¿Abusos?
El senador Larrañaga, quien parece interesado en crear un nuevo dialecto, usó un vocablo horroroso e inexistente »judicialización» para calificar un proceso dañino que, en su opinión, estaría sufriendo la política.
Se siente escocido hasta en lo más íntimo porque son cada vez más los conflictos políticos trasladados a la Justicia, la que correría «el riesgo de politizarse».
¡Senador!
Llamar «conflictos políticos» a casos caratulados según diversas figuras del Código Penal suena a una confusión pubescente.
Además, si la Justicia no actuase con libertad e independencia para investigar a la política cuando corresponda, ¿cómo podría el ciudadano saber de las andanzas de Collor de Melo, Fujimori, Salinas de Gortari o Bucaram? ¿O saber de esos casos autóctonos que tantos dolores de cabeza le dieron a Sanguinetti y a Lacalle? ¿O hasta de aquella corruptela de un fiscal de la Nación, que salió a luz y se penó gracias al propio Poder Judicial?
No soy un distraído y sé que a usted le inquieta, sobre todo, el «abuso de funciones». Igual que a Batlle, que volvió a emerger de Carnelli declamando que es un disparate donde cabe todo.
Si hubiese razones jurídicas para derogarlo, los políticos, y en particular los señores legisladores, deberían hacer algo. Patalear y cuestionar a los magistrados, que no tienen más remedio que interpretar y aplicar las leyes vigentes, suena a niñería o a estrategia de supervivencia.
Algo más: el crédito de cierta política no decae sólo por el abuso de funciones. Es que no las hace todas bien. Imaginemos, senador, un diálogo:
¿Y, adónde apuntamos ahora?
¿Para interpelar, decís?
Vine con una lista…
No, después de Turismo…
¿Te vas con este clima?
Y… ¡Allá no siento ni la humedad!
¡Ta’lindo aquello…! Yo estoy viendo un viajecito corto… Bueno, nos vemos.
Postular una denuncia penal sería un exceso, pero si este diálogo fuese real ¿lo ha sido, senador? algún palito no vendría mal.
O ir a confesión el domingo. *
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