Cascarudos
Durante los últimos días, el país y la región han venido encajando una gran invasión de cascarudos, mosquitos (incluso del dengue), y fuertes temporales de viento, granizo y lluvia.
Entre esas tormentas, sin olvidar las eléctricas, sobrevino también la diplomática.
Movidos por misteriosas causas, como los cascarudos, nutridos y comilones cuerpos diplomáticos embalados en densos equipos de seguridad hollaron la región estibando medios de prensa y presidentes de un lado a otro.
Lula vino a Uruguay y volvió de apuro a Brasil en espera de Bush.
Bush aterrizó en San Pablo y, también de apuro, se vino para Anchorena, saliendo de prisa rumbo a otros lares latinoamericanos precedido y rodeado por su batería de cocina en aviones Galaxi y por tan grandes y también más chicas pero pintorescas manifestaciones populares de repudio (como las que soporta estoicamente en su propio país).
Chávez vino a Buenos Aires, firmó importantes acuerdos, hizo un acto contra Bush en la cancha de Ferro y se fue para las zonas inundadas de Bolivia a brindar ayuda y realizar otro acto contra Bush y las autoridades locales (que son de la oposición).
Evo Morales, que andaba por Japón, llegó a tiempo desde las antípodas para recibir a Chávez…
No deja de ser curioso, y tal vez sin precedentes, tanto ajetreo en el Cono Sur.
Chile y Paraguay lo miraron desde las tribunas pero no fueron ajenos.
Más allá de charamuscas y sitios comunes, lo grande, lo legible desde lejos y a simple vista, es la grave crisis energética por la que atraviesa el mundo.
Pocas horas antes Brasil por fin acordó con Bolivia (de flamante nacionalización de sus hidrocarburos) el nuevo precio que pagará por ellos. Buena noticia para los bolivianos y alza de los costos para la disconforme y protestante burguesía de San Pablo. Con todo, dicho precios casi quintuplicados no llegan al nivel de los internacionales: Brasil, Argentina y de rebote Chile y nosotros, seguimos pagándole barato la energía a Bolivia. ¡Cómo sería antes la cosa!
Chávez y Kitchner reafirman los acuerdos energéticos y la decisión de construir el gasoducto desde Venezuela a la Argentina pasando por Brasil. Y al mismo tiempo deciden construir sendas plantas de licuefacción y regasificación para transportar gas por barco.
La gran pregunta que se queda en el aire es: ¿el gasoducto pasará también por Uruguay?
Y otra de mayor cuantía: ¿la terminal portuaria de esos mastodontes marineros (y por ende las plantas de recepción) estarán en las aguas profundas de Uruguay?
Resulta además claro que más temprano que tarde también Paraguay reclamará a Brasil y Argentina un precio justo por su energía eléctrica y un drástico ajuste en la gigantesca deuda que mantiene con ellos por la construcción de las represas.
Paraguay es, sin petróleo ni gas por ahora, un país gran proveedor de energía a la región (su principal rubro de exportación). Concretamente eléctrica de fuentes hidráulicas. Tiene, además, enormes potencialidades hidroeléctricas sin explotar.
Su importancia energética es de tal porte que el precio de dicha energía en el mercado regional depende de los paupérrimos pagos que por ella recibe. En este caso más que en otros, de ajustarse con justicia dichos precios a niveles razonables, Paraguay tendrá grandes recursos y nosotros deberemos, inexorablemente, pagar por la electricidad que compramos en Argentina o en Brasil, cuando la compramos, mucho más de lo que pagamos hoy.
Lo hemos dicho hasta el cansancio: se acabó la Era de la energía barata. Se acabó en el mundo. Se acabó para todos.
A eso Paraguay le agrega ventajas incomparables para la producción de biocombustibles.
En materia de biodiesel disfruta de la envidiable palmera de coco: la más eficiente del mundo hasta hoy.
