Plagios célebres

 

Los derechos de autor, de una u otra forma, han sido tema de discusión desde hace siglos. Ya en el siglo XVII, Miguel de Cervantes Saavedra se mostró indignado por una versión apócrifa de su Quijote ­firmada bajo seudónimo­ que circuló poco antes de que se publicara la segunda parte de la famosa novela. El disgusto que le generó la tergiversación de su más célebre personaje por parte de plumas ajenas llevó a que Cervantes introdujera diversas modificaciones en la segunda parte del Quijote, que salió a la calle en 1615.

Por aquellos años, otros escritores famosos, como Quevedo y Shakespeare, recibieron acusaciones de plagio, que fueron empañadas por la valía de su obra y han caído en el olvido.

Mucho más cerca en el tiempo, otros autores populares también fueron acusados de no respetar debidamente los derechos de autor ajenos. El propio Gabriel García Márquez fue acusado de copiar un personaje de Balzac o de crear novelas en base a testimonios reales. También se dudó ­en varias oportunidades­ de los procedimientos literarios del mexicano Carlos Fuentes y el chileno Pablo Neruda.

En los últimos tiempos, los escándalos más mediáticos por casos de robos literarios tuvieron como protagonistas al argentino Jorge Bucay y la novela «Bolivia construcciones», de Sergio Di Nucci, que ganara el año pasado el premio a la mejor novela organizado por la editorial Sudamericana y el diario «La Nación», otorgado por un jurado célebre. El fallo fue revocado poco tiempo después. *

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