PROHIBIDO PARA NOSTALGICOS

"Pascuas del ayer"

¡Toda una postal de la Pascua en el viejo Montevideo! Así era cuando grandes grupos de vecinos se cruzaban en los barrios populares. Hacían la tradicional recorrida de «Las 7 Iglesias», una caminata que llegó a tener gran popularidad en los inicios del pasado siglo. En el Viernes Santo, esos peregrinos cumplían su ritual en las calles y empedrados.

Llevando rosarios y estampas religiosas, entre esa gente no era extraño ver a conocidos futbolistas y hasta artistas de los radioteatros que mezclados con sencillos montevideanos, visitaban siete iglesias a puro patacón. Ese recorrido finalizaba por la Ciudad Vieja, entre Solís y Cerrito, en la cripta del Señor de la Paciencia. Ya al atardecer, los curas y monaguillos, seguidos por los creyentes, hacían en todas las barriadas una réplica del Via Crucis llevando velas, incienso y una gran cruz de madera. Los vecinos inmigrantes de Galicia que abundaban en toda la cuadra, contaban sus historias entre mágicas y cristianas. Como aquella que nos prevenía de no acercarnos a ninguna higuera en la medianoche del Viernes Santo.

Es que según esa tradición, en las flores de la higuera aparecía nada menos que la imagen del mismísimo demonio.

Los vecinos escuchaban medio cancheros pero, por las dudas, esa noche nadie se acercaba al árbol de los dulces higos que tanto cuidaba el abuelo. Leyendas y tradiciones de las aldeas europeas que llegaron al viejo Montevideo. Quizás su punto culminante fue la marcha de «los penitentes», con sus cabezas cubiertas por puntiagudas capuchas, organizada por la colectividad de Cataluña en el barrio del Cordón por fines de la década del 20.

En el Sábado de Vigilia, las panaderías vendían unas empanadas gallegas que hasta los más ateos las disfrutaban porque estaban de rechupete. El Domingo de Pascua, los barrios despertaban en un mundo de aromas y sonidos. Las parroquias hacían tañir sus campanas y de los hornos de barro surgía un dulce perfume de masa y levaduras. Nacían las roscas y tortas pascuales que convocaban a toda la familia. Inmigrantes alemanes contribuyeron a difundir la tradición de los huevos de Pascua.

De sus casas nacía un cautivante aroma de chocolate en una receta que muy pronto se difundió en toda la ciudad.

Confiterías barriales como «Los Tres Mosqueteros» en Bella Vista, «La Platense» de Goes, «La Liguria» en la Unión y «El Oro del Rhin» del Centro, hicieron popular esa tradición de huevos y conejos de puro chocolate. La tarde del domingo adquiría el color de la alegría barrial y el deporte. En las canchitas de las parroquias se organizaban partidos de fútbol. Veteranos y botijas corriendo atrás de la pelota con un cura de sotana remangada haciendo de árbitro.

Por la canchita de Maturana aparecían los ídolos futboleros Pablito Dorado y «El Canario» Iriarte divirtiéndose sanamente con sus vecinos del barrio. Con las primeras estrellas todos regresaban a sus casas y comían algún trozo de torta o huevo que se había salvado de la voracidad de los niños. El barrio se oscurecía lentamente pero en el corazón de esos vecinos había quedado una Luz que les hacía renacer sus esperanzas.

Con más recuerdos y música los esperamos en la 1410 AM LIBRE. *

COORDINACION: ANGEL LUIS GRENE

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje