Diez años de "Prohibido para nostálgicos"
Con la frase «lo viví y lo cuento así» comenzó en LA REPUBLICA, en un lejano domingo 6 de abril de 1997, «Prohibido para nostálgicos». El comunicador, Luis Grene, en aquel entonces con 80 años, cristalizaba en la prensa escrita lo que ya venía haciendo desde hacía mucho tiempo en la radio: transmitir cosas sobre su querido Montevideo del ayer, como le gusta llamarlo.
Grene, que ahora tiene 90 lúcidos años, es un privilegiado testigo de hechos, acontecimientos y personajes del pasado montevideano. Por sus orígenes humildes, recorrió los barrios populares de antaño, y son sus vivencias y recuerdos lo que plasma en su columna semanal: memoria popular de la ciudad y sus vecinos. Una historia que no recogen los libros, compuesta por seres sencillos en acontecimientos del sentir colectivo, como el deporte y el carnaval.
En sus más de 500 notas publicadas, los temas fueron múltiples, pero siempre conectados a la recuperación de una memoria colectiva y urbana que aún palpita en su entrañable escritura. Por ejemplo, escribió de los tiempos de «las troupes» carnavaleras, de las cuales Grene confiesa haber sido uno de sus integrantes. O de la época dorada del carnaval; leyendas como «Un real al 69″, «la Oxford» y «La Ateniense», y personajes como Carmelo Imperio, el Loro Collazo, Víctor Soliño, Juan Carlos Patrón y Salvador Granata desfilaron ante los lectores.
En «Prohibido para nostálgicos» también se han relatado historias de los días de triunfos celestes, con la Maravilla Negra, Leandro Andrade, el Mariscal Nasazzi y Pablito Dorado al lado de las gambetas del Canario Iriarte, jugando en zapatillas. Todo lo vivió Grene y lo contó con su pluma sentimental y poética, narrando a pura pasión y memoria. Por estas páginas desfilaron también los bailes en los «peringundines» del Paso Molino y el bravo Puerto Rico de la Unión. Y el Bajo de la Aduana en los años 30, con sus francesitas en las calles Santa Teresa y Yerbal. Y los cabarets de la Ciudad Vieja, y lo prohibido en aquella nocturna placita Zabala.
También cantó Gardel en el teatro Royale de Bartolomé Mitre y la Compañía de Paquito Busto en el Urquiza. Y se mostró la vida de los bohemios boliches y cafetines donde palpitaba «la universidad de la calle», desde el legendario Tupí-Nambá, el exquisito Jauja, el mítico El Faro de Goes y el Café Ateneo de la Plaza Cagancha, con su «Orquesta de Señoritas».
Esta memoria viva de los barrios populares nació en aquella primera nota del año 1997 dedicada al barrio judío de Villa Muñoz de antes, con sus sastres que implantaron la novedad de la venta en cuotas. Después llegaron los bailes de la Unión, el pueblo Ituzaingó de Maroñas, festejando una victoria de Leguisamo, y toda la Aguada conmovida porque había llegado el Circo Sarrasani. Más tarde, las leyendas de un mágico Montevideo en el Palacio de Piria de la plaza Cagancha; el Castillo de un hombre de capa roja de apellido Pittamiglio y los vecinos festejando la Noche de San Juan, el 24 de junio, con fogatas callejeras. También recordamos el paso del dirigible Zeppelin, la inauguración del estadio Centenario y el pintor De Simone -autor del inolvidable retrato a Frugoni- andando por el barrio Palermo.
Estampas del viejo Montevideo; más de 500 notas en las que Luis Grene reivindica su pasión por la vieja capital y la vigencia de su memoria testimonial, que palpita en su creación «Prohibido para nostálgicos». Por diez años más, ¿verdad, Don Luis? *
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