¡Las vueltas que da la vida!: en realidad tanto Bolivia como Paraguay, si no hay violencia de por medio, ni tampoco corrupción, pueden ser, ante la escasez creciente de los petróleos livianos, países ricos. De los más ricos de la zona en cifras per cápita. Feroces intereses sobrevuelan por lo tanto el altiplano y las selvas paraguayas.
¡Hay grandes cambios en el planeta y este es nada más que uno de ellos!: es obvio que debemos cambiar, también, las estrategias. Y de apuro.
Encima, y por si todo ello fuera poco, más allá de la hojarasca, más allá incluso de Bush como representante amortizado de los intereses del Imperio que ya lo dejó de lado, lo más estridente y grave de estos movimientos acuciosos que hemos presenciado por el barrio, es la ENERGIA y la propuesta que trajo al respecto. O, mejor dicho, la que le mandaron traer. La misma que Lula nos trajo pocos días antes y que Brasil firmó con los Estados Unidos pocos días después.
Ya lo dijimos hace mucho en estas mismas columnas (y en un libro): Brasil es la Arabia Saudita de los biocombustibles (en realidad basta verle el mapa y los contenidos del mapa para saberlo). Es, además, punta tecnológica mundial en la materia. Principal exportador del mundo (su principal cliente: EEUU).
Encima, y por si fura poco, no sólo uno de los Imperios sino varios se han citado para discutir el tema junto a países grandes consumidores o grandes productores (EEUU, Europa, Brasil, India, China…). No invitaron a la Argentina (que tiene una formidable producción mundial de maíz y el segundo complejo oleaginoso del planeta).
Hay un cuantioso viraje en el timón estratégico. Era muy previsible: tanto por el agotamiento de los petróleos livianos y por lo tanto baratos, cuanto por la contaminación insoportable. Se puede decir que «no había otro remedio».
Europa, en eso adelantada a los EEUU, hace ya mucho que lo produjo pero sin tener a mano las reservas territoriales necesarias.
EEUU, con su enorme tamaño y su gran producción de maíz viene girando en esa dirección abruptamente ocasionando de paso, como elefante en un bazar, duras consecuencias en los mercados agrícolas (es claro que su derrota en Irak y su empantanamiento en Afganistán tienen mucho que ver en este cambio). Pero con él solo no alcanza.
Es necesario que a la gigantesca y novedosa empresa energética se plieguen vastas zonas de América Central y del Sur, de Africa y, algunas de Asia. Es decir: de allí donde hay tierra y mano de obra disponible; y clima favorable.
La decisión estratégica es zafar cuanto antes de la exagerada dependencia de los hidrocarburos y otros combustibles fósiles (que aunque abunden como el carbón son altamente contaminantes).
Por eso, y nada más que por eso, Bush agrega que pugna por la eliminación de la pobreza en el planeta: los combustibles deberán ser «producidos».
Los biocombustibles generan fuentes de trabajo diseminadas en el campo (las plantas industriales automatizadas requieren poca mano de obra).
El viraje es, objetivamente, una mala noticia para los países petroleros.
Pero la verdad sea dicha: es evidente que la humanidad no tiene por el momento otra alternativa de peso salvo la nuclear (que también está reanudando su marcha).
EEUU reconoce demasiado tarde lo que era obvio desde hace ya muchos años. Incluso lo que expertos estadounidenses se cansaron de anunciar y exigir.
Vamos a un cambio civilizatorio que los veteranos no veremos pero que protagonizará y verá la juventud.
«Cosas veredes, Sancho» le decía el Quijote a su Escudero en épocas en las que la Historia no avanzaba a tanta velocidad.
El pasado 7 de febrero nuestro Senado aprobó casi por unanimidad el magnífico Proyecto de Ley de Agrocombustibles que en estas horas está transformándose en Ley.
No fue obra de una orden del Imperio sino que hasta llegó tarde, aunque nunca es tarde cuando la dicha es buena. Uruguay también va, a todo trapo, por ese rumbo. Y tiene, a su escala, enormes posibilidades. *
(*) Senador de la República. Escritor.
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