depende. Por ejemplo, si al departamento de Colonia le declaran el primer bien uruguayo Patrimonio de la Humanidad, la Intendencia tiene que tener un arqueólogo propio. En estas cosas apelamos a la sensibilidad de los intendentes. Si tiene técnicos en los museos, van a tener mejores museos. Si hablamos de arqueología prehistórica, trabajan geólogos y paleontólogos. Utilizamos instrumental mucho más fino y trabajamos con evidencias más fragmentarias, que vienen de tiempos más remotos.
Cada bien arqueológico requiere habilidades específicas. Hay técnicas tradicionales, pero los arqueólogos tratamos de estar siempre actualizados. Nosotros construimos la historia de la gente que no tuvo historiadores a través de los productos de sus conductas económicas o religiosas.
El trabajo con los desaparecidos es lo mismo, porque estamos reconstruyendo la historia de los que no tuvieron historia, en este caso reciente. No sabemos la historia de los desaparecidos. Las familias, las organizaciones de los derechos humanos y la Justicia han investigado para reconstruir qué pasó la noche en que se los llevaron de sus casas, en que fueron detenidos en un bar o cuando nunca volvieron de su trabajo.
El enterramiento clandestino es el reservorio a través del cual nosotros podemos obtener información para ese período y saber en qué condiciones murieron.
Compartí tu opinión con toda la comunidad