Dolor y fe para celebrar en Pascuas el éxito en tierras extranjeras

En el mundo entero, sobre todo en América Latina, se realizan cada semana santa variados actos religiosos que van desde la crucifixión real de hombres a los actos de autosacrificio. En México, para sentir el sufrimiento, los hombres cargan 70 kilos de cadenas y grilletes a cuestas, además de coronas que perforan su piel en el contorno de su cráneo. Cada año, migrantes del estado mexicano de Puebla (centro) regresan a México desde Estados Unidos durante Semana Santa para agradecer a Dios su éxito en el vecino país. Una capucha negra cubre el rostro de Raúl Bárcenas. Su torso desnudo carga gruesas cadenas entrecruzadas que se afianzan con grilletes en pies y manos para cumplir, junto con otros treinta hombres, una penitencia que se prolonga durante dos horas a lo largo de un kilómetro que recorren descalzos. «Lo que me motiva es la fe, brindarle algo a Dios porque he recibido muchas bendiciones, muchas oportunidades y he progresado gracias a él, por ello cada año mientras yo pueda regresaré para participar en esta procesión», dijo Bárcenas a la AFP.

Minutos antes de empezar su caminar en la población de Atlixco, brazos y piernas de los «engrilletados», como se les conoce a los que encabezan la procesión, reciben una lluvia de espinas con cactáceas de la región para después colocarse en la cabeza una corona similar a la que portó Jesucristo. Radicado desde hace veinte años en Estados Unidos, este emigrante hoy es responsable del área de envíos de una empresa que se localiza en Texas. «Como toda persona que llega a Estados Unidos al principio es difícil; trabajé en restaurantes lavando trastos, construyendo casas y edificios, y hace apenas seis años logré legalizar mi situación», relató.

Otro participante de la ceremonia que desde hace 70 años se realiza en Puebla es Ricardo Pérez, un hombre de 32 años que radicó hasta 2006 en Nueva Jersey y quien está de regreso en México. «Cuando me fui a Estados Unidos dejé incompleta mi promesa de participar durante tres años en esta procesión, pero ante los problemas a los que nos enfrentamos para poder cruzar la frontera refrendé mi promesa y mi manda (promesa) a Dios por todo lo que sufrimos como indocumentados», explicó. Para participar en esta procesión, los «engrilletados» deben someterse durante treinta días a una preparación física, mental y espiritual, además de ser mayores de dieciocho años.

«Estas promesas son por tres años, pero hay muchos casos como el mío en los que la fe hace que participes durante veinte años consecutivos», comentó uno de los organizadores, Jaime Garcés. Las calles de Atlixco son decoradas con alfombras de aserrín que se pinta de varios colores, además de que el poblado luce motivos religiosos que contribuyen con la solemnidad del acto. Cada año, miles de personas se dan cita en Atlixco para ser testigos de la apasionada fe religiosa de estos migrantes, a quienes no les incomoda la sorpresa que expresan en su rostro las visitas. *

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