Escrito por: ANTONIO PIPPO
Hay un hecho físicamente imposible: no se puede fumigar todos los espacios arbolados, parques y montes del país. Así que vayámonos sacando de la cabeza una defensa total, por esa vía, frente a la eventual irrupción del Aedes aegyptii, el mosquito maldito, el bastardo, el hijo de la descocada madre que lo parió.
¿Entonces?
En meses de inesperada proliferación de insectos dípteros, la correcta identificación pasa a ser un elemento decisivo, a fin de evitar que uno se atiborre de repelentes, porte uniformes impenetrables con escafandras y ande tirando paletazos a dos manos como un ventilador.
Pero ¿cómo identifica el ciudadano al traidor, al bastardo, al hijo de la descocada madre que lo parió? ¿Le pide la cédula? ¿Le saca huellas dactilares y las manda al CSI Miami? ¿O simplemente usa la prepotencia con el primero que le zumbe al lado?
A ver, vos, ¡tenés pinta de mosquito delincuente! ¡Contra la pared, patas a la espalda y sin chistar!
¡Pero mire que no, yo soy aquel al que le cantó Virgilio!
Segundos antes del golpe fatal, se oirá al ciudadano interrogador: ¡Virgilio, las películas! ¡Muere, maldito!
Sí, es un absurdo. Y, también se sabe, no hay otro camino, aun frente al temor día a día creciente entre la población, que una abundante y correcta información.
Pues bien, eso me preocupa. Hasta ahora ha habido anuncios, buenas intenciones y unos folletos y recomendaciones muy plausibles. Pero no bastan. Se necesita información constante, clara y precisa, y expandida a toda la comunidad. Sólo la televisión abierta puede asegurarla; lo digo por experiencia. Y lo que está aportando ese medio, según mi cotidiana observación, es insuficiente.
Espero, con ese candoroso optimismo mío, que las autoridades coincidan y ya estén trabajando en esa dirección.
Ah, sí, yo quiero andar con una foto en el bolsillo, de frente y de perfil o por lo menos un dibujo del traidor, del bastardo, del hijo de la descocada madre que lo parió. *
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