El mural de Julio Asarian
Es un hombre humilde pero orgulloso de saber que vale lo que da una vida dedicada al arte sin buscar reconocimientos, aunque los tiene. Enfrenta a quienes sí lo buscan y denuncia a quienes «se subieron al carro» de la Punta del Este de hoy, con el móvil único del dinero. Asarian guarda respeto y memoria de las familias que forjaron el balneario cuando éste «no era más que un montón de arena y cuatro ranchos, trabajando, sin joder a nadie».
Una semana antes de Turismo, sentado sobre un andamio en los pasillos de la Escuela 5, «Alfredo y Samuel Lafone», Julio Asarian pintaba el mural de varios metros con la historia de Punta del Este. Entonces nos contó su historia.
En la Escuela no cobra un peso, sólo le dan los materiales, se lo pidieron los amigos y él dijo que sí. «Mi trabajo lo hago con gusto, lo hago por placer, lo hago por la cantidad de gente que luchó por conseguir algo, por los muchos a los que han olvidado».
«Me encanta esto», dice Asarian. Extiende su mano y señala el principio del mural. La historia que pinta comienza desde lo más antiguo, en el descubrimiento de Punta del Este, por Juan Díaz de Solís cuando encontró el Río de la Plata. «Utilizo datos que incluso en los libros de historia no están porque se habla del año 1516, pero fue antes que Solís vino acá. Continúo con todo lo que significa Punta del Este…».
El mural es la reseña dibujada de hombres, indios, islas, ballenas, lobos, el Faro… «Los lugares que marcaron lo que comenzó siendo Cabo Santa María, que luego pasó a ser Villa Ituzaingó. Después se instaló esta escuela que nace en abril, pero que inició antes su proceso, ubicada en un lugar privilegiado de una hermosa ciudad balneario».
Testigo del origen de la ciudad
El pintor vivió con sus padres en Maldonado «por allá por 1930″, y es testigo del origen de la ciudad. Mira a lo lejos y recuerda: «Era un montón de arena y cuatro ranchos y nada más (…) Yo iba con mi padre a Punta Ballena a tomar mate o comer un asado y teníamos una Ford T; atravesaba una cadena en las ruedas para no quedar varados porque no había caminos para llegar a ningún lado… Desde la Parada 25 se llama Las Delicias todo eso ahora hasta aquí, había sólo un muelle y un molino de Trigo y a lo largo un camino vecinal de balastro y un ranchito de madera pintado de azul que era la única estación de servicio existente… Desde ahí hasta acá, arena…».
Por aquella época Julio conoció a «La Gente». Las primera familias pobladoras. «Cuando a uno le hablan ahora de gente que formó Punta del Este uno sabe quiénes sí y quiénes no (…) Había un boliche que se llamaba «El Mejillón», del Sr. Eduardo Carbonaro, él fue el inventor del Chivito en el Uruguay. Y hubo un hotelero, Risso, una familia muy famosa. Pancho Salazar (con un hermano que fue intendente)… que empezó vendiendo empanadas en la playa de la francesa Madame Pitoca (…) Él está vivo y lo cuenta con orgullo: «Yo empecé vendiendo empanadas en la playa»; luego tuvo el hotel Iberia. Y como ellos los Losada, los Gattás, vinieron sin nada. Trataron de hacer algo acá y lo hicieron bien, trabajaron bien. No jorobaron a nadie, simplemente hacían su trabajo. La gente hacía la plata trabajando aquí. Cuando yo vivía por acá, le ofrecieron a mi papá: -«Don Alberto, ¿no quiere comprar unos terrenos por ahí? (era por donde las mujeres de los soldados tenían los ranchos, porque los soldados habían hecho un pueblito por aquí cerca). Y él dijo: -Estás loco, que voy a hacer con ese montón de arena, ni pasto tiene…». Hoy eso es el Country. ¡Mirá como se equivocó en el cálculo mi padre! En lo que se vino a transformar todo eso. Y aquí entonces quedaron muchos parientes míos».
Artista de exportación
Torres García le enseñó la manera de hacer un mural. Ha construido muchos… «No soy muy conocido acá en Uruguay; pero en estos momentos estoy exponiendo pinturas en la Real Academia De Bellas Artes de Toledo, España y en Rio de Janeiro. Mandé quince obras a Madrid, se vendieron todas y la gente me pedía temas de Uruguay, porque en España hay muchos que no nos conocen, no tienen la menor idea de lo que es nuestro país». Ahora, cuando termine su obra en la escuela, Asarian tiene que volver a Soriano, donde está contratado por la Intendencia para enseñar su arte. Allí tiene cincuenta alumnos anotados para comenzar las clases-talleres a fines de abril.
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