Reclusos construyen en el Comcar primer Centro Interreligioso carcelario
Las obras del Centro Interreligioso del Comcar, que habían comenzado a construirse hace más de cinco años, quedaron suspendidas al retirarse del país la diácona anglicana Audrei Taylor, en el año 2001. Taylor fue la persona que, en su momento, había motivado la creación del centro. En aquella oportunidad sólo habían llegado a construirse los cimientos, el contrapiso y los muros.
La reanudación de la obra comenzó la semana pasada, junto a la cancha de fútbol del Comcar. El proyecto cuenta con el respaldo financiero de dos instituciones religiosas, las iglesias Anglicana y Católica, y con el apoyo total de la Dirección Nacional de Cárceles. Su costo ronda los 40 mil dólares, aunque la comisión que trabaja en el proyecto está intentando abaratar costos, a través de donaciones y materiales de menor precio. Sin embargo, el presbítero Galdona asegura que no es sencillo encontrar a alguien que esté dispuesto a poner dinero de su bolsillo para ayudar a los presos. «Ya es difícil conseguir fondos para construir una capilla en cualquier lado de la ciudad; mucho más para construirla dentro de una cárcel. Por eso, podríamos decir que esto es un milagro», dijo el Galdona a LA REPUBLICA al ser consultado sobre el tema.
La historia
Distintas congregaciones religiosas asisten diariamente a los centros de reclusión del país con el único fin de dignificar a los reclusos, para que tengan la oportunidad de vivenciar una experiencia religiosa o espiritual. No obstante, la carencia de espacios físicos dedicados a estos encuentros comenzó a ser una inquietud para las distintas congregaciones que concurrían al Comcar. Por eso surgió la idea de generar un lugar de referencia más adecuado que un celdario para este tipo de experiencias.
Hace unos años, la reverenda diácona de la Iglesia Anglicana Audrei Taylor, que vivió en Uruguay en calidad de misionera durante el período 1991-2001, inició la construcción de una capilla en el Comcar. En esa época llegaron a edificarse los cimientos y el contrapiso; los muros se construyeron hasta alcanzar 1,80 metros de altura. Los planos originales habían sido realizados por un recluso arquitecto que en esos momentos estaba privado de su libertad en el complejo carcelario.
Al finalizar su misión, la diácona anglicana debió retirarse de Uruguay. Por ello, la edificación permaneció paralizada hasta la actualidad. En 2006 el tema se retomó y se constituyó una Comisión Interreligiosa, conformada por 13 confesiones (ver recuadro adjunto). Un recluso de Cárcel Central modificó los planos originales, y las obras se reanudaron una semana atrás.
Significado del proyecto
Todos los integrantes de la comisión coinciden en que el Centro Interreligioso deberá ser un espacio cálido, agradable y adecuado para la contemplación, la meditación y la oración. Por lo tanto, carecerá de imágenes religiosas y, probablemente, será decorado con obras de arte que no impliquen objeciones por parte de ninguna de las confesiones religiosas o espirituales que lo utilizarán.
En principio, cada grupo que concurra podrá colocar sus imágenes, pero luego deberá encargarse de retirarlas.
Para el presbítero Goldona, quien trabaja hace tres años en esta área social, construir el primer centro interreligioso en una cárcel «es un modo de decirles a la sociedad y a los presos que importan. Nos importan a nosotros y también -y mucho- a Jesús. Son valiosos; no son descartados ni descartables».
Galdona insiste en que existen dos hechos que no se pueden perder de vista, y que deben ser rescatados por la sociedad. En primer lugar, la cárcel no puede ser deshumanizante. Por el contrario, «el único sentido que tiene la reclusión es el de poder reincorporar plenamente a la comunidad a determinadas personas. La sociedad no puede construir cárceles para generar mayores problemas. Por lo tanto, todo lo que ayude a dignificar la vida allí en realidad ayuda a la sociedad en su conjunto».
El segundo elemento que, para Galdona, hay que tener en cuenta es «la marginación muy grande que viven los presos». «Se sienten sumamente abandonados por todos: por la sociedad e incluso por los amigos y la familia. Y es sólo por el hecho de estar presos», dijo el presbítero.
En cuanto al tiempo que demandará la construcción, Galdona sueña con que entre agosto y setiembre la obra esté culminada. Sin embargo, el arquitecto ya le expresó que hay diversos problemas intrínsecos al funcionamiento penal que enlentecerán el proceso. Por ejemplo, en los días de niebla no se trabaja, porque los reclusos, encargados de construir el edificio, no pueden salir del celdario. De todas maneras, quienes participan en el proyecto tienen esperanzas en que el centro sea inaugurado a fines de este año. *
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