Los cambios
Cuando ocurren cambios en el equipo de gobierno, son variadas e inevitables las especulaciones. Tenemos una cultura -¿podría llamársele política?- muy arraigada: desechar la versión oficial de los hechos. No por desconfianza, sino por una cierta zozobra del ánimo que impele a gastar tiempo e imaginación en construir variopintas interpretaciones.
Está pasando con la renuncia de Zaidensztat y el relevo de Carlos Viera.
No creo que valga la pena prestar atención a especulaciones ni a interpretaciones salidas de «un primo que trabaja con un muchacho que sabe, que a su vez es cuñado de un diputado que le cantó la justa a la mujer, que es la hermana del muchacho».
En cambio, aún me despierta cierto grado de curiosidad la visión que en este país hay de los cambios. Se sigue diciendo, cual aserto de cotidiana devoción, que acá cuesta cambiar o que las cosas pasan mucho tiempo más tarde que en el resto del mundo. En la política, en la economía, en el fútbol o en los talleres mecánicos.
Es famoso aquel cuento de los tres condenados a muerte a quienes se ofrece hacer realidad un último deseo: uno pide una noche con Angelina Jollie; otro pide una opípara cena; y el tercero pide que le dejen viajar a Uruguay. «¿Por qué?», le preguntan. Y él dice: «¿No es ahí que todo pasa veinte años después?».
Aceptando por un instante esta exageración absurda, deberíamos concluir en que el presidente Vázquez está adornado, además de otras condiciones, por el sonambulismo. Es decir, la aptitud estando dormido- para ejecutar funciones correspondientes a la vida de relación exterior. Dicho de modo más vulgar, no se distrae ni deja de tomar decisiones ni cuando sueña que Progreso se salvó del descenso.
Este sí es todo un cambio. No que el Presidente sea sonámbulo fue una metáfora con licencia humorística-, sino que ejerza el mando con rapidez, firmeza y sin hacer ninguna concesión.
Y ah, eso espero- debidamente aconsejado tras las necesarias consultas.
Compartí tu opinión con toda la comunidad