MAESTRO MASON ASEGURO EN NOTA EXCLUSIVA CON LA REPUBLICA: "UN MEDIO QUE RESPONDE AL OPUS DEI NUNCA SERA IMPARCIAL, CLARO Y TRANSPARENTE, MENOS AUN PLURAL Y POCO SE ACERCARA A LA VERDAD"

"La masonería no es moda"

* Un maestro masón caballero rosacruz, que se autodefinió iniciáticamente como ilustre hermano Ftrater Hiram, nos contactó y, café de por medio en un céntrico restaurante local, nos relató su visión sobre la actualidad de la francmasonería uruguaya y universal, asegurando que, muchas veces, la gente conoce verdades a medias.

Escrito por: MANUEL TEJERA MARTINEZ - MINAS

Domingo 15 de abril de 2007 | 8:15
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Símbolo de la Masonería existente en la fuente central de la Plaza Matriz.

“La masonería es una institución universal, esencialmente filosófica y progresista, destinada a trabajar por el advenimiento de la justicia, de la solidaridad y de la paz en la humanidad”. Así comenzó su visión sobre la francmasonería el maestro masón que dice llamarse Ftrater Hiram. “Está compuesta de hombres y mujeres libres ingresados a ella por la iniciación. Tiene por principios y exige a sus adeptos la tolerancia mutua, el respeto irrestricto de los Derechos Humanos y la libertad de conciencia. Sus miembros, unidos entre sí por el vínculo de la fraternidad, se dedican a labrar su perfeccionamiento individual mediante el estudio y desarrollo de la ciencia y la cultura, la búsqueda de la verdad, la práctica de la virtud y el ejercicio de la solidaridad, con el objeto de lograr el progreso moral, intelectual, social y material de la humanidad”.

Ftrater Hiram asegura que, “sin ánimo de confrontar o polemizar”, desea acercar la verdad al público sobre algunos aspectos de la masonería. Dice tener 40 años en ella, y afirma que consultó a las “autoridades pertinentes” de la institución para que autorizaran sus palabras sobre el tema.

Según el maestro masón, la masonería no es un ámbito “prohibido”, sino “discreto y reservado”.

“A los masones no nos gustan las verdades a medias”, dijo al respecto. Insiste en que no es apropiado mencionar como supuestos masones a personas que ocupan lugares en instituciones públicas y privadas, y aclara que tiene reparos a los datos publicados en “El Observador” el sábado 31 de marzo.

“No ocultamos nada, sólo protegemos la institución que amamos de los ataques de quienes no la ven con buenos ojos. Debemos combatir las informaciones no del todo claras y fragmentarias”, sostuvo. “Puedo decir a viva voz que soy masón, pero no puedo ni debo revelar la identidad de mis hermanos. No tengo derecho”.

El maestro explicó que en las reuniones masónicas todos sus miembros se colocan al nivel de “las más perfecta igualdad”, no existiendo entre ellos otra distinción que aquélla proveniente “de los grados y cargos ocupados en la institución”. Para ingresar se debe ser mayor de edad, tener “reputación y costumbres irreprochables” ­no se aceptan personas con antecedentes penales­ y poseer la instrucción indispensable para comprender las enseñanzas que se ofrecen.

 

Historia de un misterio

Según el maestro, “la historia de la Francmasonería está sumida en las brumas del pasado de la humanidad”. Admite, sin embargo, que se pueden reconocer dos raíces: una esotérica, que viene de los antiguos misterios iniciáticos egipcios y griegos, y otra pragmática, que llega de los masones operativos, es decir de los constructores de las grandes catedrales de la Edad Media. Frater Hiram relató que, a todo esto, el Renacimiento (siglos XV y XVI) y la Ilustración (siglo XVIII), con la difusión del conocimiento que conllevó la invención de la imprenta, atrajeron a la seguridad de las logias a artistas, filósofos, hombres de ciencia, literatos, militares y nobles que apreciaban su espíritu de tolerancia y evadían las persecuciones inherentes a las guerras religiosas. Con el correr del tiempo, esos miembros aceptados formaron mayoría. El 24 de junio de 1717, cuando se celebraba el día del solsticio de verano en el hemisferio norte, el más largo y luminoso del año, cuatro logias londinenses de masones formaron una Gran Logia, la primera agrupación masónica del mundo y madre de todas las demás, actualmente, denominada Gran Logia Unidad de Inglaterra.

 

Masones en Uruguay

Ftrater Hiram explicó que actualmente hay en Uruguay “una muy rica y diversa variedad de potencias e instituciones masónicas masculinas, femeninas y mixtas”, además de algunas “logias salvajes”, que no pertenecen a ninguna institución. También existen más de 300 masones “en sueños”, los cuales no están activos.

“Los masones representan, simultáneamente, al obrero y al material que éste trabaja. Este trabajo simbólico se efectúa en tres etapas o grados: Aprendiz, Compañero y Maestro masón. El sistema educativo utiliza, como elementos simbólicos, las herramientas y materiales de albañilería que usaban los antiguos constructores, que son de comprensión universal”, relató el maestro.

“Para la masonería el trabajo es un deber y un derecho del ser humano, opinó Ftrater Hiram. Lo exige a sus adeptos como contribución indispensable para mejorar la colectividad. Defiende los principios de libertad, igualdad y fraternidad y combate la explotación del hombre por el hombre. Nuestra institución sostiene que es posible alcanzar la paz entre los hombres y entre las naciones evitando la violencia y utilizando el diálogo y la razón. Los masones deben contribuir a lograr la paz asumiendo un compromiso inteligente y ético”.

Además, el maestro opina que se debe “tomar conciencia y estudiar imparcialmente, desde un punto de vista histórico, la innegable importancia del aporte de la masonería a la fundación del país”.

“La acción de la Masonería uruguaya se refleja en numerosas obras de bien público, cuya creación u organización ha sido inspirada por miembros de la Orden Masónica, y en numerosas leyes, como la abolición de la esclavitud; el Himno Nacional y símbolos patrios; la votación directa; el matrimonio civil; los cementerios laicos; la educación pública, gratuita y obligatoria; la separación de la Iglesia del Estado; la libertad de cultos y el voto femenino”, aseguró. La masonería puede “sentirse orgullosa de la diversidad de talentos con los cuales contó y cuenta hoy” y del servicio que algunos de sus miembros más ilustres han rendido a la sociedad. “Puede también decir, justamente, que el trabajo masónico ha ayudado a esos hombres y mujeres a desarrollar sus personalidades y a realizar sus obras”, indicó. Según el maestro, la masonería “ha esclarecido las mentes, combatido la intolerancia y eliminado los prejuicios”.

La obra masónica “es colectiva, reservada y siempre anónima. Sería un gran error querer medir o resumir su acción a través del mayor o menor éxito material de algunos de sus integrantes”. Ofrece a sus miembros únicamente los medios y la oportunidad de “enriquecer sus vidas personales mediante el estudio y conocimiento interior espiritual y de hacerse útiles a la comunidad universal de los humanos”. Los verdaderos masones “no buscan ni para la institución ni para sí ningún tipo de celebridad”, expresó.

El maestro masón no duda en afirmar la “impronta masónica decisiva” en algunos hechos trascendentes para el mundo moderno, como la Ilustración (1750-1800), la Revolución norteamericana cuyo símbolo es George Washington (un masón, según Ftrater Hiram), la Independencia iberoamericana (1810-1825), la lucha contra los imperios, monarquías y estados absolutos (siglos XIX y XX), la abolición de la esclavitud, la unificación de Italia, el proceso de secularización, el laicismo o la creación de las Naciones Unidas. *

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