RECLAMAN CATEGORIZACION LABORAL Y ACTUALIZACION DE SALARIOS

Trabajadores de Irurtia plantearán reclamo a nivel nacional

Más de 40 trabajadores reunidos el miércoles en el salón de la cooperativa de viviendas Covipar decidieron llevar el reclamo laboral a la central del Sindicato de la Bebida, ante la negativa de la empresa a continuar las negociaciones para atender sus reclamos. Sólo unos pocos que trabajan en la planta de envasado y administración se mantienen al margen del reclamo salarial. «Destaque que acá estamos todos unidos porque no nos queda nada que perder», pidieron al periodista de LA REPUBLICA.

A poco de hablar con los trabajadores de Bodega Irurtia SA uno percibe claramente dos cosas: que sienten cariño por su trabajo, como empresa propia en la que trabajan desde hace muchos años, y que están indignados. La indignación tiene motivos: nada más ni nada menos que el reclamo de un sueldo digno y de condiciones de trabajo adecuadas. Ninguno de estos reclamos es trasnochado sino que están dentro de lo que marca la ley. «Pedimos nada mas que se nos cumpla con lo que dice la ley», dicen. «Queremos un sueldo digno porque con esto no podemos vivir, que se nos categorice. Hace más de 10 años que estamos y todos figuramos como peones comunes», dicen.

Para Dante Irurtia ­ex senador de la República por el grupo de Pablo Millor en el Partido Colorado­ no existen los convenios colectivos, la categorización laboral, ni los mínimos salariales. Les paga lo mínimo, mucho menos incluso que las bodegas de los alrededores y hasta hace poco ni siquiera les contaban los feriados a la hora de conceder los días de licencia. Cuentan que se enojó cuando leyó en la publicación local «El Eco» de Carmelo que los empleados se manejan como un señor feudal pero en la asamblea los trabajadores cuentan como, sin recibo ni nada, Irurtia les hace préstamos de dinero y que los trabajadores no firman nada, pero que después Irurtia les descuenta arbitrariamente de a poco o todo junto cuando se le antoja. «Incluso una vez me descontó de la licencia», dijo uno de los trabajadores, y otro contó cómo le había descontado en un mes los $ 3 mil que había pedido. «Ese mes gané $ 3.035, así que me fui para casa con 35 pesos para todo el mes», dijo.

Tampoco les incluyó el incremento del 5,24% de julio a diciembre de 2006 y no reconoce la diferencia que existe entre los $ 169 que debe cobrar el peón común y $ 189 el que es especializado.

Los trabajadores entregaron a LA REPUBLICA un recibo con lo que ellos cobran y uno con lo que se paga en otra bodega. «Ven claramente la diferencia, ellos están categorizados, nosotros somos todos empleados comunes aunque algunos tienen más de 20 años trabajando», dicen. «Ellos cobran $ 1.248 más por alimentación y vivienda. Nosotros no», explican. «Fíjate que el sueldo promedio anda en los 3 mil y pico, cuatro mil pesos. La mayor parte tiene familia, es decir que son menos de 1.000 pesos por semana. La semana que llega el recibo de la luz esa familia no come», ejemplifican los obreros del vino. «Ni te digo nada si tienen que pagar alquiler».

El conflicto no estalla ahora sino que desde hace tiempo vienen reuniéndose y hasta buscaron la negociación en el Ministerio de Trabajo. «Se comprometieron a negociar y no lo hicieron, por eso estamos donde estamos», explican.

Ahora los aprietan para que no hagan reclamos gremiales ni concurran a la prensa. «Nos dicen que nos van a mandar a todos al Seguro de Paro y que van a cerrar», cuenta uno de los empleados. Pero como los trabajadores ya no dan más, y están cansados del ninguneo que provoca la explotación, ya no se callan. «Estamos todos unidos y sólo pedimos lo que nos corresponde», dicen.

Abel Leira, presidente de la comisión gremial que se formó en la bodega, señaló a LA REPUBLICA que «de poco sirven tantas medallas de oro, cuando al final de la vida se encuentran con la gente de todos los días que no puede sostener una familia decorosamente. Y no es porque la industria no sea rentable ya que ejemplos sobran en la zona para probarle que algo se puede mejorar», dice. «Hoy nos ha apretado o sentenciado, que si seguimos vamos a pagar las consecuencias los agremiados y los no agremiados, pero la gente se hartó de tanta injusticia y no nos van a amedrentar», agregó un trabajador. La opinión generalizada de la asamblea muestra que esa posición tiene el respaldo mayoritario.

 

Silvina Amuz: «No estamos en la época de las cavernas»

Silvina Amuz es secretaria del Sindicato de Maltería Uruguay, un gremio que desde hace 14 años funciona regulando la actividad laboral de la empresa radicada en Nueva Palmira. «Estamos cerca y nos preocupa la situación laboral de las empresas vecinas, sobre todo en una situación de cambio en donde se puede ver que hay ciertas cosas, ciertos procedimientos que quedaron vetustos, obsoletos, y que hay que modificarlos». Agregó que «no se reclama nada raro, quieren seguridad, sobre todo en la parte de vestimenta, protección personal, trabajo con agroquímicos y una categorización justa del trabajo, que se pague lo que corresponde por lo que hacen» ya que se les paga a todos como peones, al barrer: todos hacen el trabajo de todos, pero todos están en la categoría laboral más baja», agregó Amuz. «No estamos trabajando en la época de las cavernas. Hay leyes que los patrones tienen que respetar porque tampoco se trata de reclamar por reclamar. Esto es lo justo», explicó la dirigente sindical.

Ahora el camino marca lo siguiente: «Vamos a ir al Sindicato de la Bebida para que ellos expongan su problema en persona y para que se interioricen de lo que ocurre en otras bodegas del resto del país, para que vean que hay otra realidad.

Si bien es cierto que estamos en el interior del país, no por eso vamos a desconocer una realidad nacional», dijo. *

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