Los mercenarios de Irak
Más allá de los deseos y promesas del presidente Bush, la guerra de Irak no sólo no ha terminado, sino que cada día la ocupación encuentra mayor resistencia y amenaza convertirse en una inestable guerra de liberación nacional tironeada por fuerzas centrípetas provenientes de los estados árabes vecinos o del propio Irán. Y esto vale no sólo para los EEUU sino también Gran Bretaña. Recordemos una vez más como nació Irak. El petróleo ya había reemplazado al carbón como propulsor de acorazados y tanques cuando estalló la Primera Gran Guerra, y lo que hoy se conoce como Oriente Medio pertenecía al Imperio Turco. En La Meca gobernaba Hussein «El Viejo», a quien los ingleses habían prometido una gran patria árabe si levantaba a los beduinos contra los turcos. (Asimismo un hogar nacional a los judíos). Pero también estaba su rival, Ibn Saud. Hussein tenía dos hijos, Abdullah y Faysal. Este último fue compañero de correrías de «Lawrence de Arabia». Al terminar la guerra, Ibn Saud desplazó a Hussein, y el desértico territorio pasó a llamarse Saudi Arabia. Para Abdullah, el Foreign Office creó el emirato de Transjordania, que luego será el Reino de Jordania. Para Faysal estaba Siria. Pero cuando éste trató de sentarse en el trono de Damasco fue expulsado por los franceses que lo habían convertido en «protectorado». Es ahí, cuando el novel Estado Bolchevique saca a luz un tratado secreto firmado por el zar, y los mandatarios de Francia y Gran Bretaña, por el cual, en vez de una patria árabe, el Oriente Medio sería repartido en zonas de ocupación por los vencedores de la guerra. La noticia de la traición corrió cual reguero de pólvora y toda la Mesopotamia se levantó en medio de incontenibles tumultos. La cancillería actuó rápido. A inspiración de Churchill, se inventó un reino para Faysal: «Irak», con una zona norte kurda, una central sunnita y una sur chiita. Pero tenía una debilidad congénita. Los ingleses le habían amputado el extremo sur inventando un «Estado Tapón», el complaciente emirato de Kuwait, lo que volvía a Irak una especie de Bolivia árabe, donde la única salida al Golfo Pérsico se daba en el estrecho canal de Shat el Arab, donde convergen las bocas del Eufrates y el Tigris. Irak tuvo una peripecia agitada. Faysal fue ejecutado por el general Karim Kassem, quien a su vez lo fue por su colega Abu Bakr, quien prontamente entregó el poder a Saddam Hussein, de confesión sunnita, laico y presidente del partido Baaz. El ayatolá Jomeini tuvo la ocurrencia de mudarse a Bagdad, y desde allí lanzar sus dardos contra el Sha de Persia. Este amenazó a Saddam con azuzar el nacionalismo de los kurdos del norte y de los chiitas del sur, provocando el desmembramiento de Irak. Saddam expulsó al ayatolá, quien le arrojó el anatema: Eres satánico y tres veces maldito. En 1979 el Sha es destituido y Persia cae en manos del ayatolá Jomeini, quien en pleno delirio fundamentalista declara que Europa y a los EEUU forman el «eje del mal». Pasando a la acción reduce los envíos de petróleo al mínimo. Los europeos, sometidos a uno de los inviernos más crudos del siglo, mientras tiritan piensan como acabar con el fanático anciano barbado. Para eso estaba el joven Hussein, quien durante 8 años y a un costo de 80.000 millones de dólares y 500.000 bajas, hizo la guerra a los ayatolás, con el aplauso europeo y de los EEUU. En la cercana Afganistán la URSS era derrotada por los mujaidines dirigidos por Osama Bin Laden, gracias a la financiación de la CIA.
Terminado el conflicto, Saddam reclamó a sus vecinos del Golfo que el barril de petróleo trepara por encima de los 14 dólares para pagar los gastos militares. No tuvo respuesta, y procedió a invadir Kuwait. Las Naciones Unidas, a instancias de los EEUU conminaron a los irakíes a abandonar Kuwait. No hubo respuesta, y el 16 de enero de 1991 una «coalición» de 20 países derrotaba a Saddam en 100 horas. Bush (padre) impuso las condiciones. No derrocó a Saddam, pero dividió a Irak en tres zonas, permitiendo a Saddam desplazarse sólo en el centro sunní. Con el petróleo embargado Irak se sumió en la miseria. Y así, hasta hace cuatro años, cuando Bush (hijo), so pretexto de eliminar supuestas armas de destrucción masiva abre la caja de Pandora con una ocupación militar cuyo control visiblemente se ha escapado de sus manos. Los gobiernos laderos de Bush se han ido retirando de la zona con la sola excepción de Tony Blair. Que después del episodio de los «marines ingleses», ha dejado flotando una pregunta. ¿Qué tenían que hacer marineros británicos en Shat el Arab, que es un canal compartido por Iran e Irak? Y nadie más. Que queda bastante lejos del canal de la Mancha, área de operaciones regular de la armada británica…
Lo cierto es que hoy día, en Irak, aparte de los ejércitos regulares hay una fuerza mercenaria de 15.000 efectivos. La guerra es considerada como un negocio altamente lucrativo, en el que a la confiscación del petróleo deben agregarse los previstos negocios de reconstrucción por más de cien mil millones de dólares.
Para que todo comulgue con la particular filosofía del presidente de los EEUU, se han contratado a civiles norteamericanos y extranjeros, con alta calificación bélica. De tal modo, se calma a la opinión pública y se puede mentir tanto en el número de bajas como en la responsabilidad en los «trabajos sucios».
Los mercenarios son de Sudáfrica, con experiencia adquirida durante el apartheid, de Inglaterra, por haber tomado parte en la represión contra el IRA en Irlanda del Norte o de Chile, por las «habilidades de combate» adquiridas al servicio de Pinochet.
Las empresas contratantes, han resaltado la formación anticomunista, de los chilenos, lo que los hace apetecibles como especialistas en la eliminación de objetivos humanos, en la destrucción de objetivos militares y civiles y expertos en el interrogatorio a los prisioneros. Se ha hablado de 400 hombres, cifra que podría llegar al doble. Por último están los serbio-bosnios que participaron en la masacre de Sarajevo.
Una guerra nunca es decente. Pero esta de Irak, pasará a la historia como la mayor prostitución de la ética y la decencia so pretexto de la lucha contra el terrorismo. *
(*) Contralmirante retirado
